SOBRE LA LIBERTAD

Comprometerse significa haber elegido y los compromisos expresan la calidad de la libertad. A veces se confunde libertad con superficialidad “hacer lo que se lleva o, a uno, le da la gana”, cuando seguir los propios caprichos es expresión de la libertad, pero no del contenido y la calidad de la libertad humana. Por tanto, podemos afirmar que es más libre quien elige mejor, si sus compromisos son de mayor calidad y esa calidad empieza por conocer el bien humano.

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La voluntad, ante un bien conocido, puede elegirlo intencionalmente o negarse a él. El entendimiento y la voluntad están íntimamente relacionados y vinculados, se influyen mutuamente. Podemos verlo en los momentos del acto voluntario que, habitualmente, forman una unidad.


– En la concepción del fin (¿Qué hacer?) la voluntad se inclina por lo que le presenta la inteligencia.
– En la deliberación, será la voluntad la que se inclinará, elegirá entre las diversas posibilidades que el entendimiento le presente.
 La decisión, será fundamentalmente un acto de la voluntad.
– En la ejecución, la voluntad deliberará sobre los medios a poner en práctica y también en los múltiples actos que la actuación voluntaria conlleva.
– En la evaluación y rectificación, vuelven a estar presentes el conocimiento y la voluntad.


La libertad, como capacidad de la voluntad y de la persona, se actualiza eligiendo, por ello, son erróneas las actitudes de “seguir la vida”, “no pensar”, “no arriesgarse en actuar”, ya que quien no se ejercita no tendrá la fuerza y el riesgo de elegir. El que decide y elige se compromete, opta con su libertad, quien no se compromete “pasa”. Y su libertad se concreta en “pasar” mientras otras opciones ocupan el vacío.


La libertad, junto con el conocimiento y una conciencia recta, hace posible los actos voluntarios, la intencionalidad, la creatividad, el compromiso, la fidelidad, la responsabilidad y el mérito.

Contravalores:


Ignorancia, errores y preferencias por lo valioso, voluntarismo, influencias y ambientes negativos, relativismo, miedos, debilidad en decisiones, en la ejecución y en la rectificación, (…).

Profundizar

 * Dignidad y uso de la libertad

Hay quienes piensan que el niño `es bueno por naturaleza´ y que en un ambiente de espontaneidad naturalista se desarrollará sano, física, psicológica y moralmente. Mas, los hechos nos dicen que la realidad no es así. Algunos autores, desde la antropología, la filosofía y la teología, expresan, la dicotomía bien – mal, como si en la naturaleza humana hubiera ocurrido un cataclismo. Para el cristianismo, ese desorden originario tiene su raiz en el pecado original: `el ser humano es naturaleza caída y redimida`. Sintiéndose criatura, y conforme desarrolla su conciencia, puede preguntarse por el Creador, respuesta que podemos encontrar, desde la rectitud personal, en el Universo, en la interioridad y en la Biblia: ‘Y creó Dios al hombre, a su imagen y semejanza los creó varón y mujer” (G, 1, 27).


Si el ser humano tiene una dignidad o excelencia por su grado de ser que recibe por el alma, en la concepción, ¿cómo explicar la dignidad – indignidad de una persona a lo largo de su vida? La respuesta la encontramos en el uso que haga de su libertad. Si hemos sido creados por amor y para el amor, el desarrollo, la plenificación de esa dignidad depende del amor en el uso de la libertad.


Cada ser humano nace con unas potencialidades (inteligencia, voluntad, afectividad, sociabilidad, libertad, virtudes, dominio de si,…), que puede desarrollar en el tiempo, ambientes y circunstancias. No desarrollar las potencialidades de su ser, supone una carencia, un mal (ignorancia, egoísmo, …).

A veces, escuchamos expresiones similares a ésta: ´Soy libre y hago lo que quiero`. Efectivamente, se está manifestando que se elige lo que se conoce y lo que se prefiere, sin profundizar en el contenido de la libertad, ni en el grado de ignorancia, desorden y arbitrariedad, de ese querer y de esa elección.


Si se niega la naturaleza del ser humano -quién es- difícilmente se podrá plantear su desarrollo y el uso de la libertad, que se materialice en la búsqueda de la verdad y en la realización del bien. Del acierto o error, en esa búsqueda y realización, en su vivir, depende su felicidad y alcanzar su fin último.


