Sin pensamientos negativos

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   – Los niños/as grandes no lloran…
   – Eres un/a llorica…
   – No debes enfadarte por eso…
   – Eres un niño/a malo/a por pensar así…

      Es probable que estas frases te resulten familiares y te remonten directamente a tu infancia. De hecho, quizá hasta las repites sin darte cuenta a tus hijos.
  
    Estas frases, y muchas otras que escuchamos a diario, aparentemente no tienen nada de malo ya que su objetivo es lograr que los niños controlen sus pensamientos y emociones negativas. Sin embargo, el problema es que a través de ellas transmitimos una idea errónea: la idea de que somos “malos” porque experimentamos determinadas emociones o pensamientos que la sociedad ha catalogado como negativos.

      A partir de ese momento, el niño comienza a sentirse inadecuado porque siente y piensa cosas que no debería sentir ni pensar. Sin embargo, no sabe cómo deshacerse de esas emociones y pensamientos. Como resultado, para obtener la aprobación social y no ser reprendido, aprende a esconder esos sentimientos.
 
     No obstante, cuando intentamos evitar una parte natural de nuestra condición humana, como puede ser la tristeza, el dolor, los celos o la ira, estas sensaciones no desaparecen, sino que se enquistan en el inconsciente, determinando desde allí nuestras decisiones y estado de ánimo. Debemos recordar que no podemos elegir cómo nos sentimos, pero podemos elegir qué hacer con esas emociones y pensamientos.
 
     Por eso, los padres tienen una enorme responsabilidad: enseñarles a sus hijos a gestionar las emociones y pensamientos que la sociedad cataloga como “negativos”. ¿Cómo lograrlo?
 
     Incitándoles a “sentarse” con esas emociones e ideas negativas, para que puedan entender el mensaje que tienen que transmitir. No se trata de huir de ellas o reprimirlas sino de comprenderlas y reencauzarlas.

      La imaginación: una poderosa herramienta para que los niños aprendan a gestionar sus emociones y pensamientos “negativos”

      1. Imaginar que los pensamientos son como trenes

      Esta técnica se basa en la sabiduría budista, según la cual, si no oponemos resistencia a los pensamientos y emociones que nos molestan, estos terminarán abandonándonos.

      Solo tienes que explicarle a tu hijo que esos pensamientos y emociones son como un tren, que va y viene. Cada vez que tenga un pensamiento negativo o experimente una emoción que le incomoda, debe imaginar que ésta llega a través de la estación de su mente. A medida que el pensamiento o la emoción se detiene, podrá sentir diferentes sensaciones en todo su cuerpo. A veces se sentirá incómodo o sentirá que el corazón palpita más rápido.

      Es comprensible que algunas de esas sensaciones no le gusten o que incluso le asusten o sobresalten. Sin embargo, si no se centra en ellas, ese pensamiento o emoción, al igual que el tren, seguirá adelante y lo dejará libre para que pueda recuperar la serenidad.

      2. Un apretón de manos a tus pensamientos
  
    Esta técnica es perfecta para enseñarles a los niños a controlar las emociones y
los pensamientos indeseados cuando llegan en un momento inadecuado.

      Solo tendrás que pedirle que imagine que esos pensamientos y emociones son como personas. Puede echar a volar su imaginación y conferirle a cada uno los rasgos que prefiera. Luego, debe imaginar que está en una reunión, con muchas personas/pensamientos a su alrededor.

      Cada pensamiento o emoción tendrá que presentarse, diciendo su nombre. Sin embargo, se trata tan solo de un apretón de manos, el pensamiento o la emoción no podrá quedarse durante mucho tiempo porque el niño debe saludar a otras personas/pensamientos que también se encuentran en la reunión. Tan solo hay el tiempo justo para presentarse y que él le responda: “Podemos hablar más tarde, cuando estemos más tranquilos”.

      3. Ponerle cuerpo a los pensamientos

      Cuando los niños son pequeños, les resulta difícil reconocer sus emociones. Precisamente, esta técnica persigue el objetivo de que los niños profundicen en lo que sienten y piensan, haciendo consciente el impacto de esas ideas y emociones en su cuerpo.

      En este caso, el pequeño tendrá que ponerle cuerpo a sus pensamientos y emociones negativas. Pídele que se siente e imagine que ese pensamiento/emoción se encuentra sobre su mano. Debe imaginar lo más vívidamente posible qué peso tiene y cómo luce. Lo interesante es que mientras más detalles logre recrear, menos incómodo se sentirá con ese pensamiento o emoción porque irá explorándolo y dejará de percibirlo como algo que debe reprimir y esconder, comenzará a asumirlo como una sensación propia perfectamente natural.

      Puedes ayudarle haciéndole algunas preguntas, como por ejemplo: de qué color es, cómo luce, si ejerce presión constante hacia abajo o si, al contrario, rebota sobre su mano…

      4. Darle a los pensamientos una voz simpática

      Se trata de una técnica que explota al máximo la imaginación y a través de la cual se persigue que el niño juegue con sus pensamientos y emociones, restándoles dramatismo. De esta forma se sentirá más cómodo con ellas y comprenderá que no tiene que temerles o sentirse incómodo.

      Para ponerla en práctica, pídele que imagine que cada pensamiento o emoción tiene una personalidad propia. Es probable que imagine la rabia como un gigante amenazador, no hay nada de malo en ello. Lo interesante es que luego tendrá que ponerle a ese gigante una voz simpática y fina, como la de un payaso o la del Pato Donald. El contraste entre la imagen y la voz hará que el niño se ría, de forma que la emoción o el pensamiento perderán parte de su impacto negativo.

      5. Imaginar que los pensamientos son nubes
   
   Esta técnica se basa en la idea taoísta de que todo está en continuo movimiento.
De hecho, sigue el principio del Wu-Wei y es una técnica sencilla para enseñarles a los pequeños a fluir sin oponer resistencia ya que esta es la causa última del malestar.

      En este caso, se trata de imaginar que los pensamientos y las emociones son como las nubes. Algunas serán altas y ligeras, de color blanco como la espuma. Otras serán más bajas y oscuras, y querrán descargar sus rayos y lluvia sobre el niño. No obstante, lo importante es que el pequeño comprenda que sus pensamientos y emociones, al igual que las nubes, están en continuo movimiento y que, tarde o temprano, si no opone resistencia, seguirán su curso natural.

      También puedes aprovechar para explicarle que, aunque es probable que las nubles negras no le gusten, estas son importantes ya que acarrean el agua que permite que las plantas crezcan. De esta forma el niño comprende que todas las emociones y pensamientos tienen una función y que es preciso escucharlas.

      Jennifer Delgado. Psicóloga – Rincón de la Psicología. Original de http://www.solohijos.com
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