La exigencia en la educación

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   A veces los padres y los profesores se preguntan: ¿Hasta dónde se puede exigir a este chico? ¿Es bueno marcarle metas altas? Estas y otras preguntas nos plantean el problema de la exigencia en la educación.

   En principio cada estudiante debería llegar al máximo desarrollo posible, dentro de sus posibilidades. Por tanto, lo primero sería conocer el nivel que razonablemente podría alcanzar. Esto se podría conocer a través de pruebas psicológicas y de la opinión conjunta de padres y profesores. Si un alumno puede sacar notables no podemos conformarnos con que obtenga suficientes.

   Para la realización del trabajo diario es importante el ejercicio de la voluntad. En primer lugar la voluntad inicial para romper la inercia de la ociosidad. Después hace falta la perseverancia para continuar con el trabajo, que en ocasiones puede ser monótono y puede llegar al hastío. Y por último, hace falta el esfuerzo final para acabar con perfección el trabajo que se inició. La voluntad de acabamiento lleva consigo la buena presentación de trabajo final y la negación de la chapuza.

   En la última etapa del trabajo suele aparecer la fatiga o el desánimo del escolar, momento en el que es oportuna la palabra de aliento del padre o profesor diciendo: “ánimo, que ya falta poco”.

   Aunque haya actualmente una tendencia a la vida light, cómoda y sin esfuerzo, la verdad es que exigente es la vida y exigente ha de ser la educación. La exigencia será un buen punto de partida para desarrollar la capacidad de esfuerzo en profesores y estudiantes y para encontrar la alegría de la obra bien hecha y del éxito.

   Pero la exigencia no es sólo de los educadores sobre los estudiantes sino que debe ser sobre todo del propio chico sobre sí mismo. Es decir, la voluntad de saber y estudiar (motivación) ha de nacer del propio estudiante para que sea efectiva.

   En mi trabajo de investigación sobre “La influencia de los hábitos de estudio en el rendimiento escolar” con escolares de 12 a 14 años en Teruel (España) se concluye que el factor “querer estudiar”, con voluntariedad personal influye decisivamente en los rendimientos positivos de los escolares. Por el contrario, una pedagogía coercitiva ya sea familiar, escolar o social, no facilita los rendimientos altos entre los alumnos. Por tanto, uno de los objetivos de los padres, profesores y de la sociedad debería ser la creación de actitudes positivas hacia el estudio en los alumnos.

   Podemos concluir con este objetivo: “Hacer lo que hay que hacer, y hacer lo que a uno le gusta… hasta llegar a que a uno le guste hacer lo que tiene que hacer”.
   Arturo Ramo

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CD con 4 programas educativos: Lectura y ortografía, Valores humanos (1 y 2) e Inglés abierto.

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