POR QUÉ SOMOS PECADORES

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El Génesis (la Biblia) nos lo cuenta y la Iglesia nos lo recuerda: porque esa lacra la hemos heredado de nuestros primeros padres Adán y Eva, Pecaron gravemente, quisieron, seducidos por Satanás, ser como dioses. Desde entonces, la naturaleza humana quedó desordenada para siempre.

¿Qué quiere decir desordenada para siempre? La Iglesia católica nos lo enseña: porque, por el pecado, se perdió la gracia, con que Dios había dotado a la naturaleza humana, para la eternidad. Porque, por el pecado original, la naturaleza humana con la pérdida de la amistad de Dios tiene ahora a Satanás, por padre. Consecuencia: una inclinación a los instintos, pasiones y placeres de la carne, en detrimento del alma, su parte noble, con lo que, la persona (cuerpo y alma espiritual inseparables) está dividida y enfrentada a sí misma, cada una tira por si lado, lo que justifica la lucha permanente entre ambos, y los desastres a que nos enfrentamos sin remedio, porque, todos somos pecadores.

En el mundo solo hay dos espíritus: el espíritu del bien y el espíritu del mal. Cada uno ejerce su influencia. De ahí que la naturaleza humana degradada, tiene una tendencia natural a los bienes corporales, en detrimento de los espirituales, lo que le hace caer con frecuencia en vicios y malas inclinaciones., que son, no está de más recordarlo,7 : la soberbia; la ira; la avaricia; la lujuria; la gula; la envidia y la pereza.

Pero Dios en su infinita misericordia nos ha redimido, porque Adán y Eva no pecaron por malicia, sino seducidos por Satanás. Ahora, redimidos, ya podemos apoyarnos en Dios nuestro Salvador.

Todo esto explica la vida sobre la tierra que es, lucha. Lucha contra las malas inclinaciones, ahora, por amor a Dios. Dios es Padre que se ha volcado con cada hombre: le ha creado, le ha redimido, por cada uno se ha quedado en la Eucaristía y está dispuesto a perdonar cuantas veces haga falta, en el Sacramento del Perdón.

Todos sabemos que, para ser mejores, para trabajar bien, para no airarse por las impertinencias de los demás, etc. etc. es preciso hacerse una cierta violencia. Quienes no saben que en nosotros hay siete malas inclinaciones que nos llevan al mal, no conoce lo que es la persona humana.

Dios está siempre a nuestro lado, no en una enojosa vigilancia, sino en una amorosa presencia. Dispuesto siempre a ayudarnos, para que no caigamos en esos 7 pecados capitales. (Se llaman capitales, porque son la fuente y causa de muchos otros vicios y pecados).

Antonio de Pedro Marquina

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