La dignidad humana

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   El Tratado de la Constitución Europea recoge en su Artículo II-61, el mismo texto referido al concepto de dignidad humana que apareció por primera vez como derecho público internacional, en el Artículo 1º de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, que fue aprobada en Niza el 7 de Diciembre de 2000. Dice así: “La dignidad humana es inviolable. Será respetada y protegida”.

   Es indudable, que la condición fundamental para que el texto de una Constitución democrática sea aceptada como Ley suprema general, por un conjunto de personas de una o varias naciones, que poseen distintas mentalidades, principios, costumbres y creencias, es que exprese generalidades, postulados, o ideas globales en la mayor parte de su articulado, al menos en todos aquellos artículos, que son o pueden ser conflictivos, los cuales se dejan a la futura interpretación del respectivo gobierno de turno, para concretarlos y llevarlos a la práctica, lo que implica la lucha política constante entre el gobierno y la oposición, en un tejer y destejer a la manera del mito de Penélope, que se produce cuando los partidos alcanzan el poder y se disponen a cambiar las leyes, decretos y disposiciones concretas que promulgó el anterior partido gobernante.

   El Artículo II-61 de la Constitución Europea al que se hace mención al principio, es fiel reflejo de lo que afirmo: su intención es noble, encomiable, y dada su falta de concreción, se puede entender de forma muy diversa, por lo que apenas compromete a nada. Este artículo parece querer referirse a la tortura física o psíquica que sufren las personas, lo que supone un flagrante atentado contra la dignidad humana del que la padece por cualquier motivo, sea éste político, militar o sencillamente la llamada violencia doméstica, o la violación sexual que suelen sufrir algunas mujeres.

   Pero hay muchos modos de entender la dignidad humana, según la mentalidad de cada época, cada sociedad, o cada persona. No obstante, pienso que se pueden hacer algunas consideraciones, para intentar comprender qué quieren decir los políticos, cuando hablan de dignidad humana, o qué deberían querer decir. Para ello, en primer lugar hay que preguntarse: ¿En qué consiste o qué es la dignidad humana?. Entiendo que la dignidad humana consiste esencialmente en el profundo respeto hacia sí mismo y hacia los demás. Evidentemente, si el ser humano comienza por no respetarse a sí mismo, y se auto-desprecia, no puede pretender poseer la dignidad necesaria para desenvolverse en sociedad con naturalidad, y mantener unas relaciones humanas plenas y respetuosas con otras personas. Por otra parte, un hombre que no sabe o no quiere respetar a los demás, se convierte en indigno de ser apreciado y respetado.

   Una exigencia fundamental de la dignidad humana es la responsabilidad. Sin ella, no es posible tampoco tener dignidad y que se la respeten a uno los demás. El ser humano debe ser plenamente responsable de sus obras y de sus actos, puesto que, a mayor responsabilidad, más dignidad se posee. Otra cosa es que todo ser humano sea digno de respeto por el hecho de ser persona, independientemente de su grado de responsabilidad, o de la situación de indigencia material o moral, en la que se encuentre. Por desgracia, hay casi infinitas maneras de perder la dignidad, que tienen que ver con las diversas vicisitudes que la vida humana nos presenta a cada uno, y ante las cuales debemos reaccionar adecuadamente, para no perderla.

   Aquí tiene lugar otra exigencia importante de la dignidad humana: la valentía. Una persona cobarde, que se deja vencer por el miedo y huye o no afronta el peligro, pierde el aprecio por sí misma y el de los que la conocen y se convierte también en indigna de ser respetada, de que se confíe en ella. El problema no consiste en no tener miedo, como a veces decimos, puesto que todos lo padecemos muchas veces, al enfrentarnos a cualquier situación que suponga peligro o dolor, sino de superarlo, haciendo el esfuerzo mental y voluntario que sea necesario.

   Otra exigencia necesaria para adquirir y conservar la dignidad humana, es la inclinación a buscar, amar y respetar la verdad. En efecto, una persona mentirosa, está destinada a perder la confianza, y la estima de los que la conocen, y a inspirar la indignidad que por su comportamiento se le atribuye. Naturalmente, su grado de indignidad, dependerá de la frecuencia e importancia de sus mentiras, pero deberá de cambiar de conducta, si quiere ganarse el aprecio y la confianza de los demás, para lograr ser digna de ese aprecio, y de esa confianza en sus relaciones.

   Ahora bien, con el ejercicio de las virtudes humanas en general, el ser humano crece en autoestima y en dignidad, y por el contrario, cuando para satisfacer el ego personal se prefieren los vicios a las virtudes, en la medida que esos vicios son peligrosos, importantes y reiterados, producen la indignidad y la pérdida de la autoestima hasta límites indefinidos. Pero no sólo los vicios provocan indignidad, sino también las acciones injustas e inmorales aisladas que realizamos en las relaciones con nuestros semejantes. Son acciones injustas y/o inmorales, el uso del preservativo, el aborto provocado, la infidelidad conyugal, la píldora anticonceptiva o abortiva, la práctica de la homosexualidad, la eutanasia, la fecundación in vitro, el robo, la estafa, la calumnia, la injuria, la infamia, el odio, el rencor, la envidia, la violación, la violencia doméstica y un largo etcétera.

   Lo sorprendente es que, los Gobiernos de los diversos Estados en Europa, están favoreciendo con sus leyes, muchas de estas acciones injustas e inmorales, que producen la indignidad de las personas, sin querer percatarse de ello, y sin que sientan la menor clase de vergüenza, y además justifiquen falazmente esas acciones por razones de humanidad, o por cualquier otra falsa consideración social. Esta actitud se puede llamar hipocresía, cuando se hace conscientemente, o bien frivolidad o ligereza cuando se lleva a cabo por desconocimiento. En cualquier caso, son nefastas actitudes humanas, que impiden el desarrollo digno de las personas y de la vida en sociedad, porque en lugar de proteger esa dignidad humana, necesaria para respetarse a sí mismo, provocan continuamente su indignidad, y con ella el egoísmo y la miseria moral y material.

   Hay que proclamarlo bien alto y con claridad: el uso del preservativo o cualquier forma de anticoncepción, provoca la indignidad de la persona que lo utiliza. La muerte provocada del embrión, o del feto en el seno de su madre, provoca en ésta, además de dolor por la pérdida del hijo que hubiera podido nacer, una gran indignidad, acompañada con sentimiento de culpa, con secuelas físicas y psíquicas de por vida. Por desgracia, hay demasiados Organismos internacionales y Asociaciones que fomentan la indignidad de las personas, y la Sociedad lo paga continuamente con el incremento de la violencia, la enfermedad y el asesinato y lo pagará cada vez más, si no se lucha contra esta moderna plaga de fomentadores hipócritas o frívolos de la indignidad humana.

   A este respecto, pienso que el citado Art. II-61 estaría más completo o mejor redactado si dijera: La dignidad humana es inviolable. Será respetada, protegida y fomentada, y se considerará delito cualquier clase de atentado que provoque la indignidad del ser humano.
   Roberto Grao Gracia

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3 Responses to La dignidad humana

  1. Juliana♥ dice:

    No ENTIENDO NADA DE ESTE TRABAJITO por favor repitanlo y agan algo util 🙂
    Graciias BESOS ♥

  2. aramo dice:

    Hola Juliana:
    En nuestra página web de Aplicaciones didácticas hay dos secciones que te pueden interesar:

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    Un cordial saludo de
    Arturo Ramo

  3. […] La dignidad humana Hay muchos modos de entender la dignidad humana, según la mentalidad de cada época, de cada sociedad o cada persona. […]

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