Las modas, el consumo y el estilo

   El ‘estilo’, la ‘clase’ es una búsqueda de algo permanente. La ‘moda’, definida como uso o costumbre que está en boga, por el contrario, busca algo inestable y efímero, algo que pasa en un ciclo continúo de nuevos productos que se sustituyen unos a otros, en el que nada perdura aun cuando algunos rasgos vuelvan con el tiempo. Y esto no se queda en el concepto clásico de moda (generalmente asociada a la vestimenta y extensible a los complementos de uso personal: p. e. relojes o perfumes), ya que llega también a la industria y a otros campos en los que el diseño y la evolución técnica se han introducido de manera agresiva: automóviles, ordenadores, etc., con evolución de modelos que dejan de fabricarse al poco tiempo y para los que puede ser difícil encontrar repuestos.

   La moda, marcada por el consumo, vende intangibles, el prestigio de una marca, y quizá por ello, como muestra de que eso es lo que el comprador adquiere, le lleva a exhibir el logotipo de marca en lugares visibles de las prendas, como una forma de no quedarse fuera de la corriente, o temor a diferenciarse de los demás.

   Más allá de ser una manifestación cultural o artística, amén de comercial, la moda tiene alguna incidencia en la vida de las personas. En su seguimiento puede estar en juego la autoestima y la consideración de los demás: ¿Qué piensan de mí? ¿Qué aspecto tengo? Compramos cosas que nos hacen cambiar: metidos en el consumo podemos adquirir frívolamente objetos y productos, y aún ideas, que nos modifican por dentro.

   También las innovaciones tecnológicas se han convertido en moda, al menos temporalmente. Como muestra, estoy pensando en el teléfono móvil: una moda que está cambiando el modo de vida de multitud de ciudadanos, pegados a sus aparatos mientras deambulan por la calle o conducen un coche; además de esos auriculares ambulantes, que emulan a los guardaespaldas que rodean a los personajes de moda, para quedar sumergidos en el ruido, aislando a las personas de su entorno.

   En todo consumo es importante aprender a elegir, no dejarse seducir por las exigencias cambiantes de la presión publicitaria. Cabe preguntarse: ¿la publicidad sintetiza los comportamientos sociales o influye en ellos como una especie de presión social? Las modas, inducidas por la publicidad, pueden llevarnos hacia terrenos quizá más lejanos que el simple no quedarse fuera de la corriente.

   Quienes llevamos la moda somos las personas, cada uno con su estilo como expresión individual. Se puede combinar moda y estilo. El consumidor no debe convertirse nunca en un elemento pasivo: el buen gusto y un cierto sentido para conocer la fealdad o la belleza de las cosas depende del cultivo de la sensibilidad. Claro que no todos tenemos esa cualidad, de ahí la conveniencia de buscarse un asesor cercano, también como forma de hacer más agradable la vida a los demás con nuestro mejor aspecto.
Agustín Pérez Cerrada

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