SOBRE LA ALEGRÍA

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La alegría es darse cuenta de la realidad con sus luces y sombras: de la vida que hemos recibido, de las personas y acontecimientos que nos rodean, de aquello que nos agrada o que agrada a otros; es ilusión, optimismo, por bienes que esperamos alcanzar, o de los que ya disfrutamos.

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Es alegre quien vive la vida como un regalo, y sabe que muchas cosas dependen de él, quien ha aprendido a compartir, a buscar, a confiar y a agradecer; quien experimenta el afecto y compañía de otros; quien vive la vida con sentido.

Contravalores:

Ignorar o no valorar bienes, como: vida, salud, familia, educación, amigos, oportunidades, Fe. Pesimismo, falta de ilusión, de lucha, no compartir, egoísmo, sin horizontes y metas, sin fe y esperanza.

Para profundizar

* Filiación divina

Sentirse barro, recompuesto con lañas, es fuente continua de alegría; significa reconocerse poca cosa delante de Dios: niño, hijo. ¿Y hay mayor alegría que la del que sabiéndose pobre y débil, se sabe también hijo de Dios? ¿Por qué nos entristecemos los hombres? Porque la vida en la tierra no se desarrolla como nosotros personalmente esperábamos, porque surgen obstáculos que impiden o dificultan seguir adelante en la satisfacción de lo que pretendemos.

Nada de esto ocurre, cuando el alma vive esa realidad sobrenatural de su filiación divina. Si Dios está por nosotros , ¿quién contra nosotros?”.

Escrivá, Josemaría, Amigos de Dios, 108

* Fe-alegría (Emilia)

“Conforme Emilia (encarcelada en la prisión provincial de Almería, 1938) se fue haciendo amiga de Dolores y de las demás, y rezaba todas las tardes con ellas, volvió a ser la joven alegre que había sido siempre. Pero ahora su alegría era distinta, más profunda. Eso era algo bastante novedoso para ella. Había asociado siempre la alegría al cantar, bailar, estar con la familia, comer bien, disfrutar paseando por el monte, contemplar el fuego o ver las estrellas. Pero estar alegre en medio del sufrimiento, la enfermedad, el hambre, la prisión… era todo un descubrimiento. Cualquiera lo hubiera pensado. Aunque los cristianos ponían la cruz y a Jesús crucificado en todas partes”.        

Ibarra, M., Emilia la canastera, Palabra, 2017, p129.

José Arnal

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