¿Quieres sosprender a tu hijo?

Personalidad

   Lista de ideas para hacer sentir “especial” a tu hijo
   Ideas para aplicar en Navidad
   Bolas de Navidad con mensaje. Escribo con un rotulador permanente en cada bola de Navidad un mensaje positivo para mi familia: “Marta ayuda mucho en casa”, “Juan siempre sonríe”,” papá nos hace feliz a todos”. Luego toda la familia decoramos el Árbol de Navidad con estas bolas y contemplamos el árbol sabiendo que no hay otro parecido al nuestro. ¡Somos una familia especial!

   Como un árbol. Nos abrazamos toda la familia como un árbol, como un tronco fuerte, muy fuerte y a mi hija se le caen las lágrimas cuando decimos: “Vamos a abrazarnos como un árbol, desde las raíces”. Ese momento es muy especial porque es el final del día. Luego se marcha a la cama sintiéndose segura, parte de un “tronco” fuerte y protector.

   Un calendario de Adviento original. Cada día (del 1 al 24 de diciembre), cada uno de los miembros de la familia debe poner algo para los demás en el bolsillo correspondiente del calendario de Adviento. Ha de ser algo agradable: puede ser una frase bonita, una promesa (hoy te hago la cama o hoy no me voy a comer las uñas), una foto simpática. De esta manera, todas las mañanas, al levantarnos, tenemos nuestra sorpresa afectiva.

   Prestarle nuestra atención exclusiva. Recoge a tu hijo del colegio y ves con él, padre y madre, a ver las luces de Navidad; pasad toda la tarde los tres juntos dedicando un tiempo que normalmente no tenéis, sólo para él.

   Un brindis emotivo. ¿Por qué no pedir en el brindis de Nochebuena disculpas por las veces que también nos equivocamos?

   Un gran regalo de Reyes. Una carta en la que expreséis con toda la ternura que podáis lo mucho que queréis a vuestro hijo y en la que le hagáis saber que el día que nació para vosotros fue el mejor regalo del mundo. Todo ello con los matices y modalidades que se os ocurran.

   Tres sacrificios invisibles. Comprometeros cada miembro de la familia a haceros entre vosotros cada día tres favores “invisibles”, de esos que nadie ve pero que se notan. Cuando tu hijo los haga y tú te percates de ello, dile al oído sencillamente “¡felicidades!”. Él sabrá porqué y se sentirá inmensamente feliz.

   Preparando la Navidad con cuentos. Cada Navidad leemos la misma historia:”Paulita se prepara para la Navidad”. Y cada año los niños se sienten más ilusionados con la idea de preparar el pesebre “emocional” que cuenta la historia. Para los que no conozcáis esta historia, la encontrareis en el libro “Cuentos de Adviento” de Gabriela Kast (Editorial Palabra). Merece la pena conocer este cuento porque les involucra en la Navidad y les hace sentirse especiales, no solo ante nosotros, sino también ante él mismo y ante Dios.

   ¿Recuerdas aquel día? En la comida de Navidad, debajo de su servilleta, les dejo ese regalito que supieron prescindir de él cuando en circunstancias anteriores les hizo ilusión y no lo consiguieron. Puede ser un sencillo lápiz, un clip del pelo o un pequeño llavero, cualquier objeto que sé con certeza que les recordará el día aquel que lo desearon y no lo obtuvieron.

   ¿Cuál es el mejor Belén? Organizar con él un concurso de belenes con amigos y primos y puntuar; el que gane que se invente él el premio.

   Un paseo de colores. Dar un paseo en coche por la noche para ver todas las luces encendidas de Navidad (tiendas, calles, fachadas de las casas, etc.). Ese día comer juntos donde más les guste a ellos, y hacer cosas que habitualmente no podemos realizar. Dejarles que elijan qué hacer después y que por un día ellos se sientan los Reyes.

   Escríbele una carta de parte de los Reyes Magos. Tírala al buzón para que el cartero la lleve al cabo de unos pocos días. Para hacerla muy real, dile en ella que sabes algunas cosas que no han ido muy bien (le escribes algunas pocas de ejemplo) y una larga lista de las cosas que han ido bien, aunque sean cosas muy evidentes para ti: lavarse las manitas antes de cenar, los dientes, vestirse solos, tirar la ropa sucia a lavar, pedir perdón a su hermano, ayudar a su mamá o su papá, etc.

