Estar al servicio de nuestros alumnos

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   Pienso que la mayor parte de los maestros y profesores que hoy en día impartimos clases en colegios e institutos, estamos volcados en el servicio incondicional y permanente de nuestros alumnos. No tenemos horarios ni de entrada ni de salida y, a cualquier hora, estamos reunidos en claustros o reuniones informativas para buscar la manera para que ningún alumno se quede atrás en su aprendizaje intentando, para ello, adaptaciones metodológicas o curriculares más o menos significativas o llevándoles a un grupo flexible con la psicóloga del colegio o instituto.

   A pesar de llevar varios años con reajustes brutales en nuestro sector educativo y con una prolongada congelación salarial, el profesorado español, en general, sigue siendo generoso, anteponiendo muchas veces su trabajo profesional al personal y familiar.

   De ahí que muchos padres y alumnos estén últimamente reconociendo, cada vez más, nuestra labor educativa cosa que no hacían hace tan solo unos cuantos años atrás, aunque sin llegar a los niveles de los padres de los países escandinavos o de Japón que consideran las palabras y opiniones del maestro como divinas y libre de cualquier discusión.

   Ante la crisis económica y social que padecemos, como nos lo indica con cierta periodicidad los informes de Cáritas en España, un 20% de los niños de nuestro país tienen serías dificultades para poder comer tres veces al día, mientras que una cuarta parte de la población (un 25%) están en el umbral de la pobreza y no tienen recursos para llegar a fin de mes.

   Ante esta grave situación social muchos colegios e institutos ya han tomado cartas en el asunto y han abierto sus puertas a los comedores para darles desinteresadamente el desayuno a los alumnos que lo necesiten y la comida a mediodía.

   Por otra parte, me consta que, colegios cristianos de Asturias (como Las Dominicas de Oviedo, Colegio Nazaret o La Fundación Educativa Santo Domingo de Oviedo) y otros centros educativos de toda España, están realizando campañas para la recogida de alimentos que se envían a determinadas ONGs (caso del Banco de Alimentos, Cáritas o Comedores Sociales) para que repartan estos alimentos entre las personas necesitadas que, por desgracia, cada vez son más.

   Por lo tanto, pienso que los profesores no somos, ni hemos de serlo, personas ajenas al mundo que nos rodea sino que hemos de colaborar para que ningún niño o niña vaya al colegio o instituto sin desayunar o que se quede sin comer a mediodía. Sé que incluso algunos centros abren sus puertas, durante las vacaciones de verano, en algunas provincias de Andalucía para darles de comer a mediodía a sus alumnos y también muchas veces a sus padres.

   Los profesores hemos de estar al servicio de nuestros alumnos guiándoles en las tareas educativas pero hemos de involucrarnos también en las cuestiones sociales que les puedan afectar.

   En algunas ocasiones los centros educativos son estrictos y no dejan salir a los alumnos de la ESO del Centro ni para comprar un pincho, solo los alumnos de bachillerato lo pueden hacer. Cuando me ven algunos alumnos salir a tomar el café, a la hora del recreo, alguna vez se acerca un alumno y me pide, por favor, que le compre un pincho ya que se le olvidó en casa. En ese momento tengo dos opciones, la primera es decirle que no y que su obligación es traerlo de casa con lo que dejaría a este amable alumno sin probar bocado en toda la mañana o bien ponerme al servicio del alumno y preguntarle de qué lo quiere, si de jamón, queso o tortilla.

   Otras veces te puedes encontrar con las puertas de los pasillos cerradas. Aunque uno no tenga obligación de abrirlas, los alumnos van a la Sala de Profesores y te piden amablemente que si les puedes abrir las puertas para poder entrar. Nuevamente y, sin pensármelo dos veces, me pongo al servicio de los alumnos y es para mí una gran satisfacción el que escuche de sus labios unas gracias sinceras. Esas gracias, para nosotros los docentes, valen más que un billete de 50.

   Sé que estos pequeños detalles por parte de los profesores hacia los alumnos nos lo agradecen sinceramente porque, entre otras cosas, saben que, en el fondo, estamos para ayudarles y servirles dentro y fuera del aula como no podría ser de otra manera.

   Benedicto Cuervo Álvarez.
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