SEGUIR A JESÚS

man holding sheep statuette
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Todos los hombres tenemos la capacidad de distinguir el bien del mal, lo justo de lo injusto. Con libertad personal podemos llevar a cabo un comportamiento bueno o malo.
Cuando san Pedro empezó a predicar a unos tres mil convertidos, éstos le preguntaron: «Hermano, ¿qué es lo que debemos hacer?» La respuesta sería cumplir el mensaje de la moral cristiana, porque debe haber un estrecho paralelismo entre la fe y la moral cristiana, entre la verdad y la vida. La fe es una iniciativa divina que llama al hombre y le anima a seguirlo. Los elementos de este proceso son: llamada de Dios, respuesta del hombre, seguimiento a Jesús, convertirse en su discípulo, imitar su vida e identificarse con él. Podemos pensar en cada uno de estos pasos.

Llamada. La llamada de Dios al hombre o vocación, no es una iniciativa del hombre, sino que Dios inicia el diálogo y propone un comportamiento más honesto y más justo.

Respuesta. Cuando el hombre responde afirmativamente a Dios, acepta su estilo de vida que se le propone, con el fin de mejorar su vida moral.

Seguimiento. Seguir a Jesús no es un ideal utópico, sino un compromiso de aceptar su doctrina y vivir sus preceptos.

Discípulo. Seguir a Jesús es convertirse en su discípulo y aprender de su maestro no solo el contenido de sus enseñanzas sino también participar de los mismos afectos y sentimientos.

Imitación. El modo de actuar de Jesús y sus palabras, sus acciones y sus preceptos constituyen la regla moral de la vida cristiana. Cuando nos dio el mandamiento nuevo de «amaos los unos de los otros» añadió «como yo os he amado», es decir, imitándole a Él en el amor. Además de imitarle en su comportamiento en la familia, trabajo, amistad, el placer, justicia, vida social y política, etc. con las mismas actitudes que Cristo mantuvo en estas mismas realidades.

Identificación. Porque la vida social no es solo la imitación, sino que incluye la identificación con su vida, hacerse una misma persona con él.

En resumen, la vida moral del cristiano es procurar que Jesús se manifieste totalmente en su vida: en sus pensamientos, en sus deseos, en sus sentimientos, en su libertad y, por supuesto, en sus obras.

Arturo Ramo

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