NOS CREEMOS AUTOSUFICIENTES

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Decía el sacerdote García Dorronsoro que, la ignorancia de los niños solo es semejante a la de los adultos en muchos aspectos de la vida.

Las experiencias de los adultos suplen la ignorancia de la niñez y la adolescencia, pero, disponer de buenos maestros, de una educación bien encauzada con el deseo personal de aprender, que lleva aparejado esfuerzo y perseverancia a través del estudio son la clave para alcanzar, al menos, un nivel suficiente para construir una existencia digna.

Todo proceso inteligente tiene relación con el espíritu: que es vida, y fuente de verdad, sabiduría y amor.

Con frecuencia nos creemos, no digo sabios, pero si, entendidos, experimentados, suficientes. Pero si ahondamos un poco tenemos que reconocer, que muchas veces, tenemos de la vida una visión errónea y un tanto triste, porque no salen las cosas a nuestro gusto.

Es que somos, seres corporales y espirituales, pero, el espíritu, tal vez esta enmohecido por falta de uso, mientras que al cuerpo le damos todo lo que pide. Es bueno reconocer nuestra ignorancia espiritual, para tratar de superarla.

Sonreímos con suficiencia ante los errores de los demás, pero, no nos damos cuenta de que, en realidad, sabemos solo un poco, de muy pocas cosas. Por eso nos equivocamos con frecuencia y estamos tristes sin saber por qué.

Todos somos ignorantes sin saberlo, porque:¿qué sabemos de la vida? ¿Por qué la vida es tan generosa con unos y tan poco con otros? ¿Por qué hay ricos y sanos, tristes? ¿Por qué  hay pobres y además enfermos, que están contentos? ¿Por qué exigimos tanto a Dios, sin intentar, al menos, escucharle, para conocerle mejor? ¿Por qué creemos que Dios está allá arriba, entre las estrellas, descuidado de sus criaturas, y no lo percibimos en nuestros corazones?

Deberíamos admitir como natural, nuestra ignorancia, porque solo así estaremos en condiciones de mejorarla. La ignorancia más grave, porque afecta a nuestro destino,es desconocer a Dios, y nuestra condición espiritual, única en el conjunto de la Creación, que nos permite tratarle con confianza, porque nos ha creado a “su imagen y semejanza, por lo que podemos presumir de que somos parte de su familia. Rechazar a Dios es perder esta condición, increíble, maravillosa, no merecida.

Nuestra condición de ignorantes nos hace, además, débiles. Y aquí viene a cuento referirnos a lo sucedido en “Pentecostés”.

El Señor Jesús, había prometido antes de su Pasión, que nos enviaría al Espíritu Santo. El Espíritu consolador que nos recordaría todas las cosas.

Los apóstoles lo recibieron temerosos mientras estaban reunidos con la Virgen María. Lo recibieron como un viento impetuoso, y en el acto recibieron una fortaleza, que les trasformó de apocados y miedosos, en audaces y seguros de sí mismos. Hasta el punto de que fueron capaces de recibir el martirio con alegría. Con la alegría de los que se saben hijos de Dios.

Pues este Espíritu Santo, es el mismo que recibimos en el Bautismo de la Iglesia de Cristo. Y, así como hizo fuertes a los apóstoles, nos fortalece, y está presente en nuestros corazones.

Por tanto, nuestra condición espiritual, guiada y fortalecida, por el Espíritu Santo, es la guía más segura para construir nuestro destino.

Antonio de Pedro Marquina

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