9. Continuidad en tutoría y otras consideraciones

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   Es importante que para llevar esto a buen término, convendría que los departamentos, llegasen a acuerdos, que garantizasen unos mínimos básicos comunes para todos. En modo alguno, se ha pretendido restar importancia, a la autoridad académica, que hoy son el motor y pieza esencial del funcionamiento de los institutos, cuando se han propuesto actividades varias, de los diferentes departamentos.

   Hemos querido subrayar la importancia del alumno, por encima de la materia, y seguimos pensando que toda actividad de los departamentos debe ir dirigida al servicio de todos los alumnos, para facilitarles aprendizajes más vitales, significativos y útiles.

   Se hace evidente que más de un 50% de alumnos, reciben hoy una respuesta pedagógica, plenamente satisfactoria, y con este grupo de alumnos, nada debe cambiar desde el planteamiento de los departamentos, y de la actual estructura organizativa y funcional de los IES.

   Hay también, otro casi 30%, a los que no parece que la respuesta educativa desde los departamentos les llegue.

   Esperemos que vaya bajando la cifra, en la medida que se vayan corrigiendo los problemas, que están pidiendo un cambio. Sería el 3º grupo, que demandaba continuidad en la tutoría, para que el tutor pudiese realmente influir en el grupo, o en la mayoría de ellos, sobre las normas, límites, pactos y acuerdos…

   Con el 2º grupo, también convendría esa continuidad tutorial, y del resto de equipo educativo, siempre y cuando los departamentos llegasen a acuerdos para flexibilizar sus actuales premisas, y se centrasen un poco más, en cómo lograr implicar a los muchos desmotivados, que no responden a los mismas exigencias del 1º grupo.

   En cualquiera de los tres grupos, la mayoría de las veces debemos confiar en las buenas relaciones, para inspirar y obtener de nuestros alumnos, el máximo esfuerzo. Para mantener buenas relaciones, hace falta más tiempo, para conocer bien al alumno y a los familiares. Muchos tutores, se quedan en los recreos, hablando con los alumnos, aclarando cuestiones, llegando a acuerdos con los padres, en presencia de sus hijos, firmando contratos a tres bandas, que buscan implicar más a los alumnos, en su propio proceso educativo…

   La pena es que esta excelente labor tutorial, se interrumpe cada año, al término del mismo, cuando empiezan a madurar los frutos, quedándose roto el proceso de acción tutorial, al no haber continuidad de los tutores con los alumnos, ni resto de equipo educativo. Estamos hartos de ver, como un alumno, que habíamos casi encauzado, trabajando en los recreos, o en la tutoría con la familia, al siguiente curso, les cambian todos los profesores, y vuelve el “mareo”, más de lo mismo…, vuelta a empezar.

   Esto no es operativo, ya que se desestima el conocimiento mutuo, los acuerdos previos, el factor humano, en la calidad de la relación educativa, lo que constituye un grave error, que se viene perpetuando en los Ies…

   Si queremos generar esperanza, de que su esfuerzo sirve, debemos respetar sus capacidades y transmitir con entusiasmo y alegría.

   Para generar esperanza, debemos asegurarnos que han adquirido las destrezas básicas, luego podremos plantearles retos que puedan dominar, ayudarles a programar sus propias metas, buscar acuerdos dentro del grupo, como la de ayudar a los que tienen más dificultades en el aprendizaje, en vez de burlarse de ellos; (lo que han hecho muchos maestros de pueblo, en las escuelas unitarias, que tenían varios niveles, donde los alumnos mayores, ayudaban a los menores, o “el que termina primero, ayuda a su compañero”…

   Este respeto ha de estar presente en todas nuestras interacciones, incluso cuando el alumno se niegue a trabajar al principio, dada su habitual resistencia. Poco a poco, lo iremos implicando pidiéndole opinión en la elaboración de las normas, incluso en la posibilidad de que ellos puedan dar una clase, les plantearemos alternativas, para que desarrolle su capacidad de elección y su responsabilidad, interesándonos por su situación personal, conseguiremos que se implique mucho más. Si vemos que se avanza, utilizaremos recompensas a corto plazo, como estímulo que nos permita seguir avanzando.

