Personalidad: Desconfiados y resentidos

Confianza

   Muchas personas tienen un profundo convencimiento de que en el mundo todo es egoísmo y mezquino interés.
    Y como ellos así lo piensan, les parece que lo normal y lo corriente es que todos los humanos sean también, como ellos, unos egoístas de muchísimo cuidado.

    Viven así una vida empobrecida, parece como que miran siempre de reojo. Son desconfiados. Es algo casi enfermizo.

    No hace falta insistir en lo negativo de ese planteamiento para la educación del carácter. La educación en la familia debe prender en un clima
de generosidad y de confianza,
de prestar ayuda siempre,
de no llevar cuenta de los favores,
de no pensar en si alguien es merecedor de un servicio,
de no tener en cuenta si nos lo van a devolver o agradecer.

   Error de educación

    Hay padres y educadores que empujan habitualmente a desconfiar, y cometen con eso un grave error.

    Es verdad que tampoco hay que pasarse por el otro extremo, porque pueden efectivamente acabar siendo unos ingenuos y que luego todo el mundo les engañe y nunca espabilen. Es preciso encontrar un equilibrio. Es verdad que ese peligro existe, pero es bastante menor que su contrario, y, además, es más fácil de corregir.

    Repasemos algunas ideas para facilitar un clima de confianza en la familia:

   Para tener muy en cuenta

    Más vale ser engañados alguna vez por los hijos que educarlos en un clima de desconfianza o de control policíaco.

    “Yo perdono, pero no olvido”, dicen algunos. En muchos casos, eso probablemente no sea perdonar, sino un refinado sucedáneo de resentimiento.

    Atención a las listas de agravios que guardan celosamente algunas personas, esclavas de sus viejos rencores. En lugar de dedicarse a vivir, parece que se recrean en recordar lo malo de sus vidas para sufrir doblemente.

    Se dice que para quien tiene miedo todo son ruidos. Para el que desconfía, todo son maniobras para aprovecharse de él. Sin embargo, las más de las veces son sólo fruto de su imaginación, y es su miedo lo que les angustia: no han logrado descubrir la maravilla de la confianza, son hombres esquivos y solitarios de espíritu.

    Confianza en los demás, para poder perdonar. Y perdonar es ser generoso en conceder oportunidades de enmendarse.

    A veces somos rígidos porque estamos inseguros, porque no nos lanzamos a educar en la confianza. Y la confianza es un gran medio de unidad y de educación.

   Su mala consecuencia

    La desconfianza está detrás de los resentidos que, después de recibir una herida, están decididos a no volver a confiar. Detrás de los solitarios, de los desamorados. De los viejos que se esconden desconfiados porque piensan que ya no valen para nada y todos les desprecian. De los enfermos que piensan por sistema que nadie les comprende. De los jóvenes que ven a los mayores como gente que jamás les podrán entender. De los tímidos, que se encierran dentro del propio corazón por miedo a abrirse.

   Por Alfonso Aguiló. Con la autorización de: www.interrogantes.net
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