EL ATEÍSMO Y STEPHEN HAWKING

 

 

Stephen Hawking es además de un eminente científico, una persona admirable por muchos aspectos, entre los que se encuentra la lucha contra una enfermedad que hace tiempo lo mantiene completamente inmóvil y dependiente de los demás.

 

Dicha inmovilidad no le impide dar, de vez en cuando, conferencias sobre lo que es su materia: la física teórica aplicada al cosmos, a la astronomía. Últimamente y dentro de sus declaraciones a la prensa ha afirmado: “Soy Ateo. Dios no existe. La idea de Dios no es necesaria para explicar el origen del Universo”, todo ello mediante un sintetizador de voz que traduce de un sensor, los pocos movimientos que puede hacer con los músculos de la cara.


El ateísmo de Hawking me da un poco lo mismo. Personalmente creo que la fe nos la ofrece Dios y Hawking, que por estudiar el cosmos, debería estar más cerca de Él, la rechaza. Allá él con su conciencia. Lo que sucede es que hay tres aspectos que le debo criticar:


El primero, es meter a Dios dentro de la ciencia. ¡Hombre!, yo creía que Hawking era más inteligente. Si Dios pudiera ser demostrado mediante la ciencia, no haría falta la fe. Negarlo sería de necios, sería como negar la Ley de la Gravedad. No, Dios no puede estar dentro de los parámetros científicos, porque es inconmensurable. Del mismo modo que no puede demostrarse su existencia por medio de la ciencia, tampoco puede demostrarse que no existe usando métodos científicos, luego Hawking puede hablar de su ateísmo, no como científico, sino como persona.


El segundo aspecto a criticar es la ostentación que del ateísmo hace: “Soy Stephen Hawking, vengo a hablar de Física Teórica y soy ateo”. Si yo dijera sin venir a cuento que soy creyente, se me podría catalogar de cretino colosal. Por lo tanto yo le critico a Hawking, que haga gala de sus no creencias sin venir a cuento, una especie de apostolado del ateísmo aprovechando la importancia de su figura. Y aquí viene el tercer aspecto a criticar, del cual Hawking no es ciertamente culpable: el alto grado de estupidez de algunos periodistas y algunos medios de comunicación que resaltan el ateísmo de este, para sibilinamente inferir: “Dios no existe, porque ¡fíjate! con lo listo que es Hawking, si él dice que no existe…” A este razonamiento se le podría aducir que hay muchísimos científicos, quizá no con la repercusión de Hawking, pero si con una similar inteligencia, que si creen en Dios, aunque no hagan gala de ello, ni ningún periodista les pregunte por sus creencias.


No existe un enfrentamiento entre ciencia y religión: ningún científico tiene que renunciar a sus creencias para desarrollar su profesión. La ciencia no tiene respuestas para todo como se puede pensar hoy en día, es más cuanto más sabemos, más es la sensación de que lo que no conocemos es todavía mucho mayor; y por último, cuando en una noche estrellada, uno mira al cielo y sobrecogido por la belleza de un universo que se adivina inmenso y maravilloso, se hace las tres preguntas importantes: “¿Quién soy? ¿De donde vengo? Y ¿Adonde voy?; la ciencia no tiene la respuesta, esa respuesta solo está en Dios.

ALEJANDRO PEREZ BENEDICTO

 

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