Hijos con criterio ante la vida

Formar la conciencia

   Los niños nacen sin ningún tipo de expectativa ni opinión respecto a este mundo. Es cierto que llevan una estela de genes, determinados en algunos aspectos pero, en otros, libres como pájaros, a la espera de que unos adultos que los quieren les den lo mejor de sí mismos, los enriquezcan con sus valores y les doten de la humanidad que requiere la vida.

   Y en este tiempo que les ha tocado vivir, ¿sabes que quieres para tu hijo?
   ¿Muchos idiomas? ¿Qué obedezca a la primera o sea un estupendo estudiante? ¿Qué te respete y te quiera mucho?. Yo tengo claro que lo más valioso que podemos enseñar a nuestros hijos es a ser buenas personas, elementos de cambio de este mundo injusto que les ha tocado vivir. Consiguiendo esto, nuestros hijos serán felices el resto de sus días.

   Niños con criterio, hombres coherentes el día de mañana

   Deberíamos hacer cualquier cosa para que nuestros hijos, el día de mañana, tuvieran la entereza de no seguir a la masa, tuvieran suficiente criterio para no dejarse influir por la publicidad y medios de comunicación, que tuvieran la habilidad de pedir perdón cuando fuera y no fuera necesario, que pudieran solucionar sus conflictos trasmitiendo sus opiniones con serenidad, sin avasallar a aquel que no comparte sus ideas.

   Que no se creyeran el centro de su propio mundo ni del de los demás, que dedicaran sus mejores cualidades a hacer felices a los otros, que respetaran creencias, ideologías y personas diferentes o totalmente contrarias a ellos; quisieran que fueran personas de entereza, capaces de sacar fuerza de su flaqueza en los momentos difíciles.

   Que fueran de esas escasísimas personas que te encuentras a lo largo de la vida y que te inspiran el respeto y la admiración más profunda de tu alma.

   Lograrlo no es una quimera. Yo te animo a no tirar la toalla con tu hijo, a definir de nuevo objetivos educativos, a hablar con tu pareja de lo qué queréis para ellos, a leer e informarte, a valorar en su enorme medida la pequeña vida que depende de ti y que crecerá en función del legado que le des en vida.

   Ten cuidado con las pequeñas cosas del día a día que marcan invisible y permanentemente a los hijos y les forman el carácter. Tus palabras, tus silencios, tu postura ante cosas tan triviales como acabarse un plato de comida que no desean acabar o cómo responder a sus palabras de desafío o reto harán que interpreten el mundo de una manera u otra y adopten frente al futuro una postura determinada.

   Consejos prácticos para enseñar criterio y autoestima a los niños:

   Ten en cuenta algunas cosas que deberías poner en práctica desde el momento que abres los ojos por la mañana al despertarte y que ayudarán a tu hijo a crecer con criterio, con valores positivos y autoestima:

   Enséñales a “no tener”. Las carencias fortalecen el carácter y educan la voluntad. Aprender a pasar sin aquello que les hace tanta ilusión, sin la mochila de marca que tienen sus amigos, sin los cromos de la temporada o con una paga escasa, ayudan a los niños a “espabilarse”, a valorar lo que tienen y a disfrutar de las cosas sencillas. Sabrán agradecer los pequeños detalles y a recibirlos con humildad.

   Cuidado con las etiquetas que colocas a tu hijo. No solo estás restándole autoestima; además le estás ofreciendo un modelo lícito a imitar.

   – Incorrecto: Eres un bestia,Javi. ¿Ahora por qué has pegado a tu hermano?

   – Correcto: Pegar no es la forma de arreglar los problemas con tu hermano

   Valora a tu hijo por lo que es, no por lo que hace. Hacerlo así hará que tu hijo valore a sus semejantes por lo que son, no por sus logros o fracasos. No le premies/alabes porque ha metido un gol jugando un partido de fútbol porque el día que no lo meta no se creerá merecedor de tu cariño. Felicítale por su esfuerzo en el partido, independiente del número de goles marcados.

   Dale oportunidad de equivocarse y que aprenda de sus errores. Esto hará que sea más comprensivo con los errores de los demás, que asimile la experiencia como suya y no impuesta y que, en definitiva, se fortalezca como persona. Tu hijo ha olvidado la bolsa de deporte en casa. No se la lleves al colegio para evitarle la recriminación de su profesor. Dicha recriminación hará que en otra ocasión no se la olvide.

   Asegúrate de que tu hijo sabe que le quieres. Ellos hablan otro idioma emocional diferente al nuestro a sí que olvídate de las palabras. Decirle a un hijo que lo quieres es prestarle atención cuando la pide, no contestarle automática y ausentemente, cumplir lo prometido, dedicarle unos minutos exclusivos para él o poner una nota de agradecimiento por algo bien hecho en su libro de cuentos. Con seguridad, algún día te sorprenderá con un dibujo debajo de la almohada.

   Confía en tu hijo y no le sobreprotejas. Esta postura hará que no le asusten los desafíos y mire lo incierto con seguridad en sus capacidades. Alex de 12 años tiene que ir solo a comprar un parche para su bicicleta. Si le preguntas ¿Estás seguro que sabrás llegar? ¿No quieres que te acompañe? ¿Qué harás si te pierdes? estás contribuyendo a que efectivamente se sienta inseguro y acabe desorientado.

