Las expectativas de los padres: un arma de doble filo

Solo hijos

   Nuestros hijos no son nuestra propiedad. Son un privilegio y una responsabilidad que tenemos por un periodo concreto de nuestra vida. No son una masa amorfa que nace con la esperanza de que tú le des forma y lo conduzcas por lo que tú crees que es lo mejor para él.

   Tu hijo nace con una personalidad muy concreta, con unos talentos y unas potencialidades que, si sabes aprovecharlas y desarrollarlas, le permitirán llegar a ser lo mejor que pueda ser. Sin embargo, no siempre lo mejor para nuestros hijos es lo que nosotros queremos.

   En ocasiones nuestras expectativas sobre ellos son asfixiantes. Volcamos en ellos nuestras ilusiones, queremos que sean aquello que nosotros no pudimos ser o les exigimos tanto que les obligamos a revelarse, mentirnos o anularse a sí mismos en pro del hijo perfecto.

   A los hijos hay que aceptarlos como son. Tal cual. El que pone peros, el que trata de cambiarlos excusándose en mejorarlos está cometiendo un grave error. Has de aceptar que no sea tan buen deportista, músico o artista como tú. Has de aceptar que no está dotado para el cálculo o la lectura. Debes aceptar que no es tan atlético ni sociable como a ti te gustaría. Que es torpe, hiperactivo, enfermizo o que tiene una dificultad intelectual.

   Has de aceptar sus gustos y sus inquietudes. Y llega un momento que debes aceptar sus decisiones aunque no te gusten. Y sus errores. Es necesario crearse unas expectativas sobre sus vidas pero, a medida que conocemos a nuestros hijos, éstas deben ir cambiando para adaptarse a ellos.

   Y una vez que has aceptado a tu hijo, tal y como es, tus expectativas se ajustarán a sus potencialidades. Entonces tu hijo sabrá que le quieres por encima de todas las cosas, independientemente de sus éxitos o fracasos, y se atreverá a desafiar a la vida y a sí mismo. En ese momento es cuando conseguirás sacar lo mejor de él. Y con muchas posibilidades, sabiéndose querido solo por el hecho de nacer y ser tu hijo, conseguirás las expectativas que te hiciste cuando nació: que fuera feliz y tuviera éxito en la vida. El éxito y la felicidad son subjetivos, no lo pierdas de vista. No te empeñes en que persigas tu sueño porque lo único que conseguirás es que te haga feliz a ti. No a él.

   Te animamos a que veas la película “Todos están bien”. Queremos que entiendas, de una manera ilustrativa, que la vida pasa muy rápido. Tus hijos crecerán sin que te des cuenta, dejarán el nido y volarán por caminos muy diferentes. Es fácil que sus caminos no sean los que trazaste para ellos. Pero siguen siendo tus hijos, aquellos niños de ojos brillantes que se chupaban el dedo por la noche y que saltaban de la silla cuando llegabas a casa por la tarde. Pregúntate ahora que estás a tiempo si tus expectativas están contribuyendo a hacerlos más fuertes y libres o más esclavizados a su temor por no decepcionarte o fracasar.

   Elena Roger. Con la autorización de: www.solohijos.com
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