Libertad de educación

Educación diferenciada

   Imagínese usted que quiere comprar un coche. Imagine también que el Gobierno le dice a usted qué coche se tiene que comprar, de qué marca, color, y potencia. ¿Cuál sería su reacción? ¿Indignación? ¿Protesta? ¿Rebelión? Pues depende.

   Si usted vive en Cuba, o en cualquiera de los pocos países comunistas que quedan (fueron muchos en su día), su reacción será de alegría. Es de los pocos afortunados que tiene coche. Además, usted nunca habrá experimentado la libertad de elección y, por tanto, no la echará en falta.

   Pero si usted vive en un país libre, democrático y desarrollado, probablemente pondrá el grito en el cielo por no poder comprar el coche que quiere. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Y seguro que usted tendrá razón. Ahora, le pregunto: ¿qué valora más usted, la calidad de su coche o la educación de sus hijos?

   La respuesta es obvia: la educación de mis hijos. Entonces, ¿por qué no admitimos que el Gobierno decida cual es nuestro coche y sí decida el tipo de educación de nuestros hijos? La realidad es que una amplia mayoría de ciudadanos no pueden decidir en España a qué colegio llevan a sus hijos. El Gobierno se lo impone.

   Está comprobado que el sistema más eficiente para que el ciudadano disfrute de bienes y servicios baratos y de buena calidad es la libre competencia. ¿Por qué no se aplica este sistema a la educación de nuestros hijos? Se argumentará que conviene dar una cohesión social a través de la educación pública, y que ésta ya es de calidad. Entonces, ¿por qué los hijos de muchos políticos van a colegios privados? ¿No deberían dar ejemplo y llevar ellos primero las cargas que imponen a los demás?

   Según el Ministerio de Educación, el gasto público por alumno en primaria y secundaria es de 4.800 euros en un colegio público y de 2.100 euros en un colegio privado. ¿No sería más eficiente, pues, fomentar los colegios privados? Se argumentará: la educación privada es sólo para ricos. Negativo. También los pobres quieren llevar a sus hijos a colegios buenos… pero no pueden. Y sí podrían si el Gobierno (en cualquiera de sus formatos) aumentara la dotación por alumno, y que los padres decidiesen.

   ¿Colegios públicos? Sí. ¿Colegios privados? También. Y que compitan en igualdad de condiciones. Resultado: un mejor nivel educativo. A la postre, me parece que lo que se busca desde el Gobierno no es un sistema de enseñanza pública de calidad. Si fuera así, no tendrían miedo a la competencia. Se busca controlar la educación de las futuras generaciones

   Por Eduardo Martínez Abascal. Profesor del IESE. Universidad de Navarra. Con la autorización de www.fluvium.org
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