Dependencia emocional

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   Consejos para conseguir la dependencia emocional en tus hijos

   Hoy me he levantado con ganas de IRONÍA (lo comento para que no haya malentendidos, que nunca se sabe), y con ganas de hablar de la dependencia emocional de nuestros hijos.

   Corre por ahí el bulo de que la principal responsabilidad de los padres es ayudar a los hijos a desarrollar un carácter firme, basado en una autoestima fuerte que demuestre un nivel sano de independencia emocional. Quizá sea este tu deseo, pero si no es así, si lo que deseas es que tu hijo/a sea dependiente emocionalmente de ti y que, conforme crezca y empiece a vivir su vida de adulto, necesite igualmente estar dependiendo emocionalmente de otras personas (de su pareja, de algún amigo/a, buscando siempre la aprobación de los demás, etc.), te voy a mostrar cómo puedes conseguirlo con unos sencillos consejos:

   Consejos para conseguir la dependencia emocional en tus hijos

   1. No le muestres afecto o muéstraselo de forma irregular

   Ten en cuenta que tu hijo/a tiene una necesidad especial de recibir afecto de sus figuras de apego, de forma casi patológica durante los primeros años de vida. En la medida en que lo reciba de forma permanente e incondicional se irá forjando un nivel de fortaleza interior que le convertirá en un joven, y luego un adulto, fuerte emocionalmente, sin depender continuamente de la aprobación y las demostraciones continuas de cariño de los demás.

   Por tanto, lo mejor que podrás hacer es intentar que no crezca con esa seguridad interior. Que piense que él no es una personita merecedora del afecto incondicional de sus padres, que el afecto dependerá de cómo se porte, de la buena voluntad de sus papas, etc.

   Así desarrollará una especia de “sed interna” que le empujará a estar buscando continuamente en ti ese afecto que nunca sentirá como seguro.

   2. Enfócate, sobre todo, en lo que debe mejorar

   El objetivo fundamental de un niño es desarrollar competencia, y la mejor forma de hacerlo es sumergirlo en un proceso de “mejora continua”, en el que se evalúa constantemente en base a unos altos estándares de calidad. Así que, por ejemplo, cuando tu niño de 3 años venga ilusionado con un dibujo que ha pintado en el colegio, primero, no le dediques mucho tiempo y segundo, dedica más tiempo a explicarle cómo mejorar (no salirse de las rayas, elegir los colores correctos, etc.) que a alabárselo.

   Si haces esto, no sólo fomentarás su inseguridad, sino también una sensación interna de que “nunca es suficiente”, nunca hará lo suficiente para ganarse tu admiración y respeto. El camino hacia la dependencia emocional estará bien enfocado.

   3. No le pongas límites ni rutinas

   Un niño -y cuanto más pequeño aún más- necesita ver el mundo como algo previsible en el que hay rutinas y en el que sabe qué puede hacer y qué no. Esto ayuda a su saciar su necesidad interior de seguridad. Por lo tanto, intenta que esto no se dé. No le digas lo que tiene que hacer, que él decida qué es lo correcto e incorrecto. Di eso de que: “es bueno que aprenda de las experiencias”, pero, cuando esas experiencias tienen consecuencias negativas (ej. castigado en el cole por pegarle a un compañero o insultar al profesor), defiéndelo a ultranza, pues no puedes permitir que aprenda a manejar la frustración (esto lo fortalecería interiormente, y no es lo que buscamos, no lo olvides).

   Tampoco le marques rutinas ni responsabilidades, que aprenda él sólo a regularse, marcarse sus propios límites (tiempo de comida, cuándo ir a dormir, cuanto tiempo dedicar a estudiar o jugar, etc.). Enseñarle responsabilidad a base de darle responsabilidades adecuadas a su edad es otro de los factores que crean seguridad interior lo cual ¡no queremos que ocurra!
Por tanto, ¡que nunca tenga responsabilidades en casa! Tú te bastas solito o solita para todas las tareas, ¿para qué vas a pedirle nada a tu hijo/a, si además te va a tomar más tiempo explicárselo y supervisarle que hacerlo tú?

   4. Y por supuesto, si decides incumplir el punto anterior, al menos que esas rutinas y límites sean incongruentes e inconsistentes

   Si no eres capaz de dejar a tu hijo/a educarse sólo/a, al menos dificulta el proceso con actitudes como:

   Poner límites y rutinas no adaptados a su edad (exigiéndole, por ejemplo, que recoja su habitación “solito/a” con dos años).

   No seas modelo en el cumplimiento de esos límites (p. ej. hablando mal mientras le regañáis por su vocabulario).

   Regáñale por “tonterías” y déjale pasar cosas más graves (dependiendo de tu estado de ánimo, por ejemplo).

   Enfádate y castígale cuando haga algo incorrecto y, sobre todo, no le digas cómo tendría que haberlo hecho (porque ya se lo explicaste una vez, y si no lo hace es porque no quiere), etc.

   Si actúas de este modo, evitarás el beneficio que tendría para él haber incumplido por tu parte el punto anterior al intentar educar a tu hijo.

   Jonathan Secanella. Original de http://www.solohijos.com
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