Indisciplina: el caos puede ordenarse

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   En Chile, aunque parezca insólito, un cuarto de cada hora de clases a alumnos de enseñanza media se pierde imponiendo disciplina. Así lo advirtió, tras un exhaustivo análisis, la comisión Brunner en 1994 y todo hace presumir que la situación se ha agravado desde entonces. En 1996, un profesor de Huechuraba sufrió en tec cerrado producto de una pedrada propinada por uno de sus alumnos y en Lo Galvarino una joven maestra era hostigada cada vez que intentaba pasar lista.

   Josefina Schencke
   Si bien estos casos son extremos y, por lo mismo, aislados, ellos se originaron a partir de una situación de caos disciplinario general que afecta a la educación en Chile. No por nada el Colegio de Profesores reconoció que la falta de disciplina compromete la salud de los pedagogos. El 90% del gremio sufre de estrés y la mitad de ese porcentaje está tan neurótico que ya no es capaz de dictar un clase. Docentes entrevistados — que prefirieron ocultar sus nombres para no perjudicar a las instituciones en las que enseñan —sostienen que sus colegas son incapaces de controlar a los muchachos, mientras los papás no encuentran modo de contener la rebelión. Y es que el asunto es generalizado. En Sheridan, Wyoming, Estados Unidos, dos jóvenes solían amedrentar a su profesor de español para lograr mejores calificaciones. Cuando el agredido se atrevió a reportar el chantaje, los muchachos se enseñaron con su mascota. Una mañana, la gata apareció decapitada en la terraza del maestro con un mensaje admonitorio: “What happend with your cat, may happen to you, rat!” (¡Lo que pasó con tu gata, puede pasarte a ti, rata!) Hechos de indisciplina, rebeldía y hasta matonaje como el consignado ocurren a diario en Europa y Norteamérica.

   Hablar claro y ser consecuente

   Debido a la importancia que se le ha dado al igualitarismo en todos los ámbitos de la sociedad —desde el político al educacional-, los adultos dudan de su derecho para someter a un niño o adolescente a las consecuencias de su comportamiento. Se tiene miedo a ser autoritario, lo que ha hecho difusa la figura de los padres y los adultos como autoridades dignas de respeto. “Hoy los padres se concentran en ser amigos de sus hijos, lo que sí no es malo, pero tienden a decidir todo según acuerdos y no imponen muchas reglas”, comenta una catedrática. La psicóloga y profesora universitaria Cecilia Araya explica que las familias pasaron del estilo autoritario-patriarcal -donde el padre decían- a un estilo muy poco claro. “Se adoptó un modelo demasiado permisivo, pero en cualquier parte se necesita alguien que mande. Una familia sana no es democrática, porque, por ejemplo, sería absurdo hacer una votación para determinar si la mentira dicha por un hijo está bien o mal . Cosas fundamentales como éstas simplemente no se discuten, sino que las deciden los padres. Pero hay mucho temor de disentir y poner limites”.

   Este “síndrome de la desubicación”, como lo llamó un profesor entrevistado, hace que los niños traten a los maestros como un igual, la autoridad, la edad del otro no es valor para muchos jóvenes. Existe una actitud de que “somos todos iguales”,” tú sabes más, pero me latea lo que dices”; “tú eres latero aunque seas sabio”, hay cosas más choras que el conocimiento, comenta Cecilia Araya.

   La psicóloga explica que existen elementos de comunicación que se pueden manejar para hacerse respetar como autoridad e imponer disciplina:

1.-Hablar clara y precisamente respecto a lo que se espera del otro y asegurarse de que el otro entendió lo dicho.

2.-Acompañar lo dicho con una gestualidad coherente. Por ejemplo, no reírse de algo que se dijo estaba mal ni actuar según el estado de ánimo. (Y cumplir siempre con lo expuesto en 1).

3.-Oír a los alumnos. Al final del año consultar qué se puede hacer para mejorar la clase. Siempre se sacan buenas ideas porque los chiquillos son muy creativos.

   Por último, todos coinciden en que nunca se debe amenazar con llamar al inspector o a otra autoridad para que ponga orden, porque es como reconocer la incapacidad de imponer disciplina y se hipoteca automáticamente la autoridad del profesor frente a la clase.

