Personalidad: El peligro de la trivialidad

Ser persona

   Las cosas son, con frecuencia, bastante más complejas de lo que a primera vista parecen. Es preciso tener en cuenta matices y detalles que, si no se valoran, muchas veces desfiguran la realidad.

La trivialización
es un peligro constante.

   Y podría decirse, como ha escrito Messori, que la verdadera cultura consiste precisamente en adquirir el sentido de la complejidad de las cosas, en rehuir las simplificaciones, en respetar el misterio que hay detrás de toda apariencia.

   Sin problematicismos patológicos,
hemos de procurar
ser lo suficientemente lúcidos
para profundizar en la realidad
sin empobrecerla.

   Para lograrlo, es importante –entre otras cosas– leer mucho y con acierto: es ese uno de los mejores modos de abrirse a lo que han expuesto con brillantez los más grandes pensadores, de poder entrar en las mejores cabezas del presente y del pasado.
Siempre está la excusa de la falta de tiempo, pero si uno sabe organizarse, siempre se puede quitar tiempo a otras cosas menos productivas. Y empezar quizá por un libro al mes, para procurar pasar luego a dos –no es tan difícil como parece–, o incluso a más.

   -—También en esto, creo que si muchos no leen más es, simplemente, porque no tienen mayores inquietudes.

   Por eso, fomentar el deseo de saber es lo que puede introducirnos de una vez por todas en el mundo de la lectura, tan necesaria para no ir por la vida a tientas. Una lectura atenta y reflexiva, puesto que la sabiduría no surge ordinariamente por generación espontánea.

   -—Pero supongo que no todos los libros han de exigir una lectura analítica y reflexiva.

   Todos no. Como decía Francis Bacon, hay libros para probar, libros para tragar, y otros, muy pocos, para masticar y digerir. Lo que sería una pena es reducirse sólo a los de evasión o entretenimiento.

   -—De todas formas, también la lectura se puede convertir en una adicción, y es bien conocido que el exceso de información nubla la inteligencia y favorece la pedantería.

   Si la lectura es indiscriminada y errática, existe ese peligro. Por eso decíamos antes que no se trata de un simple acopio de lecturas, sino de buscar el modo de comprender mejor el mundo, a los demás y a uno mismo.

   Por último, cabe añadir que otra actividad que contribuye a mejorar nuestra claridad mental es la escritura. Escribir ayuda a tender puentes con algunas zonas menos exploradas de nuestra mente, destila y cristaliza el pensamiento, nos facilita expresarnos con más precisión, glosar nuestras ideas con un poco más de método y de contexto, razonar con más rigor y hacernos comprender mejor.

   Por Alfonso Aguiló. Con la autorización de: www.interrogantes.net
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