Educación en la generosidad

Valores

   Los especialistas de psicología de la adolescencia parece que están de acuerdo en que el chico de diez a doce años empieza a tener relaciones de amistad y abandona el camino del egocentrismo infantil. Hasta esa edad tenía a lo sumo compañeros de juego, pero ahora empieza a pensar en los demás.

   Junto a esto, aún tienen manifestaciones y actitudes de egoísmo. A veces les molesta que otros disfruten más que ellos en los juegos o entre la gente. Otras veces tienen cierta tristeza o envidia de que otros tengan mejores habilidades sociales y triunfen con su palabra y sus explicaciones en la reunión de amigos. Con frecuencia les cuesta prestar sus cosas, compartir lo que tienen y ayudar a los demás. Estos sentimientos no solo están entre los jóvenes, sino que perduran en la madurez, porque todos tendemos al egoísmo.

   Hemos de preguntarnos todos y enseñar a preguntarse a los chicos de esa edad por los sufrimientos de los que están cerca: hay algunos que sufren porque les falta compañía, una persona con quien hablar con confianza, y sufren en silencio su soledad. Otros tienen necesidad de afecto en su corazón o de verdad en su cabeza. Ante estas personas que necesitan nuestra ayuda no podemos tener el hábito de dar un rodeo y pasar de largo. Más bien hay que hacer como el samaritano, dedicando el tiempo y la conversación para escuchar y hablar con el que lo necesita. A los chicos hay que enseñarles que además de hablar y contar lo que les gusta, cerrados en sí mismos, salgan de su egoísmo y se interesen sinceramente por los otros.

   Hay que esforzarse por tomar las riendas del propio carácter para llegar a ser lo que entendemos que debemos ser. Esto además tiene un premio: el ayudar y tratar de hacer felices a los demás encontramos la felicidad propia. El hacer el bien es un tesoro que podemos repartir y si no lo hacemos se pierde para nosotros y los demás. Porque los grandes enemigos de la felicidad son el egoísmo y la soberbia.

   Una forma de generosidad es procurar ser agradable a los demás, esforzarse por ser simpático y afable. Actualmente hay muchos hombres y mujeres que hacen esfuerzos costosos para adelgazar unos quilos o mejorar su aspecto, sin ser conscientes que siendo agradables a los demás, mejoran mucho más su propia imagen.

   El chico aprenderá sobre todo esto no a base de grandes discursos, sino respirando este ambiente en su propia casa, viendo que se habla bien de los otros, que se escucha con paciencia, que se eligen temas de conversación que gustan a los demás, etc.

   Arturo Ramo. 6-IV-2013
www.aplicaciones.info
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