Desde esta reflexión, podemos afirmar que la dignidad originaria de cada persona puede acrecentarse o dañarse, por el desarrollo, o no, de sus potencialidades, en el tiempo y desde su libertad; si quiere alcanzar su fin último, necesita conocerlo, así como aplicar los medios apropiados. La raíz de su dignidad permanece, pese a los frecuentes desordenes en su interior y en sus comportamientos, mas, para crecer en el amor necesita la rectitud y el empeño personal, el calor de los demás y la gracia sobrenatural. En caso contrario, la soberbia, la superficialidad, el capricho y el hedonismo irán carcomiendo su desarrollo y el aroma de su dignidad. Ésta queda dañada al no llegar a ser lo que debería ser.


Ignorar realidades fundamentales como, origen y fin de cada ser humano, la ley moral natural, la adquisición de virtudes, (…); y la adulteración del significado y contenido de palabras como, naturaleza, libertad, dignidad, felicidad, sexualidad, matrimonio, amor, ley, justicia, (…), puede llevarnos a situaciones trágicas para la persona, para la familia y en la sociedad. (Jara).  * Sensatez y libertad en el uso de las TICs


Recuerdo una viñeta gráfica en la que se establecía la conversación de un padre con su hijo. Están de espaldas uno del otro. El padre leyendo la prensa y el hijo en una mesa rodeado de aparatos electrónicos. La conversación entre ellos era ésta: 

Papá, tengo la netbooks…, MP3 Player…, Ipads ..:¿Qué usaban ustedes en el colegio?
¡La cabeza! El diálogo puede servirnos para reflexionar sobre la utilización de las TICs y más concretamente sobre “la libertad” y el uso de las redes sociales.


Las informaciones no contrastadas, las formas de manipulación, la publicidad invasiva, … son un obstáculo cierto que impide la reflexión y el pensamiento propio. ¡Lejos de la intención de este texto de oponer!: “Redes o cabeza”. Y, sí la afirmación de la conjunción: “Redes y cabeza”. Para ello, sentido crítico, distanciamiento y tiempos de desconexión. A corto plazo, sentiremos el alivio de recuperar la privacidad y espacios de relación más personales. (Jara). 

 * Burocracia y libertad

“Tengo miedo a la burocracia, a las organizaciones burocráticas en las que nadie tiene tiempo o ganas de pararse a pensar en los porqués en las que se transfiere la responsabilidad de la decisión al que está arriba, a la organización, porque se supone que sabe más o tiene motivos que no podemos conocer. Tengo miedo también al creciente ordenancismo regulador que vivimos en Europa en muchos ámbitos y en todos los niveles. No me parece mal que los gobiernos procuren una vida sana y ordenada para sus ciudadanos. Pero temo que muchas medidas legislativas nacen de una desconfianza hacia la libertad de las personas, hacia su razonabilidad, hacia su capacidad de asumir riesgos y de resolver con sentido común los inevitables conflictos que surgen en la convivencia humana.


Si los gobiernos se empeñan en preverlo todo y en controlarlo todo, temo que nuestros países lleguen a convertirse en espacios de insaciables consumidores infantilizados, que han dejado de preguntarse por los porqués de las cosas porque resulte innecesario, superfluo o incluso peligroso”.
Nubiola, J., Vivir-pensar-soñar, Rialp, 2016: 140.

* La autoridad en la sociedad


“La autoridad en la sociedad es una necesidad que se deriva de la exigencia de alcanzar objetivos comunes, tales como la paz, la justicia y la libertad. A veces, se la ha presentado con carácter negativo, por lo que puede suponer de limitación de la libertad individual, olvidando que sólo desde ella es posible la convivencia y la misma libertad.


La autoridad implica el derecho de mandar, de establecer, dirigir y exigir comportamientos en orden al bien de la sociedad; si quien tiene ese deber no lo ejerce suelen producirse consecuencias negativas y usur­paciones. Por ello, tanto quien tiene autoridad, como quien obedece están obligados a procurar el bien común, supeditando a él los intereses particulares.


El poder que confiere la autoridad tiene un alcance concreto: lo externo y lo social, por ello, sería ilícito pretender extenderlo también a ámbitos interior­es de la persona. También, en tanto que la autoridad debe perse­guir el bien común, está obligada a respetar los dere­chos fundamentales y la legalidad legítimamente esta­ble­cida. Si no se respeta el ámbito de ejercicio, o si se utiliza el poder de forma arbitraria, se producen situa­ciones de tiranía, que pueden conducir a la pérdida de la legitimidad del poder.
En tal sen­tido y siendo realistas, la democracia puede ser un buen procedimiento si se usa para bien.

“El marco de la soberanía (del parlamento) es el de lo específicamente político (…). Si se rebasan esos límites, si se invade lo per­sonal y privado, aunque sea con títulos legítimos -legí­timos para otra cosa- se inicia el despotismo, se abre paso al totalitarismo”.
(cf, J., Marías, 1984).

José Arnal, “Sobre la libertad” (afirmación y ataques).
(En descubrir valores, 2020).

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