   Un perdón con sorpresa. En Navidad es el mejor momento para pedir perdón. Escribo por estas fechas una pequeña carta a todos, incluida a mi esposo, pidiendo perdón por detalles concretos que tengo en la memoria y me hacen sentir mal. Aprovecho para decirles a cada uno lo especiales que son para mí y el gran sentido que tiene mi vida gracias a ellos. Les escondo esta carta en sitios sorprendentes (el bolsillo de la chaqueta, en el tazón del desayuno o dentro de su zapato) para que cada uno lo encuentre a su ritmo y tenga intimidad para leerlo. Al acabar la carta, siempre y sin excepción, me han abrazado como si fueran bebés necesitados de mi amor.

   Un puzzle individualizado. Elegir una foto especialmente emotiva del niño con sus padres. Hacer una fotocopia grande a color (DINA A4). Recortarla con formas irregulares (tipo puzzle) y meter los trocitos en una caja y envolverlo para regalo. Dárselo en Navidades y a medida que vaya construyendo el puzzle se dará cuenta de quién aparece. ¡Sorpresa!

   Hacer un cuento de Navidad juntos. El niño dicta la historia al papá o a la mamá; las imágenes pueden ser dibujadas por ambos, recortadas y pegadas o tomadas de una revista o libros viejos. Adornar la portada, poner una cinta de terciopelo de marca páginas. Se puede guardar para otras Navidades.

   Un mural muy personal. Hacer un cartel con las fotos mas representativas de tu hijo, en donde estén también las personas que más aprecia, con pequeñas notas relatando cómo eran las cosas en ese momento, sobre todo cuando eran pequeños, sus gustos, sus palabras, sus primeros dientes, etc. La Navidad es un momento especial, el mejor momento para hablar con nuestro hijo de lo que significa para nosotros su existencia.

   Ideas para aplicar en cualquier época del año

   Cada día “te quiero”. Lo realmente bonito de estas ideas es el poder hacerlas sin que tenga que ser Navidad, no tiene por que ser una fecha determinada para demostrarles todos los días del año que les queremos y que son lo más importante para nosotros. Hay que decirles cada día, al menos, dos “te quiero”, sin excepciones.

   Dar, dar y dar mil besos. Sin excusas, sin justificaciones. Mientras cocinas o lees el periódico. Parar la actividad; ir donde está tu hijo y sorprenderlo con un abrazo. Si pregunta el porqué de ese beso, decir sencillamente: “porque eres mi hijo y me gustas cómo eres; te quiero”.

   Un nombre importante. Hacerle un acróstico con su nombre resaltando sus cualidades y expresando cuanto lo queremos. Por ejemplo, “Ana” puede significar: Amor, Nacimiento y Alegría. Insistir en que su nombre significa para ti la alegría por haber nacido en vuestra familia y haber traído tanto amor.

   Una despedida entrañable. Tengo una bonita rutina por la mañana con mi hija. Yo me marcho a trabajar a las 8 de la mañana. Ella me da el bolso, me abre la puerta y me desea un buen día. Y mi último beso de la mañana se lo doy a ella. Ambas nos sentimos especiales con esa rutina particular e íntima.

   Díselo también por teléfono. Llámalo por sorpresa por teléfono tan solo para decirle que lo añoras y lo adoras.

   Ideas positivas. Durante todo el año (pero más a menudo en esta época) tengo la costumbre de ir dejando pequeñas notas (post-it) por toda la casa con las cosas buenas que hace cada uno de mis hijos. Siempre llevo un pequeño bloc en mis bolsillos para hacer este trabajo. Les doy las gracias por poner la mesa, por limpiarse los zapatos, por besarme, por apagar las luces, por hacer lo que son sus obligaciones y a veces no les agradecemos.

   ¡Pienso en cómo me sentiría yo si cada vez que cocino, limpio, plancho, friego o coso botones me dieran las gracias en una nota que, además, todos pudieran ver! Otra idea: Llenar la cabecera de su cama con post-it y poner en cada uno frases de amor y frases positivas. Las irá coleccionando como un tesoro.

   Por las noches, siempre un beso. No dejes pasar ni un solo día sin darle las buenas noches a tu hijo, besarlo y acariciarle su carita. No dejes pasar ni un solo día, por más enfadado que estés, sin decirle al acostarlo cuánto le quieres, lo feliz que te hace y lo orgullosa/o que estás de él. No te olvides del abrazo. Nunca te olvides de esta sencilla rutina afectiva. Obra maravillas en los niños ¡y en los padres!

   Desayuno mimoso. El mejor momento del día es el momento de despertarse. Los fines de semana o en vacaciones de Navidad lo despierto 15 minutos antes para dedicarle un tiempo de caricias y besos. En esos momentos, es como un bebé: me abraza, lo acaricio, me besa, lo masajeo. Se levanta feliz y satisfecho y con ganas de “comerse al mundo”.

