Descifrar las claves

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    Ortega y Gasset decía que no hay nada más fácil que escribir sobre algo un buen montón de folios, pero que, hablando de un tema concreto, escribir uno, uno sólo, precisando bien las cosas, a veces parece casi imposible.

    Algo parecido podría decirse de la vida sentimental. Es una realidad compleja y escurridiza, nada fácil de explicar de modo sencillo. Algunos sentimientos surgen en una situación bien concreta y conocida: sentimos admiración, miedo, o ira, ante determinadas personas o sucesos, y comprendemos con claridad lo que nos sucede. Pero ante muchos otros, no siempre encontramos un desencadenante claro: nos podemos encontrar tristes, irritados o cansados, sin saber bien por qué. Y ante esos sentimientos, nos gustaría poder cambiarlos, y disipar de un plumazo la vergüenza, la ira, la angustia o el aburrimiento, pero vemos que no resulta sencillo.

    Como ha escrito José Antonio Marina, el estado emocional es como un resultado consciente de acontecimientos de los que no siempre somos plenamente conscientes, y algunos de ellos son simplemente biológicos.

Nuestros sentimientos son como
un
lenguaje cifrado
que expresa cuál es
la textura de nuestro corazón.

    Estudiando esas resonancias afectivas podemos descifrar las claves de nuestra vida afectiva. Nos gustaría poder responder a la pregunta, en la que tanto nos va en la vida: ¿por qué siento yo lo que siento?, ¿por qué esa otra persona siente lo que siente?

    Vemos que un mismo estímulo produce sentimientos distintos a distintas personas. El estilo afectivo es el resultado de elementos dispares provenientes de la genética individual y la historia personal. Y en este último ingrediente, nunca puede olvidarse el papel de la libertad individual como gran configurador de la propia persona.

    Autores de nuestra propia biografía

    Vivir es parecido a escribir una novela. En la novela, el autor va, frase a frase, perfilando los personajes, el argumento, el estilo; y en cada instante tiene que decidir la palabra que escribe a continuación, que sin duda viene condicionada por todas las que ha escrito antes. En la construcción de la propia vida, hay también un constante encuentro entre la inercia de todo lo que ha habido anteriormente y el empeño por conducir lo que viene después.

    Igual que el lenguaje al novelista, la naturaleza impone a nuestra vida unas reglas y unas estructuras que hemos de aceptar. Pero si nos limitáramos a seguir sin más sus rutinas, caeríamos en un automatismo acartonado. Mantener un buen estilo –tanto en el escribir como en el vivir– es siempre un equilibrio entre aceptar lo que nos viene dado y al tiempo aportar creatividad personal.

    —Pero a veces nos sentimos poco autores de nuestra propia biografía, y vemos nuestra vida muy determinada por el azar, por los impulsos del propio temperamento, o por las circunstancias de nuestro entorno y tantas coyunturas impuestas que dejan poco sitio a nuestra libertad personal.

    Reconocerse como autor de la propia vida, aunque a veces el determinismo o el azar parezcan querer guiarnos como a una marioneta, es algo asequible. Sólo los humanos podemos (siempre relativamente, desde luego) romper con las supuestas fatalidades de nuestro origen y nuestro entorno, en vez de resignarnos sumisamente a ellas. Podemos compensar las deficiencias de nacimiento con elecciones propias que nos eleven por encima de lo rutinariamente previsible. Por eso se ha dicho que la educación es, en cierto modo, un intento de rescatar al hombre de la fatalidad zoológica o de la limitación agobiante de la mera experiencia personal, para impulsarle por un camino de libertad plenamente humana.

    Es preciso poner esfuerzo en sacudirse la inercia, mantener a pulso la libertad, nadar contracorriente siempre que haga falta, y reírse de lo que deba uno reírse pero tomarse muy en serio las cosas serias. El ser humano puede elegir lo que quiere aprender, adquirir voluntariamente determinadas capacidades, intervenir en el flujo de información que le llega, decidir sobre su comportamiento: en definitiva, puede decidir cómo quiere ser.

    Cuando se es joven, generalmente se piensa poco en esto. Pero cuando pasan los años, es más fácil ver que el camino recorrido es como una senda llena de bifurcaciones, de flechas que señalan direcciones diferentes. Tomamos algunos de esos desvíos casi sin darnos cuenta, otros ni siquiera los vimos, y tampoco sabemos bien adónde nos habrían llevado esos otros que dejamos de lado, si a un sitio mejor o peor, aunque muchas veces es fácil de imaginar. Cada vez que llegamos a un desvío, en la decisión de pasar de largo o tomarlo, a menudo está en juego mucho.

La vida se desarrolla
entre una sucesión
de continuas decisiones.

    No se trata de añorar las posibilidades de cada camino lateral que dejamos de tomar, pero sí de avanzar por nuestro camino con los ojos bien abiertos, para no equivocarnos.

    Podríamos concluir, con Schumacher, que el futuro está siempre haciéndose, pero que se hace principalmente con el material ya existente. Nuestro porvenir está vertebrado por esa fuerza misteriosa y rebelde que es la libertad creadora del hombre.

El futuro no es inexorable,
el futuro está
entretejido de libertad.

    Alfonso Aguiló. Con la autorización de:  www.interrogantes.net

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One Response to Descifrar las claves

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