La vida es sagrada

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El tema del aborto provocado salta una y otra vez a primer plano de actualidad, siempre suscitando controversia. En el único aspecto que una gran mayoría manifiesta unanimidad es en considerarlo un hecho negativo, que no se desea. Pero paradójicamente sus cifras van en constante incremento.

Quizá habría que revisar los contenidos de lo que hoy se denomina “educación sexual”. La cuestión es difícil, porque la sexualidad tiene muchas implicaciones, y el asunto no se puede despachar desvinculando el sexo de la posibilidad de engendrar, ya que según la naturaleza alguna relación tiene.

Los estándares de la educación sexual tal vez deberían prescindir de su actual contaminación ideológica, y en cambio, considerar la sexualidad como una facultad sublime que permite transmitir la vida; y también valorarla como expresión de afecto y de complementariedad, no sólo biológica sino total, entre hombre y mujer. Todo esto es serio y muy importante. Pero si por educación sexual se entiende promocionar la utilización de preservativo o píldora poscoital, algo serio se banaliza. Y si se tratan con frivolidad cosas importantes, sus efectos pueden ser no deseados, porque burlar a la naturaleza no suele salir gratis. A nivel individual, el sexo configura la base de la personalidad; a escala sociológica la sexualidad también tiene repercusiones importantes: si la tasa de nacimientos no es suficiente para asegurar el relevo generacional, la población envejece, con sus inevitables consecuencias negativas para la democracia.
José Murillo
Foro Independiente de Opinión

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