¿Como se hacen las leyes del aborto?

¿Cómo es posible que con tanta evidencia como hay, todavía haya gente que diga que la vida humana puede deshacerse en el vientre materno? ¿Es posible que haya gobiernos en el siglo XXI que apoyen una tiranía semejante, como es en el caso de España?

El Dr. Nathanson, en su libro «La mano de Dios» editado por Palabra, hace un repaso de su vida. Es un testimonio impresionante de un hombre que ha pasado de ser unos de los más feroces médicos abortistas del mundo, a llegar a convertirse al catolicismo y defender con ahínco la vida humana.

Comenta que para hacer legal el aborto en Estados Unidos, fue crucial la manipulación de los medios de comunicación, todo ello confluyendo en un momento histórico como fueron las convulsas décadas 60 y 70. Y debía de haber una figura sobre la que debían descargarse las iras de los que pretendían negar todo orden establecido, y esa figura era la Iglesia Católica. Manipulando la Historia de la Iglesia y su mensaje auténtico de salvación, era el chivo expiatorio perfecto. La máxima con la que se actuaba era de Maquiavelo: «Nada hay más difícil de controlar, más peligroso de llevar o de éxito más incierto que tomar la delantera en la introducción de un nuevo orden de cosas».

Pero hay más: Maurice Caillet, en su autobiografía titulada «Yo fui masón», de Libros Libres, describe su paso por la masonería francesa. Como Nathanson, también es médico, y ha sido amenazado de muerte por sus «ex hermanos» de las logias. Pues bien, como todo el mundo sabe, la masonería tiene como objetivo directo destruir al ser humano yendo directamente a la institución que más defiende al ser humano: la Iglesia Católica. De manera que, como dice Caillet, las leyes del aborto en Francia se confeccionaron en las logias masónicas, dado que buena parte de los dirigentes franceses eran masones.

Así que ya tenemos establecido el porqué de esa confabulación diabólica: Sólo puede explicarse esta barbaridad teniendo en cuenta la existencia del Maligno, que es asesino desde el principio. Ya lo dice Nathanson: su clínica abortiva era una cuadrilla de delincuentes profesionales.

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