   Una pregunta importante. Toma a tu hijo de la mano, siéntate con él y dile que tienes algo importante que decirle. Le pides que te mire a los ojos y le preguntas “¿te he dicho lo mucho que te amo?”.

   Escríbele misivas cortas y cariñosas que sorprendan. Es fantástico darte cuenta de que a pesar de lo difícil del día a día nos queremos tanto.

   ¡Un niño de cuento! Redactar algo parecido a un cuento adecuado a la edad del niño, donde el protagonista es él que está dentro de la barriguita de su madre. El cuento describirá todas las sensaciones bonitas y alegres de su embarazo y parto: cuando daba patadas, cuando la madre hablaba con él, cuando le preparó su habitación, cuando su papá le acariciaba a través de la barriguita de su madre, etc. Después regalárselo y leerlo juntos.

   La caja del cariño. Escribid cada uno en un trozo de papel vuestro mimo preferido, cosas bonitas, palabras tiernas. Dobladlo y metedlo en una caja de zapatos que se convertirá en la caja de los tesoros. Decorad entre todos la caja como más os guste.

   Siempre que lo necesitéis, al levantaros, al acostaros, al salir de casa, antes de salir para el cole, abrid la caja y coged un tesoro. Os dará ánimo y cariño para el resto del día o de la noche. Algunos ejemplos: un abrazo de oso, un beso de mariposa, un arrumaco en la nariz, eres la más guapa de la galaxia, un cariño de mamá o un mimo de gatito. También podéis escribir “tesoros cariñosos” que dará el resto de la familia a quién coja ese papel: dos besos, un abrazo, un achuchón, cosquillas, un masajito etc. Es muy eficaz después de cualquier enfado.

   Un beso eterno. Hacerse una foto con el niño dándole un abrazo o un beso y regalársela ampliada o con un bonito marco o dedicatoria como ésta: “recuerda siempre lo mucho que te quiero”.

   Besar sin decir ni una sola palabra. Os aconsejo algo muy sencillo: besarlo en silencio, sin decir ni una palabra, con ternura y delicadeza. Un beso tras otro, acariciando su carita y sus ojitos. Acabar con un suave abrazo y entonces sí, decirle susurrando al oído: “¡te adoro, hijo mío!”

   Un baño de bebés para adolescentes. Mis hijos ya son adolescentes pero de tanto en tanto les preparo el baño igual que cuando eran pequeños: con espuma y con su pijama y sus zapatillas al lado. Se sienten arropados y reconfortados con este detalle de su infancia.

   Una llamada inesperada. Durante cualquier día de la semana y a cualquier hora, contando con el beneplácito de los profesores, llámale al colegio y dile cuánto le quieres. El hecho de tener que salir de clase porque ha recibido una llamada especial de sus padres, con un mensaje positivo, le hará feliz durante todo el día. Los niños se sienten especiales cuando haces esto después de una fuerte discusión con ellos y ambos tenéis el “corazón roto”.

   “Siento haber gritado”. Cuando estás enfadado y tu voz “atruena”, les sorprenderá que te disculpes e intentes hablar con ellos para ver qué ha fallado en ese momento, buscando soluciones entre todos tus hijos, no culpables.

   Un picnic en la habitación. Para proporcionar con mi hija un tiempo especial y tranquilo conmigo, sin competencia de hermana, hacemos las dos solas un picnic en la habitación. Ponemos un mantel en el suelo como si estuviésemos en el parque, y tomamos la merienda con batido de chocolate y galletas. Esta merienda es “muy jugosa” y da para hablar de todo. Aunque solo dure 20 minutos es muy divertido y entrañable para las dos.

   Equivocarse no es malo. Unos minutos antes de dormir, repaso con mi hijo lo que hemos hecho durante el día y nos evaluamos mutuamente. Reconocemos que hay cosas que hacemos bien, que van dando los resultados que queremos y cosas que se pudieron hacer mejor. Vemos que fue lo que sucedió. Hacemos propósito de enmendar lo que se pueda y consideramos alternativas. Luego nos sentimos mucho mejor, con ganas de no caer en el mismo error y con energías para superar los errores. Vemos que equivocarse no es tan malo y hasta nos reímos juntos de algunos “tropiezos”.

