El cerebro y la educación

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   El descubrimiento del cerebro en la educación ha sido uno de los grandes avances de la Pedagogía en la última década. Ocurre que a veces los hijos no aprenden, no se portan bien, no adquieren hábitos… porque no pueden, en vez de porque no quieren. Hay chicos y chicas que no han conseguido crear los caminos, lanzar los cables necesarios entre sus neuronas que les permitan adquirir los conocimientos. De todo esto hablamos con María Teresa Aldrete de Ramos, investigadora en Neuropsicología del Aprendizaje.

   Cada vez que María Teresa Aldrete viene a España desde su México natal no invierte su tiempo, precisamente, en hacer turismo. Clases, conferencias y entrevistas llenan su jornada. Desde dar un curso a profesionales sobre Neuropsicología del aprendizaje, hasta ganar un accésit al primer Premio Centros Familiares de Enseñanza a la Innovación e Investigación Pedagógica, pasando por decenas de reuniones y entrevistas con padres de alumnos que tenían problemas de aprendizaje… 

   Usted ha afirmado que nos encontramos en la década del cerebro. 

   Así es, nos encontramos en la década del cerebro. El mayor descubrimiento pedagógico de los últimos 10 años consiste en aplicar la Neuropsicología a la educación. ¿Qué le pasa a este niño que no quiere aprender, que no quiere trabajar? Quizá tenga que ver con el cerebro. Esto es un gran descubrimiento. Yo siempre he sido aficionada a la filosofía toda mi vida, de hecho soy licenciada, y he estudiado profundamente la Teoría del Conocimiento y la Metafísica. Cuando me di cuenta que la teoría de los sentidos internos y externos conectaba perfectamente, sin incongruencias, con los avances en Neuropsicología, me sorprendió y fue un auténtico detonador para mis investigaciones. Si lo dicen Santo Tomás, Aristóteles y los nuevos científicos (que no saben de filosofía) es que, por diferentes caminos, se ha llegado a lo mismo. 

   Pero en educación se forma la… 
   …personalidad de los niños, no sólo se desarrolla su inteligencia, ¿no? Efectivamente, hay que tener en cuenta que la persona humana es un compuesto de alma espiritual y racional (cuyas facultades son la inteligencia y la voluntad), y de cuerpo material y sensible; la educación debe tener en cuenta estos dos componentes esenciales del hombre. Pero la parte física del hombre es el soporte para sus facultades más elevadas, de ahí su importancia y la necesidad de que padres y educadores posean ciertos conocimientos de la base orgánica que es el cerebro. Así, la educación ha de potenciar el desarrollo de la persona no solamente desde el punto de vista espiritual, sino que ha de propiciar también la óptima organización y desarrollo del cerebro. 

   ¿Cómo influye el conocimiento del cerebro en la educación? 

   Sabemos que cuando se produce un estimulo en el cerebro, el impulso pasa a través de las conexiones de las neuronas. Algunas de estas conexiones ofrecen poca resistencia y la tendencia natural del impulso es cruzar por ese lugar, determinando su curso. Cuanto más frecuentemente se utiliza una senda o camino entre neuronas, más débil se va haciendo la resistencia. Es decir, el cerebro se desarrolla más mientras más se usa. Esta teoría constituye la base fisiológica del aprendizaje: los caminos formados en el cerebro, los microsurcos, favorecen la formación de los hábitos.

   Por ejemplo, algunos autores relacionan sus experiencias sobre la privación del gateo y otros movimientos en los bebés de la selva amazónica y africana con el desarrollo alcanzado por esos grupos étnicos, que no supera el alcanzado en la edad de piedra. Así, no extraña que se afirme que el hombre es un ser de hábitos; ¿cuál es su relación con la educación?

   Sin hábitos el hombre no podría aprender, tampoco podría haber progreso pues todo lo que hace depende, en cierto sentido, de lo que hizo anteriormente. Tanto las acciones sencillas y ordinarias (andar, leer, escribir) como las funciones más altas y complejas como pensar y juzgar tienen que ver con los hábitos. Por tanto, la educación, en gran parte, consiste en el proceso de formación de hábitos. Padres y educadores tienen una tarea muy significativa que es la formación de hábitos, y ésta constituye una de las finalidades principales de la educación.

   El hábito implica una facilidad permanente para la realización de actos. Hace que la actividad sea más rápida, fácil y precisa y por tanto tiende a perfeccionar la ejecución del acto. A la vez que aminora la fatiga, simplifica el movimiento, facilita las reacciones, las hace funcionar más efectivamente, produce economía mental y disminuye la atención consciente con que se ejecutan los actos.

   ¿Qué labor ocupa la formación de hábitos de la inteligencia?
   La labor de la formación de la inteligencia es de primerísima importancia y está muy ligada a la enseñanza. Algunos chicos no necesitan estudiar y adquirir unos conocimientos. Necesitan ejercitar y desarrollar una serie de operaciones, aptitudes y habilidades intelectuales que les lleven a manejarse en el terreno de lo abstracto con precisión, profundidad y agilidad.

   El maestro juega un papel muy importante, y debe saber cómo desarrollar algunas funciones mentales, el pensamiento verbal y matemático, habilidad en la lectura de rapidez, operaciones de cálculo, etc., ya que son necesarias para el aprovechamiento académico, y para tener una inteligencia ágil.

   ¿Cuáles son los estorbos que pueden llegar a impedir el aprendizaje? 

   A un chico puede costarle mucho realizar cierta acción porque quizá, desde pequeño, no ha desarrollado los hábitos oportunos (según sus períodos sensitivos). Todos rehuimos aquello que nos cuesta más trabajo. Puede que le cueste simplemente mover los ojos y mirar a la pizarra… Además, su compañero bromea con él y le distrae. Consecuencia: no presta atención, pierde el hilo de la clase y al final atiende menos la siguiente clase produciéndose un círculo vicioso que tiene su inicio en un defecto físico y neurológico: no aprende porque sus ojos no pueden prestar la atención suficiente.

   Cada vez se dan más los problemas de aprendizaje en la familia y en la escuela. Padres y profesores me dicen que sus hijos no aprenden, que les cuesta prestar atención, que son un fracaso… Pero yo siempre les hago una pregunta: no quieren aprender, ¿porque no pueden?; o no pueden, ¿porque no quieren? En algunas ocasiones pueden existir ciertos estorbos para el aprendizaje relacionados con la organización del cerebro. No todos los chicos tienen la capacidad para aprender.
   Con la autorización de: www.edufam.com

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