La actualidad y nuestros hijos

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   Ante la catástrofe del terremoto y tsunami de Japón hace unos días, ¿no os replanteáis algunas cosas? Las guerras, las desgracias naturales y las que se busca intencionadamente el hombre, ¿no os marcan un camino claro a la hora de formar a vuestros hijos?

   El mundo en el que vivimos no es un mundo justo. El hambre, la corrupción, las desigualdades sociales, el racismo, la envidia, las guerras, los desastres naturales conviven con nosotros con absoluta normalidad.

   El mundo que les estamos dejando a nuestros hijos no es un mundo verde, ni limpio, ni fácil, ni equitativo.

   Encontrar en él la verdadera felicidad será difícil si no les enseñamos desde pequeños a distinguir entre vivir con sentido y trascendencia o sencillamente vivir epidérmicamente.

   Estos días de absoluta tragedia en Japón, en nuestras calles y en nuestros colegios los niños continúan sus vidas como si nada hubiera pasado. Muchos de ellos ni siquiera se han enterado de lo ocurrido. Quizás a algunos sus profesores no les han explicado nada al respecto o sus padres han decidido que todavía no estaban preparados para ver tanto sufrimiento.

   La actualidad influye en nuestros hijos más de lo que nosotros pensamos. Si no se la explicas e interpretas a tus hijos, otros lo harán y posiblemente su versión y sus valores no concuerden con los tuyos. También pueden correr el riesgo de angustiarse o insensibilizarse ante el dolor ajeno. En cualquier caso, es necesario hablar con los hijos del dolor y la muerte porque esa es nuestra actualidad y vivimos en ella.

   Ante esta trágica noticia, te proponemos dos acciones educativas:
Replantéate tus objetivos educativos: ¿Estás educando a tu hijo con criterios de solidaridad y fortaleza? ¿Tienes claro los valores que tu hijo va a necesitar para manejarse en este mundo tan contradictorio? ¿Le estás dando herramientas para gestionar sus caprichos y sus frustraciones? ¿Le estás educando con la filosofía del esfuerzo o por el contrario obtiene casi todo sin ganárselo? ¿Qué estás haciendo para fortalecer los lazos familiares? Piensa si en algunos aspectos importantes no te estás dejando llevar demasiado por la fuerza de arrastre de la sociedad, del qué dirán, de lo cómodo.
Ante una noticia como el terremoto de Japón, dedícale un tiempo con calma a hablar del tema, adaptando la información a su capacidad madurativa. Dale siempre una visión esperanzadora y optimista.
Háblale de las pérdidas pero también de la gran solidaridad y civismo que ha mostrado el pueblo japonés. Explícale que la sociedad japonesa, basada tradicionalmente en la familia y el trabajo, está acostumbrada a este tipo de catástrofes y por eso ha desarrollado un sentimiento de socorro mutuo y una cultura cívica que les permite reaccionar proactivamente en caso de accidente.
Explícale que es un país con muchos habitantes y poco territorio que requiere una gran dosis de civismo para que todo funcione bien; por eso, desde pequeños se les inculca la necesidad de actuar sin molestar a los demás y, más aún, tratando de ayudar a los demás. Todas las catástrofes muestran lo mejor y peor del hombre. Aprovecha para hablarle de la grandeza humana.

   Consejos prácticos para ayudar a los niños a afrontar la actualidad

   Los medios de comunicación transmiten la cruda realidad con pretendida objetividad y sin mirar a quién. En su caso, la palabra objetividad no significa decir las cosas como son, sino como las presenta el objetivo de la cámara.

   Nos muestran una realidad pasada por el obturador, despojada de todo lo que no sea informativamente interesante, lo que hace que las más de las veces la información se convierta en tosquedad, crudeza y parcialidad. Pero si esas cosas que llenan la actualidad afectan a los adultos, ¿qué repercusiones no tendrán en la mente de un niño?

   Lo que no podemos hacer con nuestros hijos es, por una parte, triturarles la comida y, por otra, hacerles tragar las noticias en crudo; acunarlos para que se duerman y, a la vez, atemorizarlos con las imágenes de guerras y atentados; no decirles que el leñador mató al lobo y, en cambio, dejarles ver asesinatos en directo.

   La realidad está ahí y no podemos obviarla, la actualidad hierve en noticias sangrientas, tremendas y grotescas, que no podemos esconder debajo de la alfombra.

   Quizá ciertos sucesos tengamos que guardar fuera del alcance de los niños, sin embargo, hay cosas de las que se van a enterar y otras que tenemos que decírselas nosotros, la cuestión está en cómo hacerlo. Estas orientaciones nos pueden ayudar en esta difícil tarea:

Estar atentos a las reacciones de nuestros hijos ante noticias especialmente trágicas como guerras, atentados, catástrofes, accidentes. Este tipo de contenidos suelen provocarles ansiedad, miedo, inseguridad, obsesiones, tristeza.
Evitar que reciba demasiados estímulos negativos especialmente mediante la televisión. Si ha oído o visto algo, no podemos disimular o cambiar de tema, sino explicárselo de manera que lo entienda y no le genere angustia. Cuando la noticia sea importante o próxima, hay que adelantarse a explicarle lo que ha ocurrido antes de que reciba la información por otro lado.
Explicar al ritmo de las preguntas que nos haga, sin explicar más de lo que pueda entender ni menos de lo que necesite. Debemos ser lo más claros posible y ponernos a su nivel.
Ayudarle a exteriorizar sus temores. En el caso de que se encuentre preocupado/a por un tema, es muy bueno facilitarle que manifieste lo que siente mediante dibujos, conversaciones, cuentos, juegos. Un dibujo puede ser una válvula de escape mediante el cual saca su angustia y canaliza sus temores.
Estar atentos a sus cambios de apetito, de falta ganas de jugar, de desatención, etc. Pueden ser síntomas de un exceso de preocupación por algo que ha visto u oído. Pedir ayuda a la escuela. Muchos centros escolares, ante una noticia impactante, realizan actividades de concienciación y asimilación. Si vemos que nuestro hijo o hija está ansioso/a por algún acontecimiento, podemos acudir al colegio para ver la conveniencia de tratar el tema en clase.
Darle mucho cariño. El afecto le otorgará seguridad para afrontar el varapalo.
Enseñarle a distinguir la realidad de la ficción. Lo que ocurre en las películas, aunque lo parezca, no sucede de verdad: hay actores que interpretan un papel, decorados y efectos especiales; lo que nos muestran los Telediarios o los periódicos, en cambio, es real. Saber distinguir entre fantasía y realidad es el primer paso que le debemos ayudar a dar. Y así como el cine es cine, no podemos pretender disimular la realidad.
Analizar cómo vivimos nosotros ese tipo de noticias. Veamos si nos angustiamos en exceso o qué comentarios hacemos, porque quizá estamos emitiendo más temor que la propia tele. Transmitiremos calma si nosotros estamos calmados; si estamos ansiosos, transmitiremos ansiedad.
Aprovechar estas situaciones para hablar sobre el dolor y la muerte. Son temas que no podemos eludir y que tenemos que afrontar y enseñar a afrontar a nuestros hijos. Algunas noticias nos brindan la ocasión para tratarlos con ellos.
Tomar iniciativas de solidaridad, como asistir a manifestaciones o colaborar en acciones de ayuda a los afectados de una guerra, una inundación, un terremoto o un atentado, donar sangre. De esta forma verá que no somos indiferentes a lo que ocurre en el mundo y que lo importante es buscar soluciones.
Volver a la rutina normal cuanto antes. Tras una noticia que le haya conmocionado, hay que intentar no darle demasiadas vueltas y volver a la normalidad lo antes posible.

   A la hora de explicar un hecho trágico, deberemos:
Desdramatizar la situación y mantener una actitud serena.
Comunicar optimismo y la seguridad de que todo se arreglará.
Transmitir la idea de que las personas son buenas y que los que hacen el mal son una minoría, gente con problemas o que, en el fondo, no saben lo que hacen. Le podemos poner ejemplos positivos de gente buena y solidaria.
Inculcarle que, a pesar de las apariencias, son cosas poco frecuentes, excepciones, y por eso son noticia.
No rehuir las preguntas. Si lo hacemos, buscará las respuestas en otro lado. Al revés, tenemos que alegrarnos porque nos lo pregunte.
Adecuarnos a la edad, a las circunstancias y al lenguaje del niño.

   Por Elena Roger. Con la autorización de: www.solohijos.com
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