El relativismo jurídico

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   Desde hace un tiempo, la opinión pública general considera que la justicia no funciona y se aplican las leyes de forma subjetiva y a veces de forma contraria según la ideología del juez.

   Parece que el Derecho no hace más que reproducir los dictados de las Naciones Unidas, que se considera la nueva autoridad moral del mundo globalizado. Se aplican las leyes sin analizar el problema y sin tener en cuenta las características psicológicas de las personas, especialmente su alteridad sexual. Esto trae como
consecuencia la desprotección de la persona como hombre y como mujer ya que no se respetan sus características específicas, sus inquietudes, prioridades y necesidades vitales.

   Se ha perdido la verdad sobre el hombre y la familia, cuyo concepto queda en mano del criterio subjetivo de cada uno, aceptando incluso la poligamia. Los datos de la biología y las investigaciones de eminentes científicos debían tenerse en cuenta antes de tomar una decisión normativa.

   Al relativismo moral se une el positivismo jurídico radical que aunque perjudica el desarrollo integral de la persona, se considerar justo por el mero hecho de haber sido aprobado por el Parlamento.

   El Estado deja de ser el garante del bien común y se doblega a la voluntad de los grupos de presión radicales y contrarios a la cultura de la vida. El Estado no puede imponer una ideología global ni un pensamiento único. El Derecho no puede ignorar las verdades antropológicas y científicas elementales sobre la alteridad sexual. La confusión se instala en la opinión mayoritaria que considera a la ley como incapaz de interpretar los comportamientos y acontecimientos.

   Ante esta situación, los ciudadanos se ven obligados a defenderse frente a la propia ley que no busca el bien común general y confunde la verdad objetiva con la verdad individual u subjetiva de grupos de presión radicales.

   Se ve necesario devolver al Derecho y a la sociedad los fundamentos antropológicos, empezando por la alteridad sexual y reconociendo las diferencias biológicas y psicológicas del hombre y de la mujer. Hace falta abandonar el relativismo jurídico, que junto al relativismo moral impregna la legislación de los últimos años.

    Arturo Ramo. http://www.aplicaciones.info
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