MUJERES VESTIDAS CON ROPA DE HOMBRE

wedding couple kissing each other
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En el libro Deuteronomio de la Biblia escrito por el gran Profeta del pueblo judío Moisés, hay un precepto en el Capítulo 22, 5 que dice así: “No vestirá la mujer ropa de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer, porque abominación es a Yhavé tu Dios, cualquiera que esto hace”.

Con esta exigencia, transmitida a través de Moisés, YhavéDios, Creador, Único y Todopoderoso, pretendía alejar a los judíos de las costumbres paganas de los cananeos sus vecinos, legislando en contra de las prácticas sexuales que eran corrientes entre los habitantes de Canaán. Estas prácticas estaban ligadas al culto de la fertilidad que ellos perseguían mediante “orgías sexuales” para que los dioses se encendieran en lujuria, y así el resultado de la unión sexual entre ellos, daría lugar a una buena cosecha ese año. En los templos cananeos había sacerdotes “travestis” que se hacían pasar por mujeres y tenían relaciones sexuales con los que llegaban a adorar a su dios, en este caso Baal o Astarot.

La voluntad de Dios para su pueblo Israel y también para los cristianos, fue y es, que se mantenga siempre una clara distinción entre los sexos. El hombre es hombre con funciones propias dadas por Dios para el hombre y la mujer es mujer con funciones propias dadas por Dios para la mujer. El intento del hombre o de la mujer por borrar esas distinciones, es claramente condenado por Dios en su palabra, no sólo en una época determinada, sino a través de todos los tiempos, es decir, tiene una razón permanente de convivencia y distinción entre los sexos.

La Biblia o una parte de ella, como es la que se llama el Antiguo Testamento, recoge los mensajes y enseñanzas de Dios al pueblo elegido y aunque interpretable, tiene una vigencia permanente, no sólo para los judíos sino también para los cristianos, aunque éstos deban estudiarla, interpretarla y aceptarla junto con las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo, que se expresan y recopilan en lo que se denomina el Nuevo Testamento.

Interpretando con fe y rectitud de intención las palabras de Dios en la Biblia, queda claro que lo que condena Dios –el Dios de los judíos y también el de los cristianos- es el intento por eliminar las diferencias de vestimenta entre los sexos. Una distorsión o aberración de la sexualidad en el ser humano es lo que se llama “travestismo” que consiste en hombres que  disfrutan o se deleitan sexualmente vistiéndose como mujeres y mujeres que disfrutan o se deleitan sexualmente vistiéndose como hombres. Esto es lo que cuestiona Dios cuando dice que la mujer no vestirá ropa de hombre y que el hombre no vestirá ropa de mujer.

La Historia de las vestimentas de los hombres y de las mujeres a través de los tiempos es muy abundante y diversa según las épocas y los países, pero siempre ha tendido de un modo lógico y natural a distinguirse en pequeños o grandes detalles como el modelo, la forma, calidad y color  de los tejidos, y otras diferencias, de modo que las personas no tuvieran dudas en sus relaciones, para distinguir con quién estaban hablando o relacionándose, si con un hombre o con una mujer.

Entre los siglos XIX y XX en Europa y en el Mundo en general, se estableció que la vestimenta exterior del varón –aparte de la interior- era la chaqueta y el pantalón y la de la mujer la blusa y la falda y así lo entendieron nuestros antepasados y permaneció como standard de comportamiento para la lógica distinción de los sexos.

Pero a partir de la segunda mitad del siglo XX, y en el principio del siglo XXI en el que actualmente nos encontramos, como consecuencia de la creciente descristianización de las costumbres sociales, se empieza a desbaratar lo que tantos siglos había costado lograr para la diferenciación o distinción de los sexos en la vestimenta humana y las mujeres comienzan a llevar pantalones y los hombres a dejarse el pelo largo o cabellera abundante como las mujeres, con lo cual, a primera vista, no sabe uno  con quién está tratando o hablando, si con una mujer o con un hombre. Menos mal que, por ahora los hombres no se han decidido a llevar falda ni las mujeres a cortarse el pelo “a lo garçon” en francés, a lo muchacho.

Desde este punto de vista cristiano, respetuoso con la voluntad de Dios que no se contradice nunca, creo que las mujeres cristianas no cumplen esa voluntad vistiendo con pantalones, aunque vayan más cómodas como dicen y aunque sus pantalones puedan ser distintos, en cuanto a forma, color y tejido, de los de los hombres.

Otra cosa es lo que digan y hagan las personas no creyentes, que no aceptarán de buen grado, ordinariamente, las disposiciones de Dios sobre la vestimenta humana ni sobre ninguna otra cosa, y harán siempre lo que les dé la gana, aunque desagrade a Dios, mientras no cambien de actitud.

Roberto Grao

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