   Permite que tu hijo vea en la televisión o en los periódicos las injusticias de la vida, pero nunca solo sino contigo. Adapta la información y las imágenes a su edad pero no le ocultes la verdad. Tiene que saber desde pequeño que el resto del mundo no es cómo vive él. Él es afortunado y, al menos, debe saber que existe otra realidad aparte de la suya.

   Intenta que tu hijo se gane sus privilegios. No se los regales. Así le enseñarás a superarse, a encontrar valioso lo que se gana y a valorar en su justa medida lo que ya tiene. Si todos sus amigos van al cine el sábado pero él no ha cumplido con sus obligaciones durante la semana, no es merecedor de ir. No es un castigo sino una consecuencia.

   Enseña a tu hijo a perseverar en el esfuerzo, a acabar lo que empieza ya sea en cosas tan simples como un plato de comida, un juego o un trabajo.

   Ante un problema, no se lo soluciones. Con preguntas indirectas trata de hacerle pensar y encontrar por sí mismo la solución.

   Mira la televisión con él, enseñándole con tus comentarios a valorar en su justo punto lo que ve. No subestimes el poder de la televisión. Lo que tú construyes por un lado, una sencilla propaganda o película inapropiada lo puede destruir.

   Enséñale a responsabilizarse de sus propios actos. Tu hijo ha perdido un libro de la biblioteca. Acompáñalo a la misma, quédate junto a él pero permite que explique al bibliotecario el problema y asuma las consecuencias de haberlo perdido: comprar otro o soportar la amonestación/ vergüenza.

   Enséñale a comprender los sentimientos de los demás. ¿Cómo?

   Hablando de tus propios sentimientos: Estoy triste porque me has hablado con dureza.

   Verbalizando los sentimientos de tu hijo: Entiendo que estés decepcionada con Ana. Era tu mejor amiga y te ha fallado.

   Convirtiendo sus palabras en sentimientos: En la mayoría de los casos un “te odio, mamá; ojalá te mueras” significa “no sé como decir que estoy muy enfadado contigo”. Estas palabras de odio infantil no se arreglan con un bofetón en la boca o un castigo por falta de respeto sino hablando sobre el motivo por el que tu hijo está enfadado contigo y abrazándolo al final. Cuando un hijo se espera un castigo y le ofreces tus palabras de comprensión, lo has desarmado y has ganado la partida y su respeto, además de enseñarle a reconducir su odio.

   Entrenándole a sentir como sentirían los demás: ¿Cómo crees que se sentirá tu hermano después de haberle roto el libro?

   Enseñándole a reconocer sus sentimientos y expresarlo: Crees que he sido injusto contigo y que podía haberte preguntado antes de juzgarte

   Fomenta el intercambio libre de ideas y anímalo a expresar lo que piensa. Para los que les cuesta hablar cara a cara, puedes colocar un diario familiar en un sitio al alcance de todos. Cada miembro de la familia podrá escribir lo que piensa sin miedo a consecuencias. Con los más pequeños puedes colocar una gran pizarra en la cocina en la que dibujarán en función de sus sentimientos.

   Explícale el sentido de las normas y valores de casa para que las interiorice y pueda juzgar por sí mismo su conducta evaluando las posibles consecuencias de sus actos. De esta forma le ofreces a la larga un modelo de justicia. TTu hijo de 8 años sabe que si pone las manos en el cristal de la ventana luego tendrá que limpiarlo. Saber esto con anticipación hará que recapacite sobre su conducta y valore las consecuencias inmediatas.

   Tu hijo no se debe creer con derecho a todo. No pasa nada si no tiene la Play Station que tienen todos sus compañeros o si no tiene para merendar los deliciosos pastelitos de chocolate de su amigo Oscar. En realidad, sufres tú más que él y somos los padres, bien intencionados, los que en la mayoría de los casos les creamos las necesidades de tenerlo todo y ya.

   Acostumbra a tu hijo a colaborar en los trabajos comunes de la casa. Todos tenemos que ayudar en la familia sin esperar recompensa a cambio. Si lo haces así, a medida que crece, no le parecerá tan extraña la idea de colaborar con una ONG, compartir parte de su paga con personas necesitadas, visitar ancianos y, en definitiva, ayudar en la medida de sus posibilidades a su contexto inmediato.

   Que tu hijo vea que tienes unos criterios claros a la hora de decir “sí” o “no” a sus demandas y que no depende de tu estado de ánimo o de lo cansado que estés. Deben ver que toda actuación tiene un motivo y que nada es arbitrario. Si te piden diez veces un capricho y has decidido que no se lo vas a dar, no cedas aunque esas diez veces se conviertan en mil, ni por cansancio ni abatimiento. Además de reducir los caprichos y rabietas, les estarás enseñando a ser coherentes con ellos mismos.

   Enséñale a ser tolerante con las opiniones de los demás. Ayúdale a resolver conflictos, mediante las negociaciones y el diálogo, creando una “mesa de la paz”, un rincón al que van los miembros de la familia a reconciliarse. Aprenderán que las personas tienen puntos de vista diferentes y que, aunque no se compartan, es posible respetarlos cediendo unas veces y llegando a acuerdos otras.

   Y por último, aunque sé que ya te lo hemos dicho miles de veces, permíteme que lo repita: tú eres la persona más influyente en tu hijo y, en todas las edades de la vida, el modelo en el que se fijará, en positivo y negativo. Cuidado con lo que predicas y lo que haces. La coherencia es la primera regla en educación. ¡Practícala!

   Con la autorización de: www.solohijos.com
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One Response to Hijos con criterio ante la vida

  1. espero que esto le valga a alguien

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