   Reuniones familiares con aperitivo. Nosotros llevamos varias semanas haciendo reuniones familiares y a mis hijas les encanta ser las presidentas de la mesa y llevar la voz cantante en la reunión, dando turnos de preguntas, etc. Eligen un juego para el final de la reunión y se preparan su aperitivo cuando se da por finalizada. Se sienten partícipes de nuestra vida e importantes de poder influir en ella.

   Tras la pelea viene la calma. Después de pelearme con mis hijos, tengo la costumbre de no acostarme nunca sin haberles dicho: “Siento haberme enfadado contigo; te quiero tanto que debo hacerlo aunque eso nos duela a los dos. Te adoro, hijo mío”. Ya está. Salgo de la habitación y sé que mi hijo está enfadado pero también se siente amado.

   Ser por un día “el jefe de la casa”. A mi hijo le encantaría ser “el jefe de la casa por un día”. Todos no sometemos a su forma de pensar y actuar y, a la vez que él disfruta con el juego y se da cuenta de las consecuencias de sus decisiones, también le mostramos la responsabilidad que como padres tenemos que afrontar para resolver situaciones en casa y en el trabajo.

   Cambio de papeles. Cuando llego cansada del trabajo mis hijos y yo cambiamos los roles. Mi hija me dice: “Tú mami, eres la hija, tómate un café que mi hermano y yo te preparamos un baño”, y pasamos un bonito rato con cambio de roles: yo la hija y ellos los papás. Ellos se sienten importantes y protectores actuando como padres.

   Hacemos turismo juntos. Un fin de semana o un día libre tomen a su hijo de la mano y una cámara fotográfica. Salgan de paseo en su ciudad a tomar fotos como turistas. Se lo pasarán muy bien y además tendrán un bonito recuerdo en las fotografías. Descubrir tu propia ciudad puede ser más interesante de lo que os imagináis. Visitar barrios y calles antiguas y descubrir su historia. En esta actividad eran mis hijos quienes se ocupaban de averiguar las historias para después ser ellos ¡los que nos enseñaran a nosotros las cosas!

   Una sesión de cine familiar en casa. Prepara una cena en bandejas, apretujaros en el sofá con palomitas y a ver una peli. El último que se duerma apaga la tele. Puedes hacer también las entradas con papel y, con la luz apagada, uno de tus hijos puede ser el revisor con linterna incluida.

   Equivocarse es bueno. Nos hemos aprendido de memoria todos en mi familia una frase: “tranquilo, equivocarse es humano”. Cada vez que alguien se equivoca, rompe algo o incluso desobedece, todos decimos en primera instancia esta frase. Después, una vez más calmados, vemos el alcance del error e intentamos remediarlo y aprender de él. Nuestros hijos nos agradecen este preámbulo antes de corregirlos.

   Una pinacoteca en casa. Coloca alguno de sus dibujos en el lugar más importante de tu casa, ya sea la sala, la cocina o tu cuarto. Adorna la casa con sus dibujos: en marcos, pegados en el espejo de tu cuarto de baño, en la puerta de la nevera o de la entrada de la casa. Detente a contemplar sus dibujos y dile a tu hijo lo feliz que eres cuando los miras porque te recuerdan a él. Dile que sus dibujos son tan valiosos que vas a montar una pinacoteca: en un gran corcho coloca todos los dibujos que quepan y ves cambiándolos en función de su “producción”.

   ¿Me escuchas, papá?. Cada vez que tu hijo necesite hablar contigo y tú estés ocupado con algo que puede esperar, deja de hacer lo que estás haciendo, mírale a los ojos y dile que estás listo para prestarle toda tu atención. El sentirá que lo que tiene que decir es importante para ti, sea lo que sea.

   Un despertar de hermanos. Si tienes varios hijos, ves a despertar cada fin de semana a uno de ellos en compañía de los otros, creando un ritual divertido y “fraternal”. Anímalos a que hagan los mismo con vosotros, es decir, que svayan juntos a despertaros con besos y sonrisas.

   En busca del tesoro. El niño debe encontrar los mensajes encadenados a partir del primero que se le entrega en mano. Con una pista: “tengo patas y no sé correr pero si te pones encima me esponjaré” (el sofá). Otra pista: “Hay algo que te va a interesar. Para obtenerlo atento a estas instrucciones tienes que estar: saltando a la pata coja a tu habitación llegarás y una notita roja bajo el almohadón hallarás. Si cumples sus instrucciones más cerca del tesoro te encontrarás”. Allí se esconderá otra pista y así hasta encontrar el último mensaje donde el pirata les dice que como es un niño muy especial ha encontrado un tesoro especial: una merienda con tres amiguitos en casa, una sesión de cosquillas, un sobre con un papelito en el que ¡¡los Reyes Magos les han escrito una carta!! Lo cierto es que el tesoro es lo de menos, lo más bonito e importante es el juego y que se sientan especiales.

