¿Amor responsable o amor ciego hacia los hijos?

Amor sincero

   Amar sí, pero con responsabilidad

   Nace un nuevo ser. Un nuevo ser inmaculado, blanco, sin límites, infinito. Lo estábamos esperando hace mucho tiempo, es parte de nosotros y lo rodeamos de amor, de atención, de risas y ensoñaciones. Nos hace feliz sentir su corazón en nuestro pecho o verlo dormir junto a nuestra cama. Y ese bebé crece. Crece sin darnos cuenta, sin hacer un plan de futuro, un proyecto familiar; crece rodeado de cariño ciego, de satisfacciones e improvisaciones. Crece protegido, tan protegido que no tiene espacio para crecer.

   Para querer hay que aprender a querer

   Muchos padres quieren convertirse en amigos de sus hijos, en sus iguales; quieren diluirse en su mundo infantil y de esta manera ganar su admiración, sus secretos y su cariño fácil. Son padres pacientes que explican una y otra vez las razones de sus exigencias, que disculpan, que no utilizan su autoridad porque creen que pueden traumatizarles o herirles; que prefieren no intervenir antes que enfrentarse a sus hijos.

   Los hijos necesitan límites firmes para crecer equilibrados, necesitan discutir, aprender a negociar y a superar frustraciones. Nuestros hijos han de aceptar sus errores y aprender de ellos, asimilar la responsabilidad de sus acciones y saber solucionar sus problemas. Deben conocerse y saber controlarse, ser flexibles y reaccionarse libremente con su entorno, sin filtros, sin escudos, sin barreras. Con tan solo su educación, sus valores y su buen juicio.

   Y para conseguir esto es necesario que exista una estructura familiar clara, vertical, donde los padres están “arriba” y los hijos “abajo”.

   ¿Por qué? Porque los padres somos los adultos, los que podemos guiar y los que podemos poner normas y hacerlas cumplir y asimilar. Somos los que, con nuestra autoridad y firmeza, establecemos objetivos para nuestros hijos y ponemos los medios para conseguirlos.

   Los niños son niños. Los padres, los guías.

   Un padre es mucho más que un amigo

   Los padres “amigos” de sus hijos, los padres sobreprotectores, los padres que retrasan sus intervenciones educativas para cuando los hijos sean más mayores cometen un gran error.

   Desde que son muy pequeños hemos de prepararles para ser adultos responsables, para que aprendan a hacer lo que deben y no lo que les apetece; para que sepan que conseguir lo que se desea requiere esfuerzo, trabajo y, en muchas ocasiones, sacrificio.

   ¿Por qué has de evitar que se caiga y se dé un pequeño susto? Al hacerlo está aprendiendo a ser más prudente.

   ¿Por qué quitar la televisión cuando hay una noticia impactante sobre la desgracia de otra persona? Verlo junto a ti le permitirá valorar más lo que tiene y ser más empático con los demás.

   ¿Por qué has de prepararle la ropa del día siguiente? Si tu hijo tiene dos manos, dos piernas y dos ojos es capaz de hacerlo él mismo con la misma eficacia que tú.

   ¿Por qué has de premiarle con un viaje o una bicicleta por aprobar el curso? ¿Acaso no es su obligación, su única obligación?

   ¿Por qué tiene libertad absoluta para gastar su dinero en lo que quiera, incluida en esas cantidades insanas de “chuches”? ¿Desde cuándo los niños saben poner límites a sus apetencias?

   ¿Por qué puede salirse con la suya y evitar cumplir con sus tareas domésticas? ¿Acaso no es también su casa? ¿Acaso no cumples tú con las tuyas? ¿Por qué te conformas con que haga una cama mal hecha cuando tiene dos manos para poder hacerla correctamente?

   ¿Por qué le tratas y le hablas como si tuviera 7 años si en realidad tiene 11? ¿Por qué no le enseñas con esta edad a cocinar, a limpiar, a hacer recados, a responsabilizarse de la compra diaria del pan o del periódico? ¿Por qué sacas tú los platos del lavavajillas mientras él está leyendo tranquilamente un libro o jugando al ordenador?

   ¿Por qué le permites elegir el menú para cenar o la hora de irse a la cama? ¿Quién pone las normas en casa? ¿Tu hijo o tú?

   ¿Por qué, si tu hijo tiene la edad y la madurez necesaria, devuelves tú los videos en el videoclub o tiras las toallas sucias a lavar? ¿Quizás es porque tienen algún tipo de impedimento físico o psíquico o es quizás porque se lo impides tú mismo?

   ¿Por qué contestas tú por él cuando le preguntan algo y él se siente cohibido? ¿Acaso tu hijo es mudo o sordo? ¿Por qué no le das la oportunidad de superar su timidez, permitiendo su silencio?

   No te estás dando cuenta pero estás educando a un perfecto inútil
   Muchos de nuestros hijos crecen exigiendo, arrogantes e insatisfechos. Llega un momento en su vida (y hablo de niños pequeños de apenas 10 ó 11 años) que no tienen alicientes, ni inquietudes ni desafíos.

   ¿Por qué? Porque han llevado una vida cómoda, una vida “burbuja”, irreal y sobreprotegida. No se trata de buscarles experiencias desagradables para que se curtan pero sí de no evitar que aprendan del día a día, de las pequeñas dificultades y frustraciones; se trata de permitir que se fortalezca su carácter y se sientan seguros ante los desafíos normales, sin necesidad de depender de la protección o de la reafirmación de sus padres.

   Si quieres ser amigo de tu hijo, espera a que éste sea adulto y sepa valorar lo que tú has sabido hacer como padre.

   ¿Quieres saber cómo hacer de tu hijo una persona dependiente y pusilánime? Entonces, lee la página siguiente.

   Cómo conseguir un hijo pusilánime, irresponsable y dependiente

   Conseguir un hijo dependiente e irresponsable es muy fácil. De hecho, muchos padres lo consiguen sin proponérselo. Solo has de cumplir las siguientes recomendaciones:

   Justifica todos sus actos y echa la culpa a los demás o las circunstancias. Tu hijo siempre es una víctima inocente.

   Protégele para que no sufra. Evita que se decepcione, que se frustre o se enfade; evítale el dolor de sufrir por los demás; evita que se caiga y así no tendrá que esforzarse en levantarse.

   Trata de que no le falte nada. No es necesario que pase por las mismas carencias que has pasado tú. ¿Por qué tiene que prescindir de la Wii o del último modelo de ordenador si puedes permitírtelo?

   Razónale todo lo que le pides y nunca se te ocurra utilizar tu autoridad. Lo mejor para él es que obedezca porque quiere obedecer y lo cree justo y nunca porque se lo pide su padre/madre.

   Sé el mejor amigo de tu hijo, así no tendrás que pelearte ni discutir con él; serás popular y te querrá mucho.

   No le exijas demasiado no sea que se canse y se agobie. Baja tus expectativas para que pueda llegar a ellas sin esfuerzo.

   Fomenta su autoestima “sea como sea”: disculpa lo que hace mal, alábale y halágale en cualquier circunstancia; así tendrá una alta autoestima, falsa pero alta.

   Motívale a todas horas, hazle planes, búscale distracciones; organízale la vida para que no se aburra y sea muy, muy feliz.

   Atiende todas
sus demandas de ayuda: organiza su armario, prepárale su mochila, busca el libro que ha perdido, créete todo lo que dice cuando trae malas notas.

   Organiza tu vida en torno a él: tu hijo es lo más importante y vives para que él sea feliz.¡Sus problemas son los tuyos!

   No te enfrentes nunca a tu hijo, no le digas nunca “no” y así evitarás las luchas de poder. Si no quiere respetar las normas, dialoga con él y trata de convencerlo. Y si no lo consigues, piensa que no son tan importantes esas normas como para discutir con tu hijo.

