LA SENTENCIA DEL TS DE EEUU

  

El 26 de Junio de 2015, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, sentenció que la unión conyugal entre personas del mismo sexo, no podía impedirse porque era una discriminación injusta que atentaba contra la Constitución norteamericana;

la decisión fue tomada por 5 votos a favor y 4 en contra, y tiene como consecuencia que todos los Estados de la Unión deben admitir en su ordenamiento jurídico el hecho de contraer matrimonio entre homosexuales, como algo aceptado y protegido por el Derecho.

              No deja de ser sorprendente que, personas que se supone cultas, muy por encima de la media, y de gran preparación jurídica, decidan que esa unión se pueda y se deba llamar matrimonio, con la contradicción que ello manifiesta. Contradicción avalada desde el principio de la existencia humana, que siempre ha sabido que el matrimonio es la unión conyugal entre un hombre y una mujer.

              No obstante, resulta que la vida de las personas corrientes va por otro lado y la inmensa mayoría de ellas se inclinan por buscar el amor de otra del sexo contrario, como expresión de esa búsqueda de felicidad propia de la condición humana, las cuales sienten y viven razonablemente al margen de la de esa inusual sentencia. 

              Pero lo peligroso es que esa disposición se extenderá cada vez más por el mundo y favorecerá el desarrollo de nuevas leyes que, además de equiparar el matrimonio heterosexual a esa nueva forma de unión conyugal antinatural, alimentará la confusión en los niños a los que se les inculque esa falsa igualdad y las consecuencias desastrosas que conlleva en la formación de su conciencia.

              La declaración de la unión conyugal entre homosexuales, como matrimonio, me recuerda la actitud de los niños caprichosos y traviesos que, mediante una insoportable insistencia, por las buenas o por las malas, logran de sus padres la concesión del capricho que pretenden y no paran de reclamarlo hasta que se lo conceden. Así han actuado estos jueces, hartos de la insistencia de esos niños que no se callan y se conforman hasta que consiguen lo que quieren y dejan tranquilos a los padres.

              Porque, vamos a ver, ¿cómo es posible declarar como matrimonio a dos personas del mismo sexo que se hallan incapacitadas para tener hijos naturales? Se podrá aducir que pueden adoptarlos o encargar la gestación a una tercera persona con la fecundación del óvulo de ésta y el semen de uno de los homosexuales, pero en estos casos, ¿no estaremos aceptando, especialmente en el segundo, que se estará constituyendo un sucedáneo de familia parecido al original, pero no igual como son todos los sucedáneos?

              El original consiste en la unión conyugal entre un hombre y una mujer que, por su distinto sexo están capacitados y orientados a tener hijos naturales con su misma sangre que constituye un lazo de unión muy importante entre las personas y manifiesta con variaciones, las raíces y el origen del ser de cada uno. Y, como dicen algunos políticos, todo el mundo prefiere el original a la copia o sucedáneo de algo.
                                                 Roberto Grao

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