Rechazar tratamientos extraordinarios

Eutanasia

   Actualmente está en el debate social y en las conversaciones entre los jubilados la posible legalización de la eutanasia y el suicidio asistido con el peligro real de que otras personas ajenas decidan dar muerte a un enfermo o a un anciano en circunstancias poco claras.

   Puede haber confusión entre el derecho a rechazar tratamientos extraordinarios y el suicidio médicamente asistido.

   El enfermo tiene derecho a negarse a recibir acciones médicas extraordinarias incluso si esa decisión puede acabar con su vida. Los médicos no pueden forzar la administración de insulina a un diabético, ni a un paciente joven a vivir con un respirador, aunque su desconexión suponga la muerte para él. Algunos enfermos de cáncer prefieren el cuidado médico domiciliario antes de someterse a un tratamiento de quimioterapia o radioterapia, mucho más agresivo. En estos casos la práctica médica está dependiendo del consentimiento informado del paciente. Esto ocurre cuando el enfermo da su aprobación por escrito antes de someterse a una operación quirúrgica, que en algunos casos puede ser mortal. En todos estos casos el enfermo tiene derecho a iniciar un tratamiento o una intervención quirúrgica y a suspenderlos, sea cual sea su capacidad de salvar su vida.

   El suicidio asistido, por el contrario, busca acabar con la vida del enfermo, cuando éste la solicita. El enfermo puede pedir la muerte por sufrir fuertes dolores, pero también por presión de su propia familia o de los médicos. Cuando se alivian los dolores con los cuidados paliativos, nadie o casi nadie desea morir. la sedación suele ser un medio esencial y beneficioso del cuidado médico ofrecido a los enfermos terminales.

   Realmente nadie tiene derecho a “acelerar la muerte” del enfermo mediante la eutanasia ni por el suicidio asistido. Cuan este objetivo falla, como ocurre a veces, los familiares y el médico aplican otras técnicas como, como colocar bolsas de plástico en la cabeza para ahogar al paciente o poniendo inyecciones letales. Se justifican diciendo que quieren evitar a la víctima el dolor y el sufrimiento permitiéndole morir en paz y con dignidad. Curiosamente los partidarios de la eutanasia presenta el argumento de la “muerte digna” para imponernos sus objetivos mortales.
   El Tribunal Supremo de los Estados Unidos decidió el 26 de junio de 1997 que el suicidio asistido y la eutanasia no son un derecho constitucional y afirmó el derecho de los enfermos terminales a no sufrir. Esta sentencia constituyó un gran apoyo para los médicos que buscan la curación y el alivio de los enfermos en la fase terminal de su vida.

   Estudiando la experiencia de Holanda donde están aceptadas la eutanasia y el suicidio asistido, se comprueba que los enfermos son forzados con frecuencia o no son consultados, en la decisión fundamental de poner fin a su vida.

   Por otra parte, la mayoría de los
enfermos no quieren acelerar su muerte y raramente se plantean esta posibilidad si su sufrimiento es tratado adecuadamente con los cuidados paliativos.
   Arturo Ramo
www.aplicaciones.info
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