Ayudar a tus hijos en los estudios

   8 maneras de ayudar a tus hijos en los estudios sin despeinarte
   ¿Qué tal si me paso al otro bando para entenderle?

   Las tardes en casa no deberían ser el anticipo a la Tercera Guerra Mundial. En teoría no debería haber trincheras entre los cuestionados hijos y los padres, que a la primera de cambio hacen sonar la alarma de ataque inminente ante la acumulación de batallas perdidas. Y es que, aunque parezca que nada podemos hacer ante lucha diaria, uno debe preguntarse: ¿qué tal si cambiamos de estrategia? ¿Qué tal si me paso al otro bando para entenderle?

   Aquí tienes unas sugerencias para que tu hijo/a y tú estéis en el mismo bando.

   Para los más pequeños:

   Ten siempre en cuenta si ha tenido cambios en el curso. Que esté en una clase con niños que no conoce, que tenga un nuevo profesor y por supuesto si ha cambiado de colegio, puede que esté pasando factura a su motivación a la hora de estudiar por las tardes. Ten en cuenta esos factores para centrarte más en su estabilidad emocional que en sus calificaciones.

   Es el mejor momento para sembrar. Los hábitos como el orden o la responsabilidad se adquieren en los primeros años de vida. Es muy importante que te centres en inculcar en ellos un hábito de rutina para que cada vez les cueste menos dedicar un tiempo de su día al estudio.

   Para los más mayores:

   Valora más su voluntad que el resultado. Los padres comunicamos sin palabras. Si tu hijo/a adolescente ve que solo te fijas en su nota no dará sentido a poner toda su voluntad en sacar con éxito sus estudios. Si ha habido malas calificaciones, siéntate con él o ella y pregúntale qué crees que ha pasado. Encontrar en ti un aliado y no un enemigo puede ayudar a un buen resultado final.

   Destierra algunas frases para dirigirte a él. Trasmitirle que dudas de su capacidad con expresiones del tipo “vas a repetir curso seguro” hará que se infravalore. Ningún amigo o profesor mejor que tú puede decirle con palabras o gestos que él es maravilloso, que le amas por encima de todo y que te parece una persona única y singular que tiene gran capacidad para todo lo que se proponga. Escúchale sin criticar e intenta razonar lo que te cuente.

   Castigos sin cadena perpetua. Es tentador castigar de por vida a un hijo/a por sus bajas calificaciones. Sin embargo…a partir de la tercera semana no funciona. Si sabe que haga lo que haga no tendrá recompensa, cada vez encontrará menor sentido al esfuerzo. Los castigos deben ser a medio plazo y realistas.

   Buscad técnicas de estudio útiles. Ante un fracaso en los estudios, dialoga con él o ella. Si sus medios para el estudio no están siendo adecuados, buscad juntos una solución. Proponle investigar qué técnicas pueden ser buenas para y deja que pruebe con alguna diferente a la que está acostumbrado/a. Y si él opta por una, déjale libertad para utilizarla. Debe llevar las riendas en su camino, tu único papel es fomentar su ilusión por buscar soluciones realistas.

   Comunícate con el profesor. No puedes enfadarte solo por los resultados si has pasado de puntillas por el día a día de la vida escolar de tu hijo/a. Habla con su profesor/a para conocer cómo es su comportamiento, si hay algún elemento que le puede estar creando inestabilidad emocional y qué tipo de amistades le rodean en el colegio. Y no olvides: fomentar que preste atención en clase es fundamental para su éxito escolar.

   Poned juntos un horario y limita el uso de las nuevas tecnologías. Es básico que sepa distribuir su tiempo y no eternizarse delante de los libros. Aprovechar cada minuto es clave. Respecto a la utilización del celular o el ordenador, habla con él o ella de lo disruptivo que puede llegar a ser y sé tú su ejemplo. En su presencia no utilices el celular de forma constante. No puedes pedirle algo y hacer tú lo contrario.

   Sean grandes o pequeños, ten en cuenta que quien estudia son ellos y no tú. La labor que tienes es de supervisión, de vigilancia para su responsabilidad, pero no de estudiar o hacer sus deberes. Acostumbrarles a esa independencia hará que crezcan en autoestima en todas las facetas de su vida.

   Y lo más importante: proponles tener en su escritorio una pequeña imagen de la Virgen o un crucifijo, para que cada tarde encomienden su esfuerzo al Señor, le pidan por sus intenciones y le den gracias por sus dones. En tu caso, pídele serenidad para acompañar a tus hijos en sus estudios y capacidad para ver en ellos un regalo maravilloso que Él te concede.

   Sofía Gonzalo. Original de http://www.es.aleteia.es
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