POLíTICA Y BIEN COMÚN

niño

 

Se puede definir la Política de muchas maneras; algunas de ellas son: “Es el arte de lo posible”, “La satisfacción de las necesidades y aspiraciones de una sociedad”, “La mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos”, “La priorización de los objetivos señalados como posibles para una buena labor de gobierno” “La realización del bien común a favor de los ciudadanos de una nación”,

“El gobierno y la intervención en los asuntos de la ordenación jurídica y del orden público que afectan a todos los miembros de una determinada comunidad”, etc. Desde luego, lo que no es la Política es una ciencia, entendiendo ésta como el conjunto de verdades, todas ellas verificables y demostrables en la práctica experimental, sino que es más bien un arte, el arte de gobernar a los pueblos y por tanto, algo sujeto a la habilidad y destreza dialéctica del que lo ejerce.

El Poder político, en democracia, es la facultad otorgada por el pueblo a algunos ciudadanos para que, en su nombre gobiernen la sociedad y adopten las decisiones necesarias a fin de que, las relaciones entre ellos transcurran en un clima de paz, justicia y desarrollo material, mediante las leyes y disposiciones adecuadas a tal fin, de modo que se asegure y garantice lo que se llama el Estado de Derecho. El problema humano que suscita la detentación de ese poder, es que los políticos elegidos libremente en democracia, difícilmente se sustraen a la tentación de abusar de él en su propio beneficio por encima del beneficio o bien común de todos los ciudadanos. Circunstancia más acusada aún, cuando el poder lo ostenta un tirano que lo ha usurpado por medios ilícitos en derecho e impone su criterio sin considerar las opiniones de los gobernados. Un inglés, Lord Acton afirmó con conocimiento de causa que, “el Poder corrompe y el Poder absoluto corrompe absolutamente” destacando la dificultad de todo gobernante de evitar el abuso al que se siente inclinado al tomar constantemente decisiones en todos los ámbitos de la sociedad que gobierna, sin tener en cuenta apenas o incluso nada en absoluto, las opiniones de los demás e incluso engañando con su promesas a los ciudadanos.

Ahora bien, el Poder político es, como todo descubrimiento científico o tecnológico y toda actividad humana, algo que se puede utilizar para bien o para mal,  en beneficio de todos los ciudadanos de un país, o en beneficio de unos pocos por encima del bien común de todos. En el primer caso, ese poder mejora al político, lo hace mejor persona, y en el segundo lo corrompe, y escandaliza a los que dependen de él o sufren sus decisiones.

La mejor definición del bien común que conozco, es la que aparece en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, cuando en el número 407 dice: “Por bien común se entiende el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible, a los grupos y a cada uno de sus miembros, el logro de su propia perfección (o satisfacción)”. Y sigue diciendo el mismo Compendio en el nº 408: “El bien común supone: el respeto y la promoción de los derechos fundamentales de la persona, el desarrollo de los bienes espirituales y temporales (o materiales) de la persona y de la sociedad, y la paz y la seguridad de todos”. Poco hay que añadir a estas definiciones que clarifican definitivamente el panorama en el que debe desarrollarse la actividad política de los gobernantes.

El problema aquí se presenta constantemente en las sociedades democráticas libres, cuando muchos o la mayoría de sus políticos, rechazan con sus decisiones el bien común, faltando a la justicia y a la moralidad de las leyes que promulgan e imponen sus criterios partidistas a los demás miembros de la comunidad que se trate. Pervierten de este modo la que debería ser una noble actividad humana: la política. En este caso, por desgracia generalizado, la Sociedad debe exigir esa moralidad y esa justicia, exigiendo los debidos controles, para que esos políticos nefastos, no puedan ejercer su actividad de modo innoble a favor de sus intereses y en perjuicio notorio del bien común o interés general.

Roberto Grao

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