   En las páginas siguientes, consejos para no sobreproteger a los hijos

   Consejos prácticos para evitar proteger en exceso a los hijos

   Haim G. Ginott, en su libro (que os recomiendo efusivamente) “Entre padres e hijos”, de la editorial Medici, afirma que “un buen padre, como un buen maestro, es el que se hace cada vez menos indispensable para los niños”.

   ¿Qué quiere decir esto? Pues que debemos enseñar a nuestros hijos a no depender de nosotros, a tener criterio, a crecerse frente a las adversidades, a desarrollar estrategias resolutivas. A continuación te proponemos algunos consejos que pueden servirte de ayuda a la hora de conseguir los objetivos anteriores.

   Cuida los mensajes que le das a tu hijo con tus palabras. Pueden esconder una actitud demasiado proteccionista, inconsciente pero proteccionista. Cada día ocurren decenas de circunstancias que sin darnos cuenta dicen a nuestros hijos que ellos mismos no se bastan y necesitan de nuestra ayuda:

   Esa pieza del puzle no va ahí, cariño, va aquí.
   Tú no puedes solito. Ven que te abroche los zapatos (por cierto, ¿cuántos niños de 10 años saben abrochárselos hoy en día?).

   Te voy a poner
guapísimo. Ven que te peine y te ponga colonia.

   Te pongo el bocadillo dentro de la mochila para que no se te olvide.

   Estos deberes son dificilísimos para ti. Deja que te ayude.

   No te preocupes, cielo. Encontraré tu peonza y cuando vuelvas del colegio ya la tendrás.

   Te he preparado la ropa de mañana.

   Deja que abra yo el paquete de galletas. Tú no podrás.

   Razonar, sí, pero a veces también hay que obedecer “porque sí”. Es conveniente racionalizar con nuestros hijos los motivos de determinadas órdenes pero también es cierto que en muchas ocasiones deben obedecer tan solo por confianza y por el prestigio que despertamos en ellos. No todo se puede ni se debe explicar.

   Si tu hijo no quiere ir de excursión pero tú crees que es conveniente que lo haga, una vez explicadas tus razones, debe ir, lo quiera o no. ¿Por qué? Porque es un niño y no mira a largo plazo, porque no tiene criterio y no sabe lo que es mejor o no para él. A veces los niños tienen que obedecer “porque lo dice su padre o su madre”

   Hazle progresivamente responsable de su comportamiento. Desde que es pequeño y debe recoger sus juguetes para poder volver a jugar con ellos en otra ocasión, hasta que es adolescente y debe controlar sus llamadas de móvil para poder pagárselas. Cada acción tiene una reacción.

   No le evites problemas. Tan solo ayúdale a enfrentarse a ellos, si es que crees que no podrá hacerlo solo. Y si es capaz, olvídate de él.

   No te anticipes a sus demandas. Si necesita ayuda ya te la pedirá. Si ves que tiene un problema con su hermano, dale tiempo y deja que ambos lleguen a una solución. No los subestimes, son más capaces de lo que crees.

   Fomenta las conductas apropiadas a su edad y no le rías las gracias por comportamientos que son muy infantiles.

   Exige trabajos de calidad. Asegúrate de que las tareas que tienen en casa son proporcionales a su edad y madurez. Y una vez que lo hayas hecho, exígeles que lo hagan bien. Comienza a exigir un trabajo de calidad y no te conformes tan solo con las buenas intenciones. Si han de fregar el suelo, han de hacerlo bien. Si han de limpiar los zapatos o hacer la cama, han de hacerlo lo mejor posible. Nada de “pobrecito, al menos lo ha intentado”

   Aunque su idea vaya a acabar en fracaso, deja que lo intente. Deja que tenga planes y que intente llevarlos a cabo aunque sepas de antemano que acabarán mal. Seguro que otra vez lo planeará con más estrategia.

