Cómo fomentar el sentido de la amistad en nuestros hijos

Generosidad

   Un caso real
   Nerea vino a verme para que hablara con su hija de 10 años. Estaba muy preocupada porque Ana, que así se llamaba, no tenía amigas, siempre estaba sola y las chicas de su clase nunca contaban con ella para nada.
   – Le han hecho el vacío. Pasan de ella.

   Me explicó que muchos días llegaba a casa llorando y que le contaba cómo las otras niñas no le dejaban jugar con ellas. Si podían le daban esquinazo de forma descarada, se las arreglaban para que siempre se quedara fuera de su círculo. Cuando su curso iba de excursión, nadie se quería sentar con ella en el autobús, entonces se ponía los cascos y hacía el viaje ajena al grupo.

   Pero lo que más hería a su hija era que sus compañeras bajaran la voz o cambiaran de conversación cuando ella se acercaba y que se mandaran mensajitos en trozos de papel. Una vez le llegó de forma fortuita una de esas notas y vio que decía: “¿Vendrás a mi cumple? Sí, pero supongo que Ana no irá, ¿no?”.

   – Se lo guardó en el bolsillo de la bata y yo lo descubrí -dijo Nerea con tristeza.
   – ¿Y qué hiciste?

   – A ella no le dije nada. Se lo conté a la madre con la que tengo un poco más de confianza, pero no le dio importancia, simplemente comentó: “Son cosas de crías”. Claro, como no es su hija!

   – Pero desde el colegio se habrá hecho algo, ¿no?

   – Sí, la tutora ha hablado de este tema con las niñas, pero ellas afirman que la culpa es de Ana, que “va a la suya” y que “siempre está criticando”.

   Le dije que hablaría con Ana y también con sus compañeras, pero que ante todo deberíamos profundizar en la forma de ser de su hija.

   La amistad: un asunto muy serio
   Recordamos con nostalgia a los amigos de la infancia, porque con ellos crecimos y compartimos juegos y aficiones. No los elegimos nosotros ni nos eligieron ellos, sino que la vida hizo que coincidiéramos en el mismo barrio, en la misma escuela o en el mismo lugar de veraneo. Sin saberlo nosotros ni pretenderlo ellos, nos ayudaron a superar ese egocentrismo pueril con que nacemos y aprendimos a golpe de amistad a colaborar y a ceder, a compartir y a respetar.

   Hasta los 4 años no se tienen propiamente amigos, pero a partir de esa edad se van creando de forma natural los primeros lazos de amistad. El niño comienza a salir de los límites del ámbito personal y familiar y se adentra ya en el escolar y en el social. Es un momento importante, porque nuestros hijos comienzan a tener amigos y sus amigos pueden convertirse en nuestros mejores aliados en su educación o, por el contrario, en un imprevisto obstáculo.

   Consejos prácticos para fomentar el sentido de la amistad en nuestros hijos
   Enseñarle a ponerse en el lugar de los demás. Esa sensibilidad para identificarse mental y afectivamente con el estado de ánimo del otro se llama empatía y juega un papel fundamental en la capacidad para tener amigos. El simpático se hace amigos con facilidad, pero el “empático” los tiene de verdad.

   Educarle en la generosidad, la apertura, la tolerancia, el respeto y la confianza. Son valores que le facilitará hacerse amigos.

   Cuidar su afectividad. Desde que nace debemos atender a su desarrollo afectivo con el fin de que en el futuro no sea una persona fría e insensible. Despertando sus afectos estaremos enseñándole a querer a sus amigos. Padres que han adoptado niños que han vivido en orfanatos tienen que enseñarles a besar o a hacer caricias porque nadie antes les ha besado o acariciado.

   Enseñarle habilidades sociales. Es normal que con sus amigos se peleen, por eso hay que enseñarle a jugar, a perder, a ganar, a respetar el turno, a ceder… Lo conseguiremos si de vez en cuando nos ponemos a jugar con él/ella.

   Tener en cuenta que los lazos de amistad en la infancia no tienen la fuerza que adquieren en la adolescencia. Por eso, no debemos preocuparnos en exceso porque vaya a dejar de ver a un amigo por un cambio de domicilio o de colegio, por ejemplo, ya que los niños tienen gran facilidad de adaptación en este aspecto.

   Facilitar que haga amigos. Tenemos que propiciar la relación con otros niños de diferentes maneras, como acudiendo a parques, apuntándole a ludotecas u otras actividades, invitando a otros niños a casa.

   Dar ejemplo. Que vea que nosotros también tenemos amigos y que le damos importancia a nuestra relación con ellos.

   Analizar la causa de la falta de amigos. Si nuestro hijo tiene dificultades para entablar vínculos de amistad, debemos ver si no sabe desenvolverse en sociedad, si es torpe o faltón, autoritario o demasiado tímido y ponerse manos a la obra para subsanar esas deficiencias.

   Conocer a los padres de sus amigos. Puede ocurrir, por ejemplo, que tengan costumbres o hábitos muy diferentes a los nuestros y eso pueda influir en la educación de nuestros hijos.

   Pedir ayuda al centro educativo. Casi todas las relaciones de amistad nacen y se fraguan en el colegio, por eso resulta muy oportuna la ayuda de los tutores y profesores para alentarlas o encauzarlas. Preguntemos si nuestro/a hijo/a tiene amigos, con quiénes va o cómo lleva esas relaciones.

   Fomentar de vez en cuando que vaya a dormir a casa de un amigo y que él venga a la nuestra. Sin que llegue a convertirse en una costumbre, le ayudará a conocerse mejor y a intimar más.

   Dar el primer paso con las personas más cercanas. El primer contacto social de un niño suelen ser sus hermanos o sus primos.

   Acostumbrarle a estar con gente. No debemos tener reparo en salir con él/ella de compras o de visita, en llevarle a comer fuera o a la casa de unos amigos. Si lo tenemos siempre encerrado, no aprenderá a relacionarse. En nuestra vida social también tienen que participar nuestros hijos.

   Promover actividades en grupo. Si nuestro/a hijo/a tiene problemas para relacionarse con los demás y le apuntamos a una actividad deportiva individual, como el tenis, la hípica o ciertas modalidades de atletismo, no le estamos ayudando en absoluto. En ese caso es mejor optar por un deporte de equipo, como el baloncesto, el fútbol o el balonmano. Debemos evitar que se vuelva adicto a actividades individuales como la televisión, los videojuegos o el ordenador.

   Ayudarle a ser asertivo/a. Ni el pasivo ni el agresivo triunfan en la amistad. Saber decir las cosas y decirlas, sin comerse a nadie y sin que te coman, con asertividad.

   En la página siguiente encontrarás un listado de películas que fomentan el valor de la amistad.

   Con la autorización de: www.solohijos.com
   Por Pilar Guembe y Carlos Goñi, autores del libro “¡Es fácil ser padres!”
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One Response to Cómo fomentar el sentido de la amistad en nuestros hijos

  1. jose angel reyes foes dice:

    Esto es muy importante cultivar estas semillas y la flor de la vida sera una flor muy excelente , gracias por este tema tan interesante saludos.

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