   Escasa motivación

   Todos los profesores entrevistados coinciden en que el desinterés por aprender y la falta de motivación hacia el estudio son dos problemas bastantes generalizados en todos los cursos. “El colegio mantiene sus exigencias, pero lo que eran exigencias normales hace 40 años se han vuelto desmesuradas por la ignorancia y desinterés con que enfrentan los muchachos cualquier materia. Hoy nadie lee, entonces el tránsito desde la televisión a “El Quijote”, es mucho más brusco que lo que era pasar de “Simbad, el marino” a “El Quijote”, comento un profesor de cuarto medio de un colegio santiaguino.

   Lo mismo sucede en el primer año de la universidad. Una catedrática de un establecimiento privado comenta que muchos jóvenes entran muy desmotivados porque no fueron admitidos en las universidades tradicionales. Esto conlleva un grave problema de autoestima que los conduce hacia la desmotivación: “Como están bajo el estrato de los 700 puntos en la PAA, se sienten mediocres y hacen todo con desgano y lata. Así, caen en el facilismo, la flojera, la apatía y la displicencia”. Al respecto, los docentes consideran que existen dos manera de motivar a los jóvenes:

1.-conversando con ellos y explicándoles la importancia de la educación como modo de convertirse en seres humanos más íntegros y como herramienta para comprender el mundo.

2.-Hacerles ver el privilegio que significa acceder a la educación, y con más razón si ésta es universitaria. Sensibilizarlos con respecto a la oportunidad maravillosa de estudiar una carrera y ser profesionales, lo que a veces se olvida por la vasta oferta de universidades.

3.-Muchos alumnos sólo se interesan por aquellas materias o lecturas que tienen una utilidad especifica, como sacarse una buena nota. Este pragmatismo que busca siempre el “para que”, y no el “por que”, puede combatirse estimulando la curiosidad, la inquietud intelectual, el valor de las cosas que no se transan en el mercado ni sirven para comprar nada.

   Mostrarse estricto o abrirse al diálogo

   “Mi primera clase fue traumática. La mitad del curso escuchaba lo que yo decía. La otra mitad, replegada al final de la clase, cuchicheaba, se reía, dos o tres personas dormitaban, otros estaban concentrados a un walkman”, contó un profesor universitario con seis años de la docencia.

   Como él, todos afirman que el principal problema de los jóvenes de enseñanza media y primeros años de la universidad es su incapacidad de estar callados y tranquilos. “Muchos son hiperquinéticos, no se concentran. Les es difícil seguir un discurso abstracto porque se distraen fácilmente y algunos tienes serias dificultades para tomar apuntes”, relata una profesora.

1.-Para luchar contra la inmadurez de los alumnos, a veces se los debe tratar un poco como niños. Un método utilizado en los últimos años de colegio en los de universidad es disponer que las calificaciones del curso estén estrechamente ligadas a la disciplina. Ser drásticos duros. Por ejemplo, al final de cada clase, llamar a los más inquietos y asignar trabajos para ser evaluados la próxima clase.

2.-A veces algo inquieta a los alumnos, como algún problema administrativo o la preocupación por una prueba. Cuando se perciba esta inquietud generalizada, es bueno proponerles que conversen entre ellos diez minutos y después discutir el problema. Darles un espacio para que expresen sus preocupaciones y así comenzar la clase con los alumnos más tranquilos.

   Premiar más que castigar

   “Para muchos alumnos, ser disciplinado, ordenado o interesado por la materia es como ser ganso. Lo mejor es “no estar ni ahí”, ser contestatario por niñerías como cambiar una prueba o pedir que se lea menos en el curso”, comenta una profesora universitaria. Cuenta, además ,que existe un porcentaje nada despreciable de alumnos que nivelan hacia abajo, haciendo que a los mejores, les dé “vergüenza” ser aplicados.

   Para combatir esta displicencia, los docentes recomiendan:

1.-Utilizar más premios que castigos. Beneficiar académicamente al alumno que manifieste interés y participe en clases de manera constructiva.

2.-Nunca hablarles en tono de sermón o discurso, sino intentar ganarse a los más aplicados y no tomar en cuenta las niñerías de los “lideres
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