Personalidad: Cabezas bien hechas, no bien llenas

Formación intelectual

   Con el saber, entendido como un serio compromiso de búsqueda de la verdad, vienen siempre al hombre grandes bienes.

   La ignorancia, por el contrario, está casi siempre en el origen de los comportamientos autoritarios, de los conflictos absurdos, de las descalificaciones necias, de los insultos y las agresiones. La ignorancia es simplificadora, drástica en sus afirmaciones, amiga de trivializar y poco aficionada a matices o aclaraciones.

Sócrates decía que
lo peor del ignorante
no es que no sepa,
sino que no sepa que no sabe.

   Por eso, ganar terreno a la ignorancia –sobre todo a la no reconocida, que es la más peligrosa– es uno de los grandes retos para la vida de cualquier sociedad, de cualquier institución, de cualquier familia, de cualquier persona.

   —Para ganar terreno a la ignorancia será preciso mejorar la formación, pero habría que precisar primero cómo debe ser una buena formación.

   Una buena formación –apunta José Antonio Ibáñez-Martín– no puede reducirse a un simple enciclopedismo, a almacenar datos en la cabeza.

   Educar es formar
cabezas bien hechas,
no bien llenas.

   Una buena formación exige en primer lugar un conjunto de conocimientos que permita mejorar cualitativamente nuestra existencia. No se trata de almacenar datos, sino de lograr un conjunto de saberes bien estructurado: unos amplios conocimientos de la propia especialidad profesional, junto a un deseo universal de tener un mínimo de iniciación a otros saberes.

   En segundo lugar, es preciso buscar la formación del juicio: de ese juicio que en ciencia significa espíritu crítico y método, que en arte se llama gusto, y que en la vida práctica se traduce en discernimiento y lucidez.

   Junto a esa formación en los conocimientos y en el juicio, es preciso añadir, en tercer lugar, el ejercicio de las virtudes individuales y sociales, así como el cultivo de otras dimensiones humanas, porque bien sabemos que para vivir con acierto no basta con el conocimiento.

Los hombres de bien
no se identifican simplemente
con los que saben ética,
ya que luego
hay que ponerla en práctica.

   La formación debe despertar en lo más profundo del corazón del hombre una atracción hacia los valores. Debe descubrir la vida como un proyecto que parte de una plataforma que no hemos escogido, pero que discurrirá por los cauces que nos marquemos.

Como afirmaba Ortega,
la vida nos ha sido dada,
pero no nos ha sido dada hecha.

   Platón, por ejemplo, aseguraba que el objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano, e insistía en que no puede calificarse de educativa una tarea orientada a transmitir conocimientos que no vayan acompañados de la razón o la justicia. Séneca también señalaba que una buena educación ha de dotar a la persona de una sólida contextura moral, que le haga avanzar en la adquisición de la ciencia del bien y del mal.

   La formación ha de ayudar a orientar rectamente el uso de la libertad. Y esto exige primero la enseñanza del bien y después el aliento para ponerlo por obra mediante un responsable compromiso personal:

Lucidez para ver lo que debemos hacer
y fuerza para querer hacerlo,
pues los hombres no somos
como unas máquinas
que basta con programar.

   Junto al desarrollo de la inteligencia debe estar la consolidación de la voluntad y la educación de los sentimientos.

   —Y supongo que gran parte de ese aliento al que te refieres debe estar en el buen ejemplo que se recibe.

   El ejemplo es, sin duda, muy importante. Pero lo verdaderamente decisivo es que ese buen ejemplo nos lleve a un compromiso personal por avanzar en ese camino. Un camino que requiere esfuerzo, sentido del deber, disciplina personal y sacrificio.

   —Pero deber, disciplina y sacrificio suenan un poco a antiguos estilos voluntaristas…
   No se puede negar la necesidad de purificar alguno de estos conceptos para descontaminarlos de ciertos resabios negativos que les han dado un aire frío, rígido y pasivo. Son términos que se han empleado muchas veces en un contexto muy poco educativo, es verdad, pero eso no puede llevarnos a minusvalorar la importancia del esfuerzo, pues sin él casi nada valioso puede lograrse, ni en la vida intelectual ni en la moral.

   Por Alfonso Aguiló. Con la autorización de: www.interrogantes.net
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CD con 2 programas educativos: Nueva ortografía 3º y 4º de Primaria.

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One Response to Personalidad: Cabezas bien hechas, no bien llenas

  1. Santos Pineda dice:

    Que importante es conocer los pasos de la educacion

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