   Fernando, 11 años. Quiere invitar a su amigo a jugar a casa. Se lo permites pero con la condición de que sea después de hacer los deberes. Es evidente para ti que no va a poder ser pues ya ha pasado media tarde y aún no ha comenzado a hacer los deberes.

   No le digas: Es imposible que hoy venga tu amigo. Es muy tarde y todavía te falta acabar los deberes y ducharte. Déjalo para otro día.

   Dile: De acuerdo. Acaba tus obligaciones y si te queda tiempo libre, llámale.

   Al acabar sus obligaciones y no tener tiempo de jugar con su amigo se percatará que necesita organizarse mejor, hacer los deberes más rápido o invitar a su amigo un día de fiesta. Tú no le has privado de aprender con su experiencia dándole la oportunidad de llevar a cabo sus planes, aún sabiendo que no lo conseguiría.

   Evita dar órdenes, recordarles o avisarles de todo lo que tienen que hacer. Si quieres que al salir se pongan el abrigo no digas: “poneros el abrigo que hace frío” sino limítate a decir “hoy hace mucho frío en la calle”. Si quieres que tu hijo recoja sus platos di: “Javi, hay un plato sucio en la mesa” y si quieres que ordene los juguetes di: “Los juguetes no están en su sitio”. Describe, no des órdenes.

   Deja que las consecuencias y las enseñanzas provengan también del exterior. No te responsabilices tú de todo. A menudo, son más eficaces las recomendaciones del exterior que las tuyas propias.

   Jorge, 13 años. Siempre te estás peleando con él para que se duche. ¿Por qué no dejas que sean sus hermanos o sus amigos los que se quejen a él de su mal olor? Dale tiempo y verás como llegan las quejas.

   No contestes a todo lo que preguntan tus hijos. Tienen derecho a pensar por sí solos, independientemente de la edad, a valorar opciones, a reflexionar. Si evitas con tus respuestas este proceso cognitivo evitas que se explore a sí mismo y madure.

   Luís 8 años. Tiene la misma tarde partido de fútbol y el cumpleaños de un amigo. Le pregunta a su padre a cual debe ir.

   No le digas: Ves al cumpleaños de Javi ya que juegas cada viernes al fútbol y cumpleaños tienes pocos. Además, estarán todos tus amigos de la clase y seguro que será muy divertido.

   Dile: ¿Qué te apetece hacer a ti?

   Debes cambiar tus respuestas y utilizar frases que le hagan pensar a tu hijo que crees en su capacidad de tomar decisiones acertadas. Y en su capacidad de rectificar si es que se equivoca. Con ello conseguirás que, además de fomentar la toma de decisiones y su autoestima, no tema a las frustraciones y éstas sean más un reto que un motivo de inseguridad.

   Debes utilizar frases hechas como éstas:

   Toma tú la decisión

   ¿Tú qué crees?

   Decide tu mismo

   Eso depende de ti

   Haz lo que creas más oportuno

   Ignacio, 7 años, siempre pregunta a su madre qué ropa se pone el fin de semana. Esta puede decirle directamente qué es lo más apropiado para ese día o explicarle escuetamente cual es el plan del día para que él tome su propia decisión:

   No le digas: Ponte el vaquero y la camisa de cuadros.

   Dile: Vamos a ir de excursión. Toma una decisión.

   Cuando corrijas su toma de decisión, hazlo describiendo, nunca criticando. En el ejemplo anterior, de nada sirve dejar que Ignacio decida por sí mismo la ropa que llevará ese día si luego nosotros criticamos duramente dicha decisión. Si consideras que se ha equivocado, limítate a describir la situación para que vuelva a tomar una decisión más apropiada: “Ignacio, hoy hace frío”. Sabrá que, además de la camisa, se debe poner también un jersey sin necesidad de que tú se lo digas.

   No le digas: Ignacio, ponte un jersey. Hoy hace frío

   Dile: Ignacio, hoy hace frío

   Por supuesto, olvídate de “¡Pero no ves que hoy hace frío! ¿Cómo se te ocurre no ponerte un jersey? ¿Es que quieres enfermar?”