   También podemos reafirmar al alumno, con algo que se le dé bien. Nuestros elogios han de ser sinceros, siendo en todo caso amables. Podemos enviar notas de felicitaciones, a los padres, por algo que hayan hecho bien sus hijos, para sorprenderlos y animarlos, ya que están acostumbrados a notas de quejas…

   Si realmente creemos que les estamos ayudando, nos encantará ser su profesor, y además de transmitirles nuestros conocimientos, podemos influir positivamente en sus vidas, aprovechando cualquier acontecimiento que los motive, desde catástrofes naturales, hasta los últimos fichajes multimillonarios deportivos, musicales…, o hablando de lo que sabemos les interesa, porque nos hemos tomado el tiempo de preguntárselo…

   En cualquier caso, si nuestra actitud es la del eterno aprendiz, nos acercaremos un poco a comprender a los alumnos, además de servirles como ejemplo, al desear aprender también nosotros. Recuerdo a un veterano profesor, tomando notas en su cuaderno, de las explicaciones que un pequeño alumno de 1º de eso, le daba, sobre asuntos de informática…, que demostraron al alumno, y a toda la clase, que el profesor estaba dispuesto a esforzarse en aprender, y que naturalmente no lo sabe todo…

   Sobre los estilos docentes, cada uno elige el suyo, y aunque el democrático suele ser el más persuasivo, habrá ocasiones, que tendremos que ejercer la autoridad sin complejos ni miedos a que te tachen de autoritario.

   Cuando hay que hacer las cosas, pues se hacen, sin olvidar que tú eres el capitán del barco, o el piloto del avión, con ligeras variaciones de rumbo, porque tú sabes cuál es el destino final, sin dejarse intimidar, boicotear, por posibles temporales. Para ello puedes emplear las técnicas que encuentres pertinentes: inundación, bloqueo,…, sobre esto hay mucha literatura psicológica.

   Creo que cada uno, en base a lo que le ha ido bien, aplica la metodología que estima conveniente en cada caso.

   Aunque en educación, se dice con mucha frecuencia que no hay recetas, voy a permitirme, apuntaros alguna, que a mí, no me han ido mal, y que seguramente las aplican muchos de mis compañeros, de esos que nadie sabe cómo se las arregla, para que en sus clases, reine la tranquilidad y el silencio, un buen clima para el estudio y la reflexión, pese a los muchos y conflictivos alumnos, incluso a veces, sin su presencia física, para sorpresa de la mayoría, que no entendemos cómo ese curso de “fieras”, está tan manso, con ese puñetero domador.

   Quienes tienen problemas con los cursos difíciles y masificados de la eso, pueden seguir leyendo, para comprobar que estas medidas, en las actuales circunstancias, no garantizan éxito alguno, dado el inevitable caos, en el que estamos sumidos, no obstante, amortiguan los descalabros. Ahí van, como un regalo, pensado para los más jóvenes, ya que encierran milenios de sabiduría, y que son un complemento a la función tutorial, que a lo largo de todo el libro, hemos ido esparciendo como una pieza básica, para mejorar la calidad educativa, la convivencia en los centros, disminuyendo la conflictividad y problemática de los mismos.

   Si alguien estuviera muy perdido y no supiera qué hacer en las horas de tutoría, puede releer otra vez el presente trabajo, o consultar los diferentes planes de acción tutorial, que aparecen en librerías, grandes superficies, o pedirle al orientador, líneas de actuación conjuntas y planes de acción tutorial, para y teniendo en cuenta la realidad de sus alumnos, intereses, gustos, aficiones, expectativas…, adaptarlo, sin olvidar que primero ha de establecer buen “rollito”, con sus alumnos, escucharlos, hacerles saber que nos interesan, apoyándolos, poniéndonos en su lugar.

   Luego tendrá que persuadirlos para que los alumnos confíen en nosotros, y buscaremos el consenso, intentando que cooperen y participen.

   Si el grupo que tutoriza o da clases, es de los más difíciles, conviene que se interese sinceramente por ellos, aunque esto sea casi imposible, con tantos alumnos; no se queje de ellos, ni los condene o juzgue descalificándolos personalmente. Puede valorar su comportamiento, su conducta, pero cualquier persona es digna de aprecio honrado y sincero, es cuestión de fijarse en lo que hace especialmente bien, y a partir de ahí, despertar su deseo por conocer.

   Es mejor llamar la atención sobre los errores de los alumnos indirectamente, permitiendo que salven su propio prestigio, haciéndoles ver que éstos pueden corregirse. Incluso algo que se nos olvida a menudo, es lo de hablar de nuestros propios errores, antes que criticar los de los demás.

   Para tener buen “rollito”, nos alegramos de ver a los alumnos y sonreímos, nos aprendemos su nombre en los primeros días, le hacemos ver que nos interesan, y si les escuchamos cuando hablan de ellos mismos, podremos dar las clases, relacionando con ejemplos que tengan en cuenta sus intereses.

   Los alumnos son lo más importante del instituto. No son las asignaturas, ni los profesores, sino nuestros alumnos. Si les hacemos sentir importantes, desde el primer día, tratándoles con el mismo respeto, con el que tratamos a un adulto…, es más fácil que cooperen.

