Para aprender de los errores de las reformas educativas

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   El presidente George Bush ha anunciado una serie de medidas para intentar elevar el nivel de calidad de la escuela pública. En el país más poderoso del mundo, la escuela es un eslabón débil. Pero también en el conjunto de Occidente se tiene la impresión de que la escuela no está cumpliendo su cometido. Analizando la experiencia sueca, que ha sido modelo para sucesivas reformas educativas promovidas por partidos socialistas europeos, Inger Enkvist se plantea en La educación en peligro (1) los motivos de este deterioro de la calidad de enseñanza.


   Inger Enkvist es doctora de Letras por la Universidad de Goteborg (Suecia) y en la actualidad ocupa la Cátedra de Español en la Universidad de Lund. También ha publicado múltiples obras sobre pedagogía. La educación en peligrose basa en experiencias propias en la enseñanza en el nivel superior de la primaria, la secundaria, la escuela de adultos y la universidad, así como en años de conversación con docentes y visitas a escuelas tanto de Suecia como de otros países.
   Con su libro, la autora quiere llamar la atención sobre las ideas que están detrás de los cambios introducidos en la enseñanza sueca a partir de 1970 y que han provocado de manera paulatina el desprestigio de un sistema que siempre fue un orgullo para sus habitantes. Sus críticas se dirigen a los gobernantes que, con el encomiable deseo de combatir las desigualdades sociales de origen y extender la democracia a la escuela, han desvirtuado el sentido de la educación. Pero la experiencia de Suecia es extensible también a otros países, que durante muchos años han imitado las reformas pedagógicas suecas. Y, de hecho, el libro contiene abundantes referencias a otros países.   Una imagen romántica del niño

   Inger Enkvist comienza su análisis describiendo la visión del ser humano que hay detrás de las tendencias pedagógicas que han revolucionado la educación durante el siglo XX. Predomina una imagen romántico-roussoniana según la cual los niños son creadores por naturaleza, mientras que la sociedad (y la escuela tradicional) destruyen esta capacidad innata. La enseñanza actual debería educar sin imposiciones de ningún tipo, dejando que sea el alumno el que, a su ritmo, desarrolle sus intereses y sus habilidades.

   Para Enkvist, “lo curioso de los famosos pedagogos del siglo XX es que la mayoría son románticos y no son amigos de la escuela, de la lectura o de los profesores. Tampoco tienen mucho que decir sobre por qué se debe aprender algo. En lugar de esto, hablan de qué método se debe usar para aprender”. Inger Enkvist se muestra radicalmente crítica con algunas de las ideas que han ido quedando de estos teóricos, entre los que incluye a John Dewey, Jean Piaget, Freinet, Paulo Freire… En su libro recoge qué aportaciones de cada autor han pasado a formar parte de la pedagogía que sustenta las reformas educativas del modelo sueco.

   La intocable autonomía del alumno

   Las críticas más fuertes de la autora están dirigidas a la insistencia en la autonomía de los alumnos y al predominio de las tecnologías de la información.

   Si la autonomía de los alumnos es intocable, estos acaban por rebajar los objetivos educativos, adaptándolos a su antojo. Quizá esta inclinación por el ritmo subjetivo y la falta de exigencia esté en la raíz del creciente descenso del nivel de conocimientos. Algunos teóricos disfrazan esta caída en picado de la pedagogía de los contenidos como adaptación a los nuevos cambios sociales. Como cada alumno es autónomo y debe llevar su propio ritmo de aprendizaje, no tiene sentido imponer ni calificaciones ni recuperaciones, algo que se considera una perniciosa secuela de los sistemas educativos tradicionales.

   El alumno se confecciona así un menú educativo a la carta, eligiendo lo más apropiado para sus gustos e intereses. Esto, que parece el máximo ejemplo de libertad, es un craso error pedagógico, afirma Enkvist, pues se le está dando a los alumnos una serie de facultades para las que no están preparados: los alumnos ni tienen libertad para elegir lo mejor (lo confunden con lo más fácil), ni saben todavía comportarse de manera independiente (pues no han desarrollado de manera suficiente su carácter): “Cuando permitimos a los alumnos elegir lo que van a estudiar, es decir, también elegir el disminuir la cantidad de lo que aprenden, en realidad creamos un nuevo proletariado de jóvenes que han sido distraídos pero que no saben nada y no tienen base alguna para el desarrollo posterior”. Con esta manera de actuar, “dejamos estancados a los alumnos provenientes de ambientes culturalmente pobres, ya que la escuela era la única posibilidad de contacto con la literatura, la historia y el arte para ese grupo. Así, los animamos a una forma de vida no reflexiva, dispersa y consumista; en resumen, a que se dejen distraer. Los invitamos a la pereza intelectual y sentimental, no a la libertad”. Y como la escuela ya no presenta modelos de vida, los alumnos se los buscan por su cuenta “y los encuentran en otros planos donde dominan los intereses comerciales”. En este sentido, la autora coincide en su análisis con el de la académica francesa Jacqueline de Romilly en su libro El tesoro de los saberes olvidados Recuperar aspectos olvidados

   Aunque Inger Enkvist no añora una idílica escuela de otros tiempos, propone recuperar algunos aspectos olvidados, que siguen siendo fundamentales en la enseñanza. Entre ellos:

   — No confundir pensamiento con información. “Algunas personas no han entendido que no podemos pensar sin ideas y que para buscar información debemos tener primero una idea de lo que queremos encontrar”. El tiempo escolar debe estar más volcado a desarrollar el pensamiento: “No es información lo que necesitamos, sino entender el mundo”.

   — Recuperar el lugar de la memoria dentro de los procesos de aprendizaje. “Cuando se habla de la memoria en el contexto escolar –escribe Enkvist–, lo cual casi nunca se hace, es para decir que no se necesita aprender detalles (…), sino que es suficiente con saber cómo buscar la información”. Sin embargo, “la subvaloración de la memoria ha influido en la manera en la que la adquisición del conocimiento se controla en la escuela. Puesto que se menosprecia la memoria, ha sido también despreciable mostrar el contenido de esa memoria, por ejemplo, en las pruebas escritas”.

   — Defender la importancia de la lectura. Para Enkvist, “la falta de entrenamiento de lectura y de escritura lleva a una infantilización de los jóvenes; los alumnos no desarrollan hábitos de trabajo intelectual”. El entrenamiento idiomático es la base para la construcción de todo un sistema de aprendizaje, infravalorado en la actualidad pero que no ha sido sustituido por nada.

   — Lograr la sintonía entre la escuela y los padres. En este sentido, la situación en Suecia es un tanto especial, pues durante años ha funcionado un discurso que presentaba a la familia como un obstáculo para el desarrollo del individuo. Muchos padres de hoy ni tienen confianza en sí mismos ni saben cuáles son sus responsabilidades. Para ayudarles a desempeñar sus tareas, están proliferando en Suecia las “Escuelas de Padres”.(1) Inger Enkvist. La educación en peligro. Grupo Unisón Ediciones. Madrid (2000). 298 págs. 2.200 ptas. De esta misma editorial puede consultarse su página web, dedicada a asuntos educativos.
   Adolfo Torrecilla. Con la autorización de: www.aceprensa.com

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