Pequeñas virtudes humanas

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   Pequeñas, aparentemente. Son base, fundamento, de la siempre deseable convivencia fraterna entre los hombres. Entre estas virtudes que nos parecen pequeñas, destacan la humildad y la paciencia. Si se viven bien, trascienden la vida terrena porque llevan a Dios, que es eterno. Nos enseñan a ayudarnos mutuamente.

   Son virtudes porque transmiten alegría y paz, que son signos de la presencia en nosotros del Señor. Si falta este espíritu, por exceso de amor propio, de impaciencia, de ira, de amargura, no será extraño que impere la tristeza. En resumen: Virtuosos son: los que hacen el bien. Malvados: los que hacen el mal, conscientemente.

      No hay que desanimarse nunca. La tarea del amor es larga, habrá claros y oscuros, éxitos y fracasos, pero, con humildad y paciencia la fuerza del amor irá dando sus frutos.

   HUMILDAD: es reconocer nuestra pequeñez, reconocer que sabemos muy poco y de muy pocas cosas. Por ella, me dejaré ayudar y podré ayudar; me dejaré perdonar y podré perdonar.

   Ser humildes es, estar en la verdad; es escuchar a “la conciencia” para llegar al propio conocimiento y sentirse responsables. Todo acto humano tiene consecuencias: para bien o para mal. Saberse responsables es estar en condiciones de construir conductas virtuosas que, lógicamente, se traducirán en hábitos buenos, es decir, presididos por el amor.

   PACIENCIA: por ella llegaré a amar, a sabiendas de que la tarea de amar es larga, duradera y a veces, amarga. Si la acompaña, la madurez y la experiencia, la pueden hacer más eficaz.

   Ejemplo de eficacia: las familias y, en particular, las madres, a las que nadie puede ganar en esta virtud, que nace del amor.

   Son virtudes sencillas, que incumben a todos. Lo dice San Pablo: “Cada uno sepa llevar las cargas de los demás”

   La tarea de convivir es, en realidad, una tarea de compañerismo, donde estas virtudes ayudan a celebrar el triunfo del otro.

   El amor siempre puede recuperarse. Puede, incluso, resucitar. (García Dorronsoro. Sacerdote)

   Las virtudes humanas hacen más agradable la convivencia. Aunque al parecer son pequeñas, tienen también, un matiz religioso que garantiza su veracidad.

   Todo amor nace, y nos viene de Dios.

   Antonio de Pedro Marquina
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