Ellos y ellas no aprenden igual

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   Durante los últimos treinta años, el sistema educativo ha estado dominado por la idea de que la mejor manera de favorecer la igualdad de sexos era implantar la coeducación universal. Leonard Sax, médico y psicólogo estadounidense, señala que las diferencias de género son importantes, en una entrevista para el diario canadiense “National Post” (24 ebrero 2005).

   Sax acaba de publicar “Why Gender Matters: What Parents and Teachers Need to Know About the Emerging Education”, donde muestra los últimos hallazgos científicos sobre diferencias de género –muy sorprendentes, en algunos casos– y la ignorancia al respecto en el mundo educativo.

   En muchos colegios de Estados Unidos, los profesores envían notas a los padres para que un médico evalúe el posible trastorno por déficit de atención de los niños. Desde hace más de diez años, Leonard Sax ha asistido a esa escena cientos de veces, con niños de 6 y 7 años. Sin embargo, concluye que muchas veces no es problema del niño sino de que los profesores han renunciado a aceptar las diferencias naturales de género. De manera que no son capaces de reconocer las diferencias entre chicos y chicas, demostradas ya científicamente, de agudeza auditiva o de desarrollo cognitivo, ni saben por qué hay diferencias en la expresión de sentimientos, en qué ambiente aprenden mejor unos y otras, etc.

   Como fruto de sus investigaciones, pero sobre todo de su experiencia profesional, Sax ha publicado numerosos artículos sobre las diferencias de género y el profundo desconocimiento que reina en la escuela estadounidense. También se han convertido en defensor de la enseñanza diferenciada a través de la National Association fon Single Sex Public Education, aunque afirma que el problema no es solo educativo. La prueba es que los últimos treinta años han estado monopolizados por la idea de que si se enseñan a chicos y chicas las mismas materias, a la misma edad y de las misma forma, las diferencias desaparecerán. El paradójico resultado es que muchos estereotipos se han reforzado.

   Sax sugiere en su último libro que los educadores han hecho una virtud de no tener en cuenta las diferencias de género, pero insiste en que hay muchos más aspectos además del educativo. Por ejemplo, señala en la entrevista, “uno de los capítulos más largos de mi libro se refiere a las diferencias en el consumo de drogas entre chicos y chicas. Se ha demostrado que un anuncio antidroga que disuade con eficacia a las chicas, anima a los chicos.

   Así, los anuncios que se centran en los peligros cerebrales son eficaces para las chicas porque temen arruinar su cerebro. Sin embargo, el tipo de chico al que le gusta exponerse a riesgos –que es precisamente quien tiene más peligro de consumir drogas– piensa: ‘Hey, las drogas fríen el cerebro. ¿Dónde puedo conseguirlas?’.

   El gobierno de Estados Unidos anunció hace dos años que la campaña de cinco años de duración –que costó 900 millones de dólares– para disuadir a los jóvenes del consumo de drogas había sido un completo fracaso. Los chicos que veían el anuncio eran más propensos a consumir drogas que quienes no lo veían.

   De la misma forma, las chicas que fuman a menudo dicen que lo hacen para perder peso. Los chicos casi nunca dicen algo parecido. Hablar con las chicas de los riesgos del tabaco no tiene efecto a menos que centremos la atención en el peso. Suelo decir a las madres que hagan un pacto con sus hijas: ‘te pago la cuota de un gimnasio a condición de que no fumes’.

   También hay grandes diferencias entre chicos y chicas –señala Sax– en la actividad sexual. “La autoestima alta reduce las probabilidades de que las adolescentes tengan relaciones sexuales, pero las incrementa en los chicos. (…) Como se ve, hay mucho más allá del simple ángulo educativo”.

   La entrevistadora pregunta si las chicas son más emotivas: “No. La mayoría de las chicas articulan más sus emociones que la mayoría de los chicos, pero si se mide la emotividad por otros aspectos –más allá de su expresión verbal–, la conclusión es que los chicos son a menudo más emotivos que las chicas.

   Asimismo, los chicos no están naturalmente mejor dotados para las matemáticas y las ciencias que las chicas. Las chicas pueden conseguir los mismos o mejores resultados que los chicos en esas materias si los profesores saben cómo enseñárselas. Y las chicas tampoco están naturalmente mejor dotadas para el arte, la música o la escritura creativa que los chicos. Depende de que los profesores conozcan algunas técnicas para enseñárselas específicamente para que consigan iguales o mejores resultados que las chicas”.

   A cada sexo, su método pedagógico

   Si se pide a un niño o a una niña que hagan algo que exige un desarrollo que aún no han alcanzado lo primero que harán será fallar y lo segundo, desarrollar aversión hacia ello. Así, a los 12 años, nos encontramos con niñas que detestan las ciencias y niños a los que no les gusta leer. Para muchos, ya no hay marcha atrás.

   El libro explica algunas diferencias sorprendentes en el desarrollo cerebral de chicos y chicas, en la capacidad auditiva, en cómo está integrado el cerebro, en la reacción al estrés, etc.

   El autor se centra en esta última peculiaridad en la entrevista: “Hay demostraciones científicas que avalan que el uso de cierta tensión ayuda a los chicos a aprender, pero no a las chicas. Esto no solo tiene implicaciones en clase sino también en el hogar.

   Pensemos en cómo los padres corrigen a sus hijos. La mayoría de los ‘expertos educativos’ aconsejan a los padres la técnica conocida como ‘inducción’, que consiste en plantearse ‘¿cómo me sentiría yo si alguien me hiciera esto?’. Este método funciona bien con las chicas pero es un completo error con los chicos. Con ellos es más eficaz cierta confrontación, siempre que se haga de manera cariñosa. Incidentalmente, también sirve en clase”.

   Diferencias de visión

   El dibujo es otro tema interesante. Abro ese capítulo con un estudio de la Universidad de Cambridge en recién nacidos de menos de 24 horas. Les ofrecían mirar a un lado de la cuna una cara humana y al otro lado un objeto sonoro en movimiento. Las niñas miraban la cara y los niños el objeto.

   La explicación de fondo es que el sistema visual, comenzando por la retina, está integrado de forma diferente en los chicos y chicas. En las chicas, el sistema visual deriva de las células P de la retina, diseñadas para detectar el color y la textura. En los chicos, las células M, que están diseñadas para detectar movimiento y velocidad, predominan en la retina.

   Como resultado, las chicas dibujan sustantivos y los chicos, verbos. Así, una niña de cinco años delante de un papel en blanco y una caja de lápices de colores dibuja personas, animales domésticos o flores, y utiliza diez o más colores, con predominio del rojo, naranja, amarillo, verde, beige y castaño. Un niño de la misma edad dibujará acciones, como un cohete estrellándose en un planeta, un extraterrestre devorando a un animal o un impacto entre dos coches, y usará pocos colores, con predominio del negro, gris, plata y azul.

   Las profesoras de preescolar ignoran estas diferencias. Nadie les ha hablado de células P y M. La consecuencia de este desconocimiento es que, irónicamente, se acaban reforzando los estereotipos. Al cabo de un año, en un jardín de infancia mixto, los chicos dirán: ‘dibujar es de niñas’. En uno solo para chicos, seguirían disfrutando de sus dibujos”.
   Con la autorización de: www.aceprensa.com

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