Hacia una educación sin castigos

Disciplina

    A pesar de transcurridos más de cuarenta años todavía recuerdo, nítida mente, a mi maestro de escuela. Era alto, delgado, de tez morena y usaba gafas graduadas. Fumaba todos los días dos cajetillas de Ducados delante de nosotros (el maestro antes podía fumar en clase) y en la mesa nunca le faltaba su vara delgada de avellano, excepto cuando venía de visita la inspectora. Huelga decir que la vara de avellano la utilizaba con asiduidad, (por no decir constantemente), en nuestras espaldas o pantorrillas, simplemente por hablar, reírnos o no estar atentos en clase.

    Al final, la historia terminó volviéndose contra él. Uno de los alumnos mayores de la clase, cuando el maestro, como era habitual, le propinó un fuerte golpe en la espalda con su vara de avellano, se levantó (ya que estaba castigado de rodillas) y se volvió contra él, propinando al maestro un fuerte golpe en la cara rompiéndole las gafas.

    Sé que poco tiempo después el maestro se jubiló (nada menos que a los setenta años) y, unos años después, murió prácticamente solo en un hospital. Al funeral asistió muy poca gente y tan sólo dos, de los miles de alumnos a los que les dio clase a lo largo de sus muchos años como maestro, estuvimos en su entierro.

    Pienso que este ejemplo no es, ni mucho menos aislado, sino que desgraciadamente era habitual en muchas escuelas y colegios durante la década de los cincuenta y sesenta en España. Afortunadamente relatos de este tipo ya han pasado a la historia.

    Sin embargo, hoy en día, nos encontramos con otro tipo de castigos, no corporales por supuesto, pero inútiles además de antipedagógicos. Con cierta frecuencia me encuentro que un alumno o varios están castigados a copiar mil veces: “No hablaré en clase”,“En clase he de guardar silencio” o “No me reiré en clase”. ¿De qué sirve copiar frases de este tipo?.Pienso que solo sirve para que el alumno pierda el tiempo y se distancie más del profesor o profesora que aplica este método. En todo caso, de copiar, que copie un te ma, realice un resumen o esquema de la unidad que estemos viendo en clase; al menos le puede servir para preparar el próximo control.

    Otro castigo con el que uno se puede encontrar es el alumno castigado sin recreo. Este sistema disciplinario, en un principio, puede servir para algo siempre y cuando el alumno no pierda el tiempo mirando para las pare des o jugando con otros compañeros castigados. Para que dé cierto resulta do esta medida el profesor deberá estar a su lado mirando que realice las tareas o estudie algunos apartados de la unidad que se está desarrollando en el aula. Por supuesto, no podemos excedernos y castigar a un alumno quince días o un mes sin recreo, ya que los alumnos, al igual que los profesores, debemos de tener una media hora de tiempo libre para interrelacionarnos, contarnos anécdotas, dialogar sobre cualquier tema de actualidad, jugar al fútbol o al baloncesto, leer el periódico o tomar un café.

    Hemos de procurar no caer en un excesivo rigor disciplinario e intentar atraer a nuestros alumnos utilizando en clase algunas argucias que puedan sernos útiles. Recuerdo que el año pasado tenía una alumna en clase que siempre estaba seria y de mal humor. Intenté, varias veces, que cambiase su actitud pero no había manera. Un día se me ocurrió decirle: “Mira si dejas de estar tan seria en clase te doy un euro al final de la semana”. Al día siguiente me dijo: “Profe ya verá como ahora estaré menos seria” y, efectivamente así fue. Este año me recordó que le debía tres euros.

    Otra forma de atraer a los alumnos y crear cierta empatía es servirles en lo que uno buenamente pueda. Hacerles algunos pequeños “favores”, como puede ser abriles la puerta del aula para que puedan entrar y sentarse sin que tengan que estar de pie cierto tiempo hasta que les abra el tutor, o ir a la cafetería a la hora del recreo y llevarle un pincho a un alumno al que se le olvidó el bocata en casa y no puede salir a comprarlo a la hora del recreo porque no les está permitido salir a la calle.

    Para estimular a los alumnos a la lectura puede ser interesante el decir en clase, después de leer un poema de Jorge Manrique o de cualquier otro poeta, que busquen en su pequeña o gran biblioteca de casa el libro del que hemos leído ese poema o bien que lo saquen de la biblioteca del colegio o del barrio donde residan para que el alumno lo traiga a clase y lea otro poema. En esa misma línea, de estimular la lectura entre los alumnos, me gusta hacer, de vez en cuando, algún sorteo en clase de un libro; prácticamente todos ellos se apuntan a este “sorteo cultural” y están atentos y pendientes de a quién le ha tocado el premio.

    En definitiva, debemos de procurar no excedernos en ciertos castigos que, además de antipedagógicos e inútiles, nos distancian de nuestros alumnos y no sirven para nada. Acercarnos, estar próximos a nuestros alumnos, interesarnos por ellos ayudándoles en lo que sea necesario, genera unas buenas relaciones entre alumno-profesor y ello redundará, indudablemente, en una mejor calidad educativa.

   Benedicto Cuervo Álvarez.
————-
Otros temas relacionados:
Prevención de problemas en los institutos
Los castigos y sus consecuencias
Otros artículos sobre la DISCIPLINA
Enviar a un amigo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: