Educadores y educandos

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   En ocasiones se plantea la cuestión de quién debe educar y quién tiene que aprender. A primera vista los educadores son los profesores, padres y de forma subsidiaria el Estado y las Comunidades Autónomas y los educandos son los alumnos e hijos. Pero esto no es totalmente cierto. Los profesores y padres aprendemos mucho de los alumnos y éstos nos orientan y ayudan en la tarea educativa. Es decir, todos somos educadores y educandos a la vez.

  

   De la palabra educación podemos considerar dos significaciones etimológicas: educar procede de la palabra latina educare que significa “alimentar, “criar”, “nutrir” y de educere, que equivale a “sacar de” y “extraer”.

  

   De acuerdo con la primera significación (educare) el acto de educar es instruir, informar y transmitir conocimientos. La labor del educador (profesor y padre) es ponerlo todo desde fuera, llevar la dirección del proceso. Esto es una parte de la educación.

  

   Partiendo de la segunda etimología (educere) la educación es sacar del educando todo lo bueno y positivo que hay en él, desarrollar sus propias capacidades y crear las condiciones ambientales, familiares y personales para que esto se produzca. La metodología más acertada es el interrogatorio por el que se plantean preguntas y se espera que el educando busque las respuestas adecuadas y vaya elaborando su propio criterio y ciencia. Este método no es nuevo, y lo utilizó ampliamente el filósofo griego Sócrates.

  

   También conviene analizar los conceptos de autoeducación y heroeducación. El auténtico protagonista de la formación es el educando (autoeducación) porque nadie puede ser sustituido por otro en su proceso educativo. Pero a la vez los educadores prestan una ayuda y orientación importante en el proceso educativo (heteroeducación). Esta ayuda llevada a cabo fundamentalmente por los centros educativos facilita la adquisición de conocimientos. Hay una estrecha relación entre el estímulo de orientación y dirección y el protagonismo educativo del educando. Pero el estímulo “debe ser una educación para la autoeducación” (M. Sciacca). La educación es como una participación dirigida del alumno o hijo. La participación hace referencia al educere (sacar de) y a la vez es dirigida y orientada (educare).

   ¿Cuál es la tarea del educador? Podríamos resumirla en esta ley: “toda ayuda innecesaria es una limitación para quien la recibe”. Dicho de otra forma: todo lo que pueda a hacer el educando no debe hacerlo el educador. Que sea el propio chico el que busque las razones de las cosas y aprenda a pensar.

   Para facilitar la autoeducación hace falta conocer las necesidades y posibilidades de cada educando, es decir, comprenderlo. A su vez, el educador ha de respetar y orientar positivamente al chico, es decir,  ha de ser comprensivo y exigente.

   Antes estaba de moda el educare (dirigir, instruir) y ahora el educere (sacar de y aprender con autonomía). Pero cada aspecto por separado es una visión parcial del quehacer educativo y por tanto una reducción. La verdadera educación es la síntesis de los dos verbos latinos educare y educere, referidos al educando como protagonista de su formación, con capacidad de aceptar y buscar ayuda de los educadores, tanto padres como profesores.

Arturo Ramo

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One Response to Educadores y educandos

  1. Pedro Saint Pierre dice:

    Publicación en “El cordillerano”. La educación, como instrumento de desarrollo personal y social, está cada vez más dependiente de la información y valores que transmiten los ejemplos positivos y negativos de la sociedad, los medios de comunicación, y cada vez menos de las familias y de las escuelas. El libertinaje y el igualitarismo inducen a la negación de principios de valor, jerarquía y autoridad. Hoy se ven en familias y escuelas con padres y docentes que no son ejemplos valiosos, no asumen ni socialmente son respetados como autoridades y jerarquias.
    Me permito citar y compartir unas frases, de las que desconozco su autoría:
    “EDUCAS CUANDO…
    suscitas convicciones personales,
    no cuando impones tus convicciones;
    Propones valores que motivan,
    no cuando impones conductas;
    enseñas a caminar
    no cuando impones caminos;
    despiertas el coraje de ser libres,
    no cuando impones el sometimiento;
    fomentas la capacidad de pensar,
    no cuando impones tus ideas;
    liberas el amor que acerca y comunica,
    no cuando impones el temor que aísla;
    Cultivas la autonomía del otro,
    no cuando impones tu autoridad;
    respetas la originalidad,
    no cuando impones la uniformidad;
    enseñas a buscar la verdad honestamente,
    no cuando la impones;
    formas personas responsables,
    no cuando impones disciplinas;
    ganas el respeto,
    no cuando lo impones autoritariamente;
    estimulas la participación,
    no cuando impones el miedo que paraliza;
    muestras el sentido de la vida,
    no cuando impones información de memoria;

    Educas cuando con tu vida haces presente a Dios.”

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