Respetabilidad razonada

Disciplina

   En tiempos recientes se ha puesto de moda en medios pedagógicos la educación sin autoridad y está resultando un auténtico fracaso, confirmado por los mismos que lo promovieron.

   Porque para educar no son suficientes el amor, el ejemplo y las palabras de ánimo, sino que es preciso ejercer la autoridad y explicar siempre las razones que nos llevan a aconsejar y mandar una conducta determinada. Por tanto, la autoridad no puede basarse en frases como: “te lo mando yo que soy tu padre” o “cuando seas mayor ya lo entenderás”. Ha de basarse en el razonamiento, la demostración y el respeto. Los padres y profesores que han de mandar a los educandos han de tener autoridad y hacerse respetar. Siendo que es muy difícil educar sin inspirar respeto, los educadores que no tengan autoridad la tendrán que aprender.

   Es bien conocido que el temor y el miedo nunca han formado la personalidad de los chicos. El recurso al castigo continuo, a la bronca y a la amenaza constante producen en primer lugar la rebeldía de los hijos, la inhibición de las iniciativas y debilita la personalidad.

   La misión de los educadores es enriquecer y no anular la forma de ser de cada chico, fomentando la creatividad, abriendo la inteligencia y ayudándoles a ser libres.

   A la hora de mandar algo, es mejor hacerlo con frases breves que con largas arengas. Es preferible decirle: “ese jersey”, “los platos”, porque el chico puede decirse: “¿qué pasa con el jersey? ¡ah, sí! que debo colgarlo en la percha. Ahora lo recojo”. De esta forma le damos la oportunidad de ejercer su propia iniciativa y su propia inteligencia.

   Algunos padres se quejan de que sus hijos no les escuchan y la razón es que hablan demasiado. Un chico decía: “Cuando mi madre está en la segunda frase, yo me he olvidado ya de la primera”.

   El niño tiene necesidad de autoridad y de alguna forma la pide aunque le cueste reconocerlo. Alguno llega a decir: “mis padres no me quieren y ‘pasan’ de mí porque me dejan hacer lo que me da la gana”.

   Algunos educadores mantienen actitudes de concesión constante por propia comodidad o por miedo a perder el aprecio de los chicos. Esto será muy perjudicial para los educandos porque crecerán sin patrones adecuados de conducta y sin hábitos para hacer en cada momento lo que tienen que hacer con voluntariedad propia.
   Por Arturo Ramo García.
http://www.aplicaciones.info
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