El fruto de la educación

Valores humanos y cristianos

   En muchos ambientes actuales se piensa que los esfuerzos que realizan los padres y los centros educativos en orden a educar a los chicos son ineficaces y no consiguen sus objetivos.

   Ante esta desesperanza es bueno aprender de la Historia y observar los buenos ejemplos que nos presenta. Uno de ellos es el caso de Fernando III, rey de Castilla y León (1198 a 12252).

   Su madre, doña Berenguela, le alimentó con la leche natural y con la leche de las virtudes. Fernando resplandeció en todo género de virtudes, especialmente en la honestidad, la modestia, la prudencia, la misericordia, le religión y la obediencia a su madre. No se le conoció ningún vicio; siempre estaba ocupado y no ocioso y el tiempo que no gastaba en la devoción o las armas, lo ocupaba en leer historias, para sacar de ellas acciones que imitar y equivocaciones de las que huir.

   Esta labor educativa esmerada tuvo sus frutos en la formación humana y cristiana en Fernando que llegó a ser un rey querido y admirado por todos sus súbditos y por algunos reyezuelos musulmanes. Fue el rey de la Reconquista que más territorio arrebató a los invasores, destacando Córdoba, Jaén, Sevilla, Baeza, Úbeda, Andújar y otras ciudades. Las tierras de los musulmanes quedaron reducidas al reino de Granada.

   Pero su triunfo más importante fue que alcanzó el Cielo. El Papa Clemente X le canonizó en el año 1671 y su cuerpo se venera en la Capilla Real de la catedral de Sevilla. Desde entonces se le conoce como Fernando III el Santo.

   ¿Cómo alcanzó esta magnífica formación humana y cristiana? Por la labor conjunta del esfuerzo de su madre, doña Berenguela y la voluntad decidida del propio Fernando en alcanzar esa formación.

   Otro caso parecido es el de San Luis, rey de Francia, educado por doña Blanca, hermana de doña Berenguela. El esfuerzo de las dos hermanas consiguieron dos hijos reyes y santos.

   El ejemplo contrario lo tenemos en don Álvaro de Lara, coetáneo con San Fernando, que se comprometió bajo juramento que no quitaría pueblos ni castillos a otros nobles, que no haría la guerra a los comarcanos, ni exigiría nuevos tributos a sus vasallos. Pero don Álvaro no tenía ninguna formación humana ni cristiana y jamás pensó cumplir los compromisos jurados. Pensó que su derecho llegaba hasta donde llegaba su fuerza. Así que en la primera oportunidad robó pueblos y ciudades, organizó guerras injustas y aumentó los tributos. Es la conducta coherente de un hombre sin ninguna formación.

   Ante la desesperanza actual en la labor educativa observamos en los casos anteriores que cuando coinciden la libre voluntad del educando y la labor esforzada de los padres y profesores, el resultado de sus esfuerzos siempre es positivo.

   Arturo Ramo García.
www.aplicaciones.info
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