LA LEY NATURAL

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Es una muestra del amor de Dios por sus criaturas, por todas y cada una. Dios no se desentiende de ellas, sino que, les garantiza su permanente ayuda con esta ley natural escrita en su naturaleza, como guía indestructible e inestimable para la propia salvación. Salvación que abarca a todos, sin distinción de razas, color de piel…

Y, en la plenitud de los tiempos, que solo Dios puede conocer, nos concede la Redención de los pecados por medio de su Hijo Jesucristo, a la vez que nos da: la Doctrina, los Mandamientos, y los Sacramentos de su Iglesia. Es la ley de Dios.

Como vemos, a pesar de tantos avatares como encontramos en el camino, Dios, sigue siendo Dios, y los hombres, siguen siendo hombres. No dioses, ya se sabe: una mala gripe, y se acabó.
Las personas, especialmente los jóvenes, tienen derecho a disponer de asideros firmes, y verdaderos.

Respecto de la Lay Natural merece la pena reseñar, por su claridad, una parte del artículo publicado por Don Arturo Ramo García, (Teruel), sobre este tema:

“Es necesario reflexionar sobre “la ley natural” y redescubrir su verdad, común a todo ser humano. Esta ley que está inscrita en el corazón del hombre tiene como principio básico el “hacer el bien y evitar el mal”, del cual brotan los demás principios particulares que configuran los derechos y deberes de cada uno. Uno de esos principios es el “respeto a la vida humana” desde el momento de la concepción y hasta la muerte natural. La vida no es propiedad del hombre ni del Estado, sino don gratuito de Dios. Otro aspecto de la ley natural es el “deber de buscar la verdad”, que será el fundamento de la maduración de la persona. Ante la avalancha de información que nos llega de todos los medios, televisión, radio, prensa, internet, es difícil distinguir dónde está la verdad. Otra instancia fundamental es la “libertad”, que no es absoluta, puesto que tiene los límites de la libertad de los demás. También hay que mencionar la exigencia de la “justicia”, que se manifiesta en dar a cada uno, lo suyo, y la “solidaridad” con los más necesitados, que tienen la esperanza de ayuda por parte de quien ha tenido más suerte que ellos. De estos principios se derivan normas inderogables que no dependen de la voluntad del legislador ni del Estado, ni de cualquier ley humana. Sin embargo, algunos gobiernos legislan normas que, favoreciendo intereses particulares, van en contra de los principios de esta ley natural, como el aborto, el divorcio, la eutanasia, asignaturas laicistas. La ley natural es el baluarte válido contra la arbitrariedad del poder y la manipulación ideológica”.

La ley natural, instalada en la conciencia de cada ser humano que llega a este mundo, es, como “el sello de Dios”. Y la ley de Dios, como “el re-sello”. Ambas son protección y ayuda en nuestro peregrinaje por este mundo. Con estas ayudas ¿quién podrá dudar del inmenso amor de Dios por los hombres, por los hombres de todos los tiempos?
A estas muestras del amor de Dios, se resiste siempre una parte de nuestra sociedad, que cree que, sin leyes que regulen y orienten sus vidas, pueden ser felices y vivir despreocupados de responsabilidades. Falso, porque, Dios que nos ha hecho libres, nos hace responsables en su presencia.

La historia del mundo, se reduce a la historia de la salvación de los hombres, condenados por el pecado Original de nuestros primeros padres, Adán y Eva. Y, Cristo, Alfa y Omega, es el centro, que la divide en un antes y un después de Él.

Será bueno meditar sobre cómo vivimos nuestras vidas, porque, al fin, todos somos pecadores y en el fondo, ansiosos de cielo.

Antonio de Pedro Marquina

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