La educación emocional

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   Como todo el mundo sabe el sistema educativo ha de considerar al alumno de forma integral de tal forma que hemos de buscar en el alumno el desarrollo de las emociones, los afectos y las relaciones interpersonales.

   La educación emocional comporta el aprendizaje y la práctica en el aula de estrategias cognitivas, valores, habilidades sociales y técnicas de autocontrol que permitan a los alumnos@s saber vivir satisfactoriamente consigo mismo y con los demás. Hemos de tener en cuenta los afectos y emociones que se movilizan en el alumnado, como consecuencia de las interacciones que se dan en el aula.

   Hay que procurar que los alumnos se conozcan a sí mismo, en primer lugar, y después comprender a los demás. La inteligencia social es la habilidad para entender los sentimientos, pensamientos y comportamientos de las personas, incluido uno mismo, en situaciones interpersonales, y también, para actuar apropiadamente de acuerdo a ese entendimiento.

   A principios de los años noventa, del siglo pasado, John Mayer y Peter Salovey idearon la teoría de la inteligencia emocional, entendida como la capacidad de controlar y regular los sentimientos de uno mismo y de los demás para utilizarlos como vía de pensamiento y acción.

   Esta inteligencia emocional se podría definir como la capacidad de motivar nos a nosotros mismos, perseverar en el empeño a pesar de las dificultades y frustraciones, controlar los impulsos, conocer y regular nuestros estados de ánimo y emociones y crear empatía con los demás.

   Es importante el conseguir cierta empatía del alumno hacia los compañeros procurando que uno se ponga en el lugar del otro. Al inicio de este curso observé que un alumno de 3º Curso de ESO estaba pintando con un bolígrafo un dibujito en el libro de sociales de su compañero; el alumno perjudicado se dirigió a mí para protestar. Por mi mente, en ese momento, me surgieron varias ideas, la primera era la de regañar al alumno pintor, la segunda castigarle sin recreo pero, al final, utilicé otro método que resultó más eficaz, mandé al dibujante que le dejara su libro de sociales y que el alumno perjudicado le hiciese el mismo dibujo en su libro. ¿No te gusta que te pinten el libro, verdad?, pues lo que no quieres que te hagan a ti no lo hagas tu a ningún compañero. Han pasado varios meses desde ese suceso y no se ha vuelto a repetir este hecho.

   Es importante la inteligencia emocional para que el alumnado aprenda a ser y a convivir; el aula ha de ser el lugar donde todos puedan participar (eso sí ordenadamente), donde las decisiones se tomen por mayoría (democráticamente), fomentando el respeto y la autonomía personal. En definitiva, la educación deberá estimular la interacción y el apoyo social entre todos los alumnos y alumnas.

   En el Informe Delors (Unesco 1998) se afirma que la educación emocional es un complemento útil e indispensable en el desarrollo cognitivo y una herramienta fundamental de prevención, ya que muchos problemas tienen su origen en el ámbito emocional. Este informe fundamenta la educación del s. XXI en cuatro ejes o pilares básicos:

   A) Aprender a conocer y aprender a aprender para aprovechar las posibilidades que ofrece la educación. En este sentido pienso que es importante el involucrar al alumno en la búsqueda de soluciones planteadas en el aula. El profesor no debe dárselo todo hecho a los alumnos sino orientarles en dónde pueden conseguir información y documentos para así encontrar datos fidedignos en la realización de sus trabajos.

   B) Aprender a hacer que el alumno sea capaz de aportar con éxito muchas y diversas situaciones. Los profesores hemos de lograr, cada uno en su ámbito, que los alumnos consigan sus objetivos lo más autónomamente posible guiándose de su ingenio y raciocinio aunque, en un principio, les cueste, se equivoquen y se encuentre, muchas veces, perdidos en el camino

   C) Aprender a ser personas responsables de sus aptos. Para ello a de reflexionar sobre sí mismo e intentar superar los fallos o errores que haya podido cometer. Nadie es perfecto y los errores han de servirle para no volver a cometerlos el día de mañana y, de esta forma, avanzar y asegurar sus fortalezas.

   D) Aprender a convivir, trabajando en proyectos comunes y gestionando los conflictos que puedan surgir. En una sociedad consumista y competitiva como la nuestra no siempre es fácil la buena convivencia. Muchas veces los alumnos se encierran sobre sí mismo y no comparten lo que debieran con los demás (no sea que saque mejores notas que yo).

   Evidentemente, estos planteamientos teóricos hemos de llevarlos a la práctica diaria en el aula, en donde cada alumno es una persona autónoma e independiente con sus virtudes y defectos que no siempre aceptará de buen grado las directrices del profesor. Por otra parte, las indicaciones del profesor en el aula no han de ser exclusivamente pedagógicas sino que, además, han de aprender y conocer una serie determinada de unidades programadas en cada materia para ser examinadas al final de cada evaluación y curso y, posteriormente, en la PAU. Por consiguiente, el profesor ha de tener la suficiente habilidad para incluir los aspectos pedagógicos junto con los conceptuales al mismo tiempo para no perder demasiadas clases dando indicaciones exclusivamente pedagógicas olvidándose del temario programado.

   Las emociones negativas son inevitables. Por esto es importante aprender a regularlas de forma apropiada. En cambio las emociones positivas hay que buscarlas. Y aun así a veces no se encuentran. Por esto, tal vez, sea mejor aprender a construirlas. Desde la educación emocional en general, se propone un énfasis especial en las emociones positivas, que son la base del bienestar subjetivo.

   Así pues, los profesores debemos de procurar conseguir la educación emocional en nuestros alumnos sin necesidad de hablar a todas horas sobre ello sino incluyendo, a lo largo de la clase, algunas palabras de ánimo y estímulo hacia los alumnos para conseguir cierta empatía mutua y así los resultados en el aprendizaje tenderán a ser más satisfactorios.

Bibliografía.
· Ayllón, J. R.: La educación sentimental (En PDF).
· Bach, Eva y Pere Darder: Sedueix-te per seduir. Barcelona. 2002.
· Bisquerra, Rafael: Educación emocional. Propuestas para educadores y familias. (En PDF).
· Carpena, Ana: Educació Socioemocional a Primària. Barcelona. 2001.
· Claude, Micheá Juan: La escuela de la ignorancia. Madrid. 2002.
· Güell Barceló, Manuel y Josep Muñoz Redon: Desconeix-te tu mateix d´alfabetització emocional. Barcelona. 1998.
· Informe Delors: La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional para la educación del siglo XXI. 1998.
· López Sánchez, Félix: Las emociones en la educación. 2009.
· Marina, José Antonio y Marisa López Penas: Diccionario de los sentimientos. Madrid. 1999.
· Moreno, Montserrat: Sobre el pensamiento y otros sentimientos. Madrid. 1998.
· Ortega, Rosario y José Antonio Mora Merchán: El aula como escenario de la vida afectiva y moral. Madrid. 1996.
· Salmurri, Ferrán y otros: Programa per a la prevenció i millora de la salut mental a l´escola (Trabajo no publicado). Barcelona. 2002.
· http://es.catholic.net/op/articulos/3549/educacin-sentimental.html
· http://www.grao.com/revistas/aula-infantil/075-cuestion-de genero/la educacion-sentimental-en-los-comienzos-de-la-escuela-
Benedicto Cuervo Álvarez.
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