   Merendar a solas. El día de su santo/cumpleaños, cuando los otros hermanos están en sus actividades extraescolares (o se los han llevado alguna otra mamá) aconsejo ir con él a merendar solos (madre/hijo o padre/hijo). Es un momento especial para contar como le ha ido/te ha ido el día, para hablar de aquello que más le guste o le preocupe. Les gusta, y les hace sentirse importantes como personas y apreciadas por su madre/padre. Puede hacerse con los dos padres (quizá es lo que hacemos habitualmente) pero quizá esa sensación de exclusividad, de intimidad, de a dos se pierde.

   ¡Cosquillas en familia! Juntarse toda la familia en la cama de los padres y jugar a hacerse cosquillas y mimos. Con 10 minutos es suficiente porque luego “se emocionan” y entonces comienza a ser una actividad peligrosa para nuestra integridad física.

   Vales muy preciados. Regalarles “vales” para sus deseos favoritos que pueden canjear cuando quieran: “vale para ayuda en recoger la habitación”, “vale para acostarse tarde”, “vale para comer solo macarrones con tomate”, “vale para ayuda en los deberes”, etc.

   ¿Quién ayuda más en casa? Hacer un concurso entre todos los miembros de la familia de quién ayuda más en casa (el juez es la mamá, claro) y de regalo un deseo libre para hacer actividades juntos (cine, bolos, bici, película en casa con palomitas y perritos calientes, etc.)

   Un “desenfado” muy dulce. Si por la mañana, antes de ir al colegio, nos hemos peleado, incluyo (sin que se dé cuenta) una galleta de chocolate en su bocadillo del colegio. Al no esperárselo, se pone muy contenta y olvidamos ambas nuestras desavenencias. Cuando vuelve por la tarde siempre me agradece la sorpresita.

   Un bocadillo muy jugoso. Una muy buena idea es escribirles y mandarles cada día un mensaje especial en una servilleta dentro del paquete de su almuerzo. Por ejemplo: “Te quiero mucho”, “Que tengas un buen día”, “Esta comida esta hecha pensando para ti”, etc. Al principio nuestros hijos o hijas se sorprenderán, pero después esperarán con ansias la hora del almuerzo para leer su mensajito.

   ¡Yo también quiero jugar! Interésate por aprender a jugar a sus juegos electrónicos y jugar con ellos.

   Fin de semana familiar. Durante toda la semana, tu hijo puede ir metiendo en una cajita un deseo que quiera realizar con vosotros (salir a pasear, ir al cine, montar en bici, ir a comer fuera, visitar a alguien) y cuando llegue el viernes escogerá uno de ellos para realizarlo durante el fin de semana.

   La historia de sus vidas. Ver fotos con ellos de cuando eran unos bebés. Hablar de nuestras emociones y lo felices que nos hicieron. Recordarles las cosas que hacían, las anécdotas más divertidas, sus primeras palabras. Hablar de su “historia” y del sentido que su vida da a la vuestra.

   Sentirse útiles es sentirse especiales. Una manera de hacerles sentir importantes es permitirles sentirse útiles durante todo el año, por eso les permito que participen en todo lo que puedan (y que incluso no puedan) como montar muebles, cocinar, pintar paredes o arreglar objetos rotos.

   Elena Roger. Con la autorización de www.solohijos.com
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5 Responses to ¿Quieres sosprender a tu hijo?

  1. Carmen Toral Fernández dice:

    Eres estupenda Elena, he sacado fotocopias para leerlo una y otra vez y hacer todo lo que dices, es interesantisimo y muy gratificante encontrar una hoja que ya de antemano confio que me va ir bien con mi hijo, que tiene 10 años,tiene la autoestima bajisima, y todas o una parte parte lo vengo haciendo y me esta yendo muy bien. Muchisimas gracias.

  2. susy dice:

    Que Dios te bendiga, muchas gracias por tus ideas.

  3. Treyes dice:

    Muchas Gracias, muy interesante y digno de que todos los padres lo pongan en practica

  4. aramo dice:

    Hola Treyes:
    Me alegra que te haya gustado y servido este artículo.
    Encontrarás otros en:

    http://aramo.wordpress.com/?page_id=34

    Un cordial saludo de
    Arturo Ramo

  5. fabiola dice:

    Muy buenos consejos me agradaron y voy aplicarlos

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