¡Hoy tengo partido!

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   “¿Ya tienes preparada la bolsa de deporte? ¿Has cogido la toalla? ¿Quién juega de portero? ¿Que no ha llegado el entrenador?”… ¡Uf! Se podía haber dedicado a otra cosa, pero al final todos nos empeñamos en que hiciera deporte y ahora empieza el campeonato y ya no vivimos. Total, pierden dos de cada tres partidos pero… en fin, lo importante es participar, ¿no? Pues venga, a participar.

   ¿En qué estaría yo pensando cuando dejé que se apuntara al equipo de baloncesto del “cole”?

   Uno de los caminos que la mayoría de padres y madres hemos de andar con nuestros hijos es el de la iniciación en los deportes de equipo; un paso más en la educación que también tiene sus reglas de juego.

   Aproximadamente entre los 7 y 9 años se forman los primeros equipos que compiten no sólo con otras clases del centro escolar sino también con otros centros cercanos. Nuestros hijos se ven tentados a participar animados por compañeros, maestros o por nosotros mismos porque pensamos que les gustará, aunque no siempre resulte así. A veces no les apetece demasiado y la mayoría de ellos, cuando empiezan, no tienen muy claro por qué han de hacer deporte, sin embargo, todos suelen afrontarlo como un divertido juego de participación.

   Debemos estar preparados y concienciados para el tormento inicial que suponen los partidos a deshoras, los fines de semana ocupados, los entrenamientos que acaban tarde, así como para soportar el vaivén entre un grado elevado de aburrimiento y otro tanto de paciencia que se sufre en los primeros partidos de, literalmente, patio de colegio.

   Entrar en el circuito de los deportes de equipo significa replantear el tiempo de ocio de toda la familia

   Como elemento de socialización es una experiencia altamente recomendable puesto que nuestro hijo aprende a:
· compartir con su grupo objetivos comunes
· expresar emociones: alegría o tristeza ante el resultado obtenido por su equipo
· enfrentarse quizás a los primeros “éxitos” o “derrotas” de su vida
· comprender que el esfuerzo y la preparación son un paso previo a la consecución de una meta

   En este sentido los padres veremos reforzado, de manera muy natural, un valor educativo que puede significar el eje central de la personalidad que deben construir nuestros hijos.

   Iniciarse en un deporte no es un juego sin ninguna trascendencia por el que podemos pasar como por capricho, encierra la obligación de compartir, de organizarse en el grupo, de formar parte de él, de no “pasar” de lo que ocurre en el campo, de respetar al contrario. Ganar es la meta del deporte de competición pero realmente lo importante no es sólo la victoria sino todos los valores que, con ella o sin ella, han de potenciarse.

   La familia y su implicación son fundamentales para el nuevo deportista que ha de sentirse respaldado y reconocido por su entorno, por nosotros. Hemos de verle actuar, comentarlo con nuestros conocidos cuando pueda oírnos, hacer que personas queridas vayan a verle si es posible y siempre, siempre, felicitarlo por su entrega, por su esfuerzo, por el resultado, por cualquier motivo por leve e intrascendente que parezca.

   En caso que su actitud no haya sido correcta debemos hacerle observar su dejadez o desinterés, su falta de compañerismo, su agresividad excesiva o su falta de respeto por el contrario o las normas establecidas. Si no lo ha hecho bien en el terreno de las actitudes, debemos corregir su postura, siempre intentando no dañar su autoestima.

   Nuestro hijo forma parte de un conjunto en el que no siempre es el protagonista, ha de ser cambiado o relevado e incluso puede que algún día el responsable del equipo decida que no juega. Debemos respetar esa decisión. Árbitros y entrenadores de esa categoría suelen ser adolescentes en proceso de formación, lo más oportuno es no querer ser nosotros los protagonistas e intentar ayudarles en este proceso. Las muestras vehementes de nuestro enfado por alguna decisión que afecta a nuestro hijo en el terreno deportivo no van a favorecerle y pueden hacer que se sienta violento ante sus compañeros.

   Mi experiencia reciente en este terreno, verdadero móvil de este artículo, ha pasado por alguno de los aspectos que he comentado. Para nosotros es un sacrificio de tiempo libre, de ese poco tiempo libre que nos queda a lo largo de una semana de trabajo, pero una vez aceptado el reto el resultado es inmejorable. Nuestra hija optó por el baloncesto junto a sus compañeras de clase, ahora están empezando a jugar en campeonatos y, sí, los primeros partidos han sido derrotas “estrepitosas” ante equipos “más y mejor” preparados. No importa. De verdad. Con este nuevo aliciente ya tenemos otro tema del que hablar en casa.

   Josep Manuel Rafí Roig. Padre de familia
   Con la autorización de: www.solohijos.com
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