   Debemos informar con claridad a nuestros hijos sobre donde empiezan y acaban los limites de libertad dentro de la familia, es decir, debemos asegurarnos que conocen las normas de la casa y lo que pueden o no pueden hacer y ser todo lo consecuente posible.

   Nico, 10 años. Sabe que la noche anterior a la clase de deporte debe preparar su mochila para evitar olvidarla al día siguiente. Conoce esa norma pero no prepara la mochila (es más interesante jugar con su hermano) y al día siguiente se va al colegio sin la mochila de deporte.

   Incorrecto: Llevas la mochila al colegio pues es la tercera vez que se le olvida este mes. Si hoy no va con la mochila, su profesor le va a reñir duramente así que es mejor que se la lleves.

   Correcto: No se la llevas porque crees que la amonestación del profesor será más eficaz que la tuya y le servirá para darse cuenta que las normas están para ayudarle y que sus actos implican consecuencias. Por la tarde, cuando en casa te explique lo que le ha pasado, le dices escuetamente que los días de deporte esperas de él que se lleve el equipo de deporte. Ni una palabra más.

   Hagamos ver a nuestros hijos que ser responsable conlleva ciertos privilegios, el principal, nuestra confianza. Da a tu hijo tanta confianza como te demuestre tener.

   Carolina, 12 años. Siempre que va contigo por la calle es prudente al cruzar los semáforos. Cruza cuando está verde y, además, vigila que los coches estén parados. No se distrae y va concentrada por la ciudad. Quizás es el momento de demostrarle nuestra confianza y decirle que se ha ganado un nuevo privilegio. Puedes decirle: He observado tu comportamiento en la calle y como me parece muy prudente y responsable, podrás ir tú sola los viernes por la tarde a casa de Maria (su amiga, que vive cerca).

   Fomenta el espíritu de satisfacción personal, es decir, que tus hijos hagan las cosas por sí mismos y no pensando en los demás. Su recompensa debe ser su propia satisfacción.

   Enrique, 16 años. Ha ganado el primer premio de redacción de su colegio.

   No le digas: Eres genial. Estoy muy orgulloso de ti. ¡Escribes tan bien!

   Dile: ¡¡Qué orgulloso debes estar de ti mismo!!

   Transige en las cosas sin importancia. Si tu hijo de 5 años quiere irse a dormir con la camiseta de su equipo de fútbol preferido, ¿qué hay de malo en eso? Estas son las pequeñas tomas de decisiones que ellos se pueden permitir. Respetar su decisión por nimia que nos parezca le proporciona seguridad y le da la sensación de ser diferente a los demás, de ser independiente a ellos.

   Ayudar ¡sí!, sobreproteger ¡no! Es muy habitual que los niños con algún problema añadido acaben con dicho problema más otros que, sin mala intención, les crea la sobreprotección de los padres. Si tu hijo es hiperactivo, disléxico o tiene cualquier otro problema diferencial, apórtale la ayuda que necesita pero, por favor, no le protejas ni lo compadezcas, sencillamente ayúdalo pero deja que se desarrolle con la mayor normalidad posible.

   Cuando tu hijo se esfuerza por superar un reto o un problema, es lógico sentir el impulso de ayudarlo. Sin embargo, si quieres ayudarle debes no ayudarle en ese momento. Tu hijo lucha para saber hasta qué punto es autónomo y su opinión sobre él mismo dependerá directamente de la frecuencia y manera en que le ayudes.

   Por Elena Rotger. Con la autorización de: www.solohijos.com

————-
Otros temas relacionados:
El riesgo de hiperprotección
Sobreproteger a los hijos
Otros artículos sobre la FAMILIA

Enviar a un amigo

Anuncios

2 Responses to ¿Amor responsable o amor ciego hacia los hijos?

  1. Rosa Valeriano dice:

    Excelente muy bueno este artículo me sirvió de mucho…

  2. SALMA dice:

    Completísimo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: