Personalidad: Aprender a decir “no”

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   —Entonces, si uno está agobiado por cosas urgentes e importantes (con el cuadrante I muy lleno, según esa terminología), ¿cómo puede sacar tiempo para esas cosas que no apremian tanto pero que son también importantes (las del cuadrante II)?

   Al principio habrá que seguir atendiendo las numerosas actividades urgentes e importantes del cuadrante I, pues estamos inmersos en ellas y no podemos dejarlas sin más. En esa situación, el tiempo necesario para el cuadrante II se puede obtener sacándolo fundamentalmente de los cuadrantes III y IV.

   Luego, a medida que consigamos tiempo para trabajar en el cuadrante II, estaremos mejor organizados y empezará a disminuir el cuadrante I. Así irá aumentando el rendimiento del tiempo, pues le daremos un uso más efectivo.

   —¿Entonces, la clave está en identificar cuáles son esas tareas no importantes (o sea, los cuadrantes III y IV), para sacar de ahí tiempo?

   Es una de las claves, sin duda. En las personas más perezosas, será el cuadrante IV (aquello que no es ni urgente ni importante) la principal fuente de pérdidas de tiempo. En las personas más activas pero mal organizadas, será el cuadrante III (el de lo urgente no importante) el que más llene sus vidas y en el que habrá que entrar con decisión.

   Hay que aprender a decir no
   a esas actividades que
   nos urgen frecuentemente
   pero que no debemos acometer.

   Hace algún tiempo, un antiguo compañero mío me contaba, sin disimular su angustia, que en su empresa le habían encomendado una nueva tarea de considerable responsabilidad. Viajaba muchísimo, tenía un horario agotador y estaba bastante estresado, aunque, eso sí, había aumentado sensiblemente sus ingresos.

   «Lo malo –me decía– es que en realidad yo no deseaba ese nombramiento. Sabía que me supondría unas obligaciones que difícilmente podría atender con el tiempo de que dispongo. Además, me está apartando de la línea de trabajo que me había marcado hace años y, por si fuera poco, no me deja atender bien a mi familia. Cada día tengo más problemas, pero ahora me resulta muy difícil dejarlo, tenía que haberlo pensado antes.

   »Y lo realmente triste es que sabía que esto me iba a pasar. Cuando me lo propusieron, lo pensé, pero me sentía presionado. Puse algunas excusas, me fueron convenciendo, intenté retrasarlo, puse algunas condiciones que estaba seguro que no aceptarían, pero las aceptaron, y al final ya me daba reparo echarme atrás.

   »Lo mío ha sido tan sencillo y tan triste como esto: no supe decir no. Después he sabido que también habían ofrecido este cargo a otro compañero mío, y que en su caso la conversación no duró más allá de un minuto. Les dijo que lo agradecía muchísimo, que se sentía muy honrado por esa elección, pero que tenía serias razones para no aceptarlo.

   »Es curioso, no sabía yo los líos en que uno puede meterse por no saber contestar en el momento oportuno con un atento y cortés “lo siento muchísimo, pero NO”. Ha sido un auténtico calvario que podría haber evitado con sólo superar una situación un poco violenta durante unos minutos».

   En realidad, toda persona está diciendo constantemente no a algo. Lo malo es que si no lo dice a las cosas que nos acosan invasivamente pero que no debemos hacer, probablemente lo esté diciendo a cosas mucho más fundamentales pero que no reclaman su atención.

   —Pero habrá personas cuyo problema no sea que les cueste decir no, sino al revés: siempre dicen que no, siempre llevan la contraria, parece como si les costara sangre manifestar acuerdo o asentir a algo.

   Por supuesto, cada uno tiene que ver por qué lado va su problema (y que en unos ámbitos de su vida puede ser distinto que en otros). Cada día decimos sí o no a muchísimas cosas. La esencia de una buena organización personal está precisamente en saber discernir en cada caso si debemos decir sí o no, y nuestro error puede provenir de establecer mal las prioridades, de prever mal su puesta en práctica o de una falta de suficiente disciplina personal para atenernos a ellas.

   La mayor parte de las personas piensan que su problema suele estar en esa última razón, en que les falta constancia y disciplina para llevar a cabo lo que repetidamente se han propuesto. Sin embargo, si lo analizaran con más profundidad, es probable que advirtieran que su principal problema no es de autodisciplina, sino que está antes, en que no tienen unas prioridades suficientemente claras y desarrolladas. El modo en que cada uno organiza su tiempo es consecuencia del modo en que cada uno ve sus prioridades. Para decir no al reclamo del entretenido cuadrante III, o al cálido y adormecedor cuadrante IV, hace falta tener las ideas muy claras en la cabeza, no sólo una gran fuerza de voluntad.

   Alfonso Aguiló. Con la autorización de: http://www.interrogantes.net

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2 Responses to Personalidad: Aprender a decir “no”

  1. Norma Cándida Corea Tórrez dice:

    Profe: le mando este artículo que espero sea de su interés y agrado. Pero, sobre todo que le sirva para aplicarlo a su vida. Un abrazote,
    Elena

  2. juan manuel dice:

    Bueno ami pasa que en una conversación o sobre todo en una discución se me queda la mente en blanco. y siempre pinso bien, pero tarde. Un abrazo juan manuel

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