   Si realmente queremos influir sobre ellos, habremos de utilizar el método socrático, preguntando y consiguiendo que la otra persona diga sí, sí, varias veces y casi inmediatamente, aunque hasta Sócrates y Aristóteles, tuvieron problemas con algunos de su más jóvenes alumnos. Lo que algunos solemos hacer es dar órdenes, y normalmente, a nadie le gusta recibir órdenes, de ahí, la importancia de sugerir, proponer para que el alumno elija, persuadirlos para que su opción sea más acertada…

   Al margen de que le hayamos convencido más o menos, con estos planteamientos, si deciden que el cambio que desde aquí proponemos, va a ir de lo malo a lo peor, ya que dudan que se pueda hacer algo, que no sea la expulsión, con los alumnos excesivamente impulsivos, agresivos, poco empáticos, irrespetuosos, desafiantes, con tendencia a aburrirse con las actividades rutinarias, y a buscar excitaciones varias, bien mediante consumo de sustancias, o buscando peleas, o alguien de quién abusar…, dado que proceden de hogares rotos, desestructurados, grupos de amigos y subculturas varias, que alientan el uso de la violencia, como expresión de dominación y poder, incluso familias que enseñan valores contraculturales, como que está bien robar, engañar, pegar,…a los “pijos ricos”, “a los otros”, por el hecho de ser diferentes, al no situarse en la marginalidad. Si tampoco cree, que la mediación de los asistentes sociales, pueda conseguir algún cambio relevante, y que en consecuencia, es mejor tener a estos alumnos lejos del instituto, que no dentro, como reza el dicho “enemigo que huye, puente de plata”….

   Así las cosas, tengo que darle la razón, en que no creo que un delincuente juvenil vaya a mejorar por el solo hecho de integrarlo en una clase ordinaria. Antes bien, ejercerá una influencia perniciosa y no recomendable, para el resto del grupo, sobre todo, si es algo mayor que éstos, al presentarse contando batallitas e historias de sus fechorías, que causarán la admiración y deseo de imitarlas, ejerciendo un liderazgo poco positivo, sobre el grupo, que interferirá con el liderazgo que pudiera ejercer el tutor, en una dirección opuesta…

   La diferencia es que la casi totalidad de los alumnos cuando llegan hoy a los institutos, no son delincuentes, y lo que debemos pretender es que no lleguen a serlo, de ahí, que apostemos por hacer seguimientos de cerca, un tutor, varios años, a los alumnos difíciles, y otro profesor, como mucho.

   En este momento, estos alumnos peliagudos, no delincuentes, se pasan de muchas maneras, desde el matonismo, hasta pequeños hurtos, y faltas que le abocan hacia una temprana expulsión. El instituto casi no trabaja con ellos, solo sufre las consecuencias, de sus acciones socialmente inaceptables, y acaba excluyéndolos, aunque se podría decir, que son ellos mismos, quienes se autoexcluyen.

   Aunque sólo sea por evitar el “mal trato”, que les dan a otros compañeros, valdría la pena, que la sociedad, los docentes, nos movilizáramos vindicando prevención, que pasa por disminuir la ratios, continuidad en tutorías, adecuar agrupamientos a…, y demás medidas que se apuntan desde aquí, y otras que fueran factibles.

   Como esto va para largo, porque parece que a los políticos, la educación, no acaban de darle la importancia que tiene, pues al menos, voy a proponeros alguna medida, que vienen funcionando en varios institutos.

   Normalmente los alumnos de un grupo, están en su clase, y reciben a los 10 o 12 profesores, que les dan clase. Suelen pasar al menos 5 minutos, entre los cambios de clase, tiempo que los alumnos aprovechan para distenderse, ir al servicio, pedir apuntes, o “explotar”, si en la clase, hay varios difíciles, agrediendo a compañeros, destrozando y afeando inmobiliario del centro…, el caso es que como en este tiempo, no hay nadie que los controlen, se descontrolan…, y acaban liándola.

   Problema de masificación, sí, es verdad que en clases tan pequeñas, no se pueden meter tantos alumnos. Pero sobre todo, es un problema de falta de educación, y que pasan muchos profesores, por cada clase.

   Ante esto algunos centros optaron por que las clases fueran de los profesores. Es decir, que una clase es compartida por 2 o 3 profesores, siendo los alumnos, los que cambian de clase, según el profesor que les toque. Esta medida, ha acabado con el destrozo de inmobiliario de la clase. Sin embargo, no ha terminado con el “matonismo”, ya que en los cambios de clase, en los pasillos y patios, algunos ocultándose en la masa, aprovechan para gritar, amenazar, abusar,…etc.

   Aunque los profesores en los claustros, recordemos la conveniencia de la puntualidad, o la vigilancia, para evitar en lo posible estas conductas, no parece que hasta la fecha, estén dando los resultados deseados.

   Cuando hablamos de “mal trato”, entre compañeros, nos parece que es uno de los temas, que exigen una reflexión profunda, que provoca demasiado sufrimiento, por la sensación de impotencia y rabia, que experimenta el agredido, que no es “una broma”, como nos quiere hacer creer el agresor. Atrás, hemos señalado que no ha de consentirse.

   Hay muchos profesores, que están muy sensibilizados con este asunto, que se juntan con los alumnos que han sido víctimas, y buscan a los “matones”, para aclarar y mediar. He visto a varios compañeros, durante los recreos, juntándose con los alumnos, aclarando situaciones, acercando posturas, para que cada uno se ponga en el lugar de otro, llegando a acuerdos,…pero un profesor o tutor, tiene en los institutos demasiados cursos, demasiados alumnos por cursos, y demasiados siempre es demasiados…

   La solución que apuntamos desde aquí, es mejorar la calidad en la comunicación, para persuadir a los “matones”, o a aquellos alumnos cuyas conductas son inaceptables, a las familias de éstos, que precisen ayuda de los servicios sociales, y unas tutorías implicadas en el tiempo, y de menor ratio.

   Si no se hace nada, incluso en los centros Tic, cuando estos alumnos lleguen después de la expulsión, seguirán rompiendo ratones, teclados, enchufes, y seguirán fastidiando a los demás, porque la expulsión, no les importa, y todos habremos perdido, a corto plazo, algunos ordenadores no funcionan gracias al “torpedeo”, de estos alumnos MEJORABLES, y a largo plazo, porque alguno de estos alumnos, iniciarán unos caminos de difícil retorno, que supondrá un coste social altísimo, mucho mayor al coste que tendríamos si se invirtiera en ellos, preventivamente, en la infancia y adolescencia, que es cuando se están formando.

   Creo que la pelota caliente, ahora está en el otro lado, a quien corresponda que por favor, si algo puede hacer por mejorar la situación…., que al menos lo intente. Termino con una reflexión, que pretende desculpabilizar a padres, profesores, alumnos, administración..,y cuantas personas se hayan sentidos aludidas…

   Más a menudo de lo que desearía, me sorprendo dando órdenes, tipo “mili”, y aunque me excuso diciendo que con tantos alumnos, no hay otra forma de entenderse, no me es grato actuar así, mucho menos, lo será para mis alumnos. Es una suerte darse cuenta alguna vez, de los muchos errores, que debe uno cometer diariamente en sus interacciones con los alumnos. Me deja mejor disculparme ante ellos, y desde aquí pido disculpas, por los muchos errores cometidos en el pasado, con mis alumnos, y compañeros, de los que no fui consciente en su momento.

   También quiero agradecer a todos mis alumnos, lo mucho que me han enseñado. Ellos son mi principal fuente de aprendizaje. Con el agradecimiento a los compañeros que pacientemente aguantan mis torpezas y confiando que nadie sospeche que detrás de este texto, se esconde una sola crítica a ningún docente. Todo lo contrario, mis respetos, agradecimientos y reconocimientos a los muchos docentes, con los que he tenido la suerte de compartir “tablao”, y mi admiración por la mayoría de ellos.

   Soplan vientos de cambios, que se llevarán las nubes grises, nueva ley de educación, acompañada de manifestaciones grandilocuentes, nuevos tiempos, otros retos…, pero no olvidamos que la única forma de ganar la batalla con adolescentes difíciles, es ganándonos a ellos, su confianza y respeto, y eso exige tiempo, continuidad en la relación, y que los cambios bruscos, sin contar con los implicados, conducen a inevitables fracasos. Pero terminemos con buen humor, recordando aquel viejo chiste:

   Psicólogo: Deberías ser amable con Luís. Procede de un hogar roto.

   Profesor: No me sorprende. Luís es capaz de romper cualquier hogar. Y cualquier cosa añadiría yo, si no se trabaja con él.
   ¡Recibid un afectuoso saludo!
   Con la autorización de: S. Sánchez García. http://rutas6.blog.com.es/

Otros temas relacionados:
La entrada en los institutos: 1º de ESO 
Libro: Manual de tutoría 
Otros artículos sobre los PROFESORES 
CD con 4 programas educativos: Lectura rápida (1 y 2), Cálculo infantil y